Panorama editorial

Cuatro libros para leer un presente que no deja de cambiar

Tecnología, emociones, deseo y violencia atraviesan estas novedades editoriales. Ensayos y novelas que, desde registros distintos, intentan descifrar las incertidumbres de una época en transformación.

Cuatro libros para leer un presente que no deja de cambiar
domingo 02 de agosto de 2026

No hace falta que los libros hablen entre sí para terminar formando una conversación. A veces basta con que aparezcan en el mismo momento. Mientras el sociólogo Joaquín Linne convierte su propia relación con las pantallas en objeto de estudio, Georges Didi-Huberman vuelve sobre aquello que ninguna tecnología consigue domesticar: las emociones. En otro registro, Diego Cano transforma Río de Janeiro en un escenario donde carnaval y violencia se confunden, y Silvia Plager explora el deseo cuando la vida ya parece haber elegido un camino.

Los cuatro títulos pertenecen a géneros diferentes y responden a proyectos literarios que poco tienen en común. Sin embargo, terminan orbitando alrededor de una misma inquietud: cómo habitamos un presente que cambia más rápido que nuestra capacidad para comprenderlo.

Cuando el objeto de estudio somos nosotros

Durante años, Joaquín Linne investigó el impacto de internet, las redes sociales y las plataformas digitales sobre los vínculos, el trabajo y las formas de sociabilidad. En Tiempo de pantalla (Vinilo Editora) decide alterar esa distancia académica y convertir su propia experiencia en el punto de partida del ensayo.

La operación no es menor. En lugar de observar el fenómeno desde afuera, se incorpora a él. El resultado es un libro que evita el tono moralizante con el que suele discutirse la inteligencia artificial o el uso del celular. No hay nostalgia por un mundo analógico ni entusiasmo por cada innovación tecnológica. Hay, más bien, una observación constante sobre las contradicciones de una vida organizada alrededor de notificaciones, chats, algoritmos y disponibilidad permanente.

El mayor acierto del ensayo está en no ofrecer respuestas rápidas. Linne entiende que el problema ya no consiste en decidir si la tecnología es buena o mala, sino en preguntarse cuánto de nuestra rutina sigue siendo una elección y cuánto responde a dinámicas que aceptamos casi sin advertirlas.

Lo que ninguna pantalla puede administrar
En apariencia, ¡Qué emoción! ¿Qué emoción? (La Marca Editora), de Georges Didi-Huberman, transita un territorio completamente distinto. Sin embargo, leído junto al libro de Linne, funciona como un contrapunto inesperado.

Si el ensayo sobre la vida digital muestra un mundo cada vez más gobernado por datos, automatizaciones y predicciones, Didi-Huberman dirige la mirada hacia aquello que permanece fuera de cualquier cálculo: las emociones.

El duelo, el amor, la pérdida o la alegría aparecen aquí no como estados psicológicos que deban clasificarse, sino como experiencias que atraviesan el arte, la filosofía y la vida cotidiana. En pocas páginas, el filósofo francés vuelve a demostrar que las preguntas suelen ser más productivas que las respuestas. Su ensayo no pretende domesticar las emociones, sino aceptar que buena parte de nuestra existencia sigue organizada alrededor de aquello que no controlamos.

La ficción como territorio de desorden

Las novelas incluidas en este conjunto también parecen dialogar entre sí, aunque desde otro lugar.

En Río de Janeiro (Mansalva), Diego Cano se apropia de la ciudad brasileña para construir un espacio donde la lógica deja de ser una obligación. Hay ecos del policial negro, del carnaval, de la literatura latinoamericana y del delirio. La realidad nunca termina de imponerse porque constantemente es desplazada por la imaginación.

Cano escribe como si desconfiara de la necesidad contemporánea de explicar todo. Sus personajes circulan por una ciudad donde la violencia convive con el humor, la exageración y el absurdo, recordando que la literatura todavía puede inventar mundos en lugar de limitarse a reproducir el existente.

En tiempos donde gran parte de la ficción busca parecerse a la realidad, Río de Janeiro apuesta por recuperar el placer de la invención.

Elegir cuando parece que todo está decidido

Silvia Plager también coloca a sus personajes frente a un presente incierto, aunque lo hace desde una escala íntima.

Sin canje (Hugo Benjamín) sigue el recorrido de dos mujeres atravesadas por generaciones distintas, pero unidas por una pregunta común: hasta qué punto las decisiones personales responden al deseo propio y cuánto tienen de herencia, mandato o resignación.

La novela trabaja sobre el erotismo en la madurez, la memoria familiar y las búsquedas identitarias sin convertir esos temas en consignas. Plager entiende que las vidas no avanzan de manera lineal y que incluso las decisiones aparentemente definitivas conservan un margen para la duda.

Más que una historia sobre el paso del tiempo, Sin canje termina siendo una novela sobre la posibilidad —siempre incómoda— de volver a elegir.

Cuatro maneras de leer la incertidumbre

Resulta llamativo que estos libros lleguen a las librerías en un momento donde la palabra "crisis" parece haberse vuelto insuficiente para describir la experiencia contemporánea. Ninguno intenta diagnosticar el presente desde una posición de autoridad absoluta. Todos, en cambio, aceptan la incertidumbre como punto de partida.

Linne observa cómo las pantallas modifican nuestra percepción del mundo. Didi-Huberman recuerda que las emociones siguen escapando a cualquier intento de control. Cano convierte una ciudad en una pesadilla carnavalesca donde realidad y ficción intercambian lugares. Plager devuelve el foco al deseo y a las decisiones que siguen abiertas incluso cuando parecen cerradas.

Leídos en conjunto, estos cuatro títulos no construyen un retrato acabado de la época. Hacen algo más interesante: muestran que el presente puede pensarse desde múltiples lenguajes y que la literatura, el ensayo y la filosofía continúan siendo herramientas para interpretar aquello que todavía no sabemos nombrar.

No es casual que ninguno ofrezca certezas. Quizás esa sea una de las marcas más reconocibles de nuestro tiempo. Y también una de las razones por las que estos libros encuentran, sin proponérselo, una conversación común.

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