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Crítica de “Hechizo de Amor: La magia continúa”: Nicole Kidman y Sandra Bullock en una secuela divertida
Sandra Bullock y Nicole Kidman regresan como las hermanas Owens en una secuela que amplía su universo mágico, pero apuesta por un tono más convencional y menos arriesgado.
En Hechizo de Amor: La magia continúa (Practical Magic 2, 2026), Sandra Bullock y Nicole Kidman regresan como las hermanas Owens para romper la antigua maldición familiar que les impide enamorarse: si alguna encuentra el amor, su pareja muere.
Sally (Sandra Bullock) y Gillian (Nicole Kidman) deben enfrentar nuevamente las consecuencias del hechizo cuando el novio de Kylie Owens (Joey King), la hija de Sally, queda en coma. Mientras Kylie busca una forma de salvarlo, las hermanas recurren a sus poderes y se enfrentan a secretos del pasado.
A casi treinta años de Hechizo de Amor (Practical Magic, 1998), el contraste entre ambas películas está principalmente en la manera de abordar la magia. La primera la utilizaba como extensión de conflictos vinculados con la violencia, el abuso, la culpa y los mandatos familiares, dentro de un relato íntimo y de atmósfera más oscura. La secuela, en cambio, la convierte en el motor de una aventura fantástica más amable y convencional. El conflicto deja de centrarse exclusivamente en las heridas de Sally y Gillian para trasladarse a la generación siguiente.
Ese cambio se refleja en Kylie, que pasa a ocupar un lugar central. El accidente de su novio la obliga a involucrarse con una historia familiar que hasta entonces pertenecía a sus madres. Cuando viaja a Inglaterra, donde se originó la maldición, la película amplía su universo y comienza a construir una mitología propia.
La estructura se divide entre Kylie, que intenta romper el hechizo, y Sally y Gillian, que van en su búsqueda. Esta separación permite trabajar el vínculo entre ambas generaciones y plantea una idea interesante: ya no se trata solamente de escapar del pasado, sino de decidir qué hacer con una herencia que condicionó a la familia durante generaciones. También se amplía la representación de la magia mediante nuevos hechizos, reglas y personajes. Entre ellos aparece un hechicero hombre interpretado por Lee Pace, una incorporación que resulta atractiva dentro de un universo tradicionalmente asociado al poder femenino, aunque su participación es menor de lo esperado.
La película funciona mejor cuando explora estos nuevos elementos que cuando intenta recuperar fórmulas conocidas. La primera entrega encontraba su identidad en el equilibrio entre romance, comedia, drama y oscuridad; esta continuación apuesta por una aventura sobrenatural más uniforme, accesible y previsible. Tiene nuevos escenarios y posibilidades, pero no siempre se anima a desarrollarlos con profundidad.
Hechizo de Amor: La magia continúa se pregunta qué hacer con aquello que se recibe del pasado. La idea es interesante, aunque su desarrollo demasiado seguro termina limitando una película que resulta entretenida y efectiva, pero poco arriesgada.