Salas
Crítica de “Lu & Pau”: Jazmín Stuart y Lorena Vega en el mundo del hampa de Nicanor Loreti
El director de “Kryptonita” entrega una comedia de atracos con mirada femenina filmada íntegramente en Misiones.
Presentada en el BAFICI, Lu & Pau (2026) se inscribe en el cine de género de producción acotada, sostenido por personajes marginales, humor negro y situaciones que llevan a sus protagonistas cada vez más cerca del delito.
Jazmín Stuart y Lorena Vega interpretan a dos amigas que necesitan reunir una importante suma de dinero para sacar de la cárcel a la hermana de una de ellas. A partir de ese objetivo, ambas se involucran en una serie de situaciones que las introducen progresivamente en el mundo delictivo. Lo que comienza como una estrategia desesperada termina convirtiéndose en una cadena de decisiones cada vez más peligrosas, donde el límite entre la supervivencia y la criminalidad se vuelve difuso.
Loreti combina nuevamente el universo del hampa criollo —en su dimensión marginal, desprolija y errática— con los mecanismos de la comedia de enredos. Es una combinación que el director ya había trabajado en Diablo (2011), en el guion de Hermanos de sangre (2012) y en la serie Nafta Súper. En Lu & Pau, esa tradición se articula además con una mirada centrada en dos protagonistas femeninas que no funcionan como meras acompañantes dentro de un universo habitualmente dominado por personajes masculinos: son ellas quienes impulsan la acción y quienes deben aprender a moverse dentro de las reglas del delito.
Filmada íntegramente en la provincia de Misiones, la película incorpora el paisaje, la arquitectura y las particularidades del territorio a su universo narrativo. Los numerosos planos dedicados al entorno construyen una identidad local reconocible y permiten que el relato se distancie de los escenarios urbanos más habituales del policial y el cine criminal argentino.
Sin embargo, el principal problema de Lu & Pau aparece justamente en la relación entre sus ambiciones genéricas. Como ocurría en Pinball (2020) y Punto rojo (2022), largometrajes que evidenciaban su origen en el cortometraje, aquí también se percibe cierta dilatación de una idea que parece funcionar mejor en un formato más breve. Hay planos prolongados, encuadres estáticos y situaciones cuya tensión depende casi exclusivamente de la presencia y el desempeño de las protagonistas.
Stuart y Vega sostienen el relato con actuaciones que explotan la gestualidad, la forma de hablar, caminar y relacionarse de sus personajes. Ambas construyen mujeres que se mueven en el universo delictivo, con una mezcla de torpeza, picardía y desparpajo que las vuelve reconocibles dentro del imaginario de Loreti.
Pero aquello que inicialmente puede interpretarse como una decisión formal —privilegiar a las actrices y concentrar la narración en sus intercambios— también deja en evidencia las limitaciones de la producción. El atraco se sugiere más de lo que se muestra y lo mismo sucede con los tiroteos y otras situaciones de acción. El problema no es que la película renuncie al espectáculo, sino que no siempre consigue transformar esa renuncia en una virtud narrativa.
Aun así, Lu & Pau encuentra interés en su dupla protagónica, en la particularidad de su escenario y en la continuidad de un cine de género argentino artesanal, desbordado y consciente de sus propias limitaciones, que encuentra en los márgenes sociales y en los personajes fuera de norma su principal fuente de energía.