Salas
Crítica de "El día de la revelación": Spielberg vuelve a mirar las estrellas en un thriller conspirativo
Con ecos de "Encuentros cercanos del tercer tipo" y "E.T.", Steven Spielberg entrega una aventura de ciencia ficción cargada de persecuciones, conspiraciones y vida extraterrestre.
Pocos cineastas han cautivado e inspirado la imaginación de toda una generación como Steven Spielberg. Cada película nueva que estrene en cines es un evento. El día de la revelación (Disclosure Day, 2026) es a la vez un repaso por obras de ciencia ficción como Encuentros cercanos del tercer tipo (Close Encounters of the Third Kind, 1977) y E.T. (1982) así como su conclusión lógica – es decir, su encubrimiento por parte de gobiernos y corporaciones aledañas.
El escapismo de Spielberg siempre ha sido, en simultáneo con la aventura, la búsqueda de la verdad (nunca más literal que en The Post: Los oscuros secretos del Pentágono, 2017). En su cine priman las ganas de encontrar la verdad y difundirla por sobre sus consecuencias, lo cual mana enérgicamente a través de El día de la revelación, un muy buen thriller de ciencia ficción escrito por David Koepp (sobre una historia del propio Spielberg) sin una gota de cinismo y que ofrece más preguntas que respuestas.
Comenzando a medio camino, la historia parte con un envión que nunca pierde totalmente salvo hacia el final. Un intercambio de rehenes deviene en una persecución que se extiende y multiplica hacia el tercer acto: Daniel Kellner (Josh O’Connor) es un informante con la misión de filtrar evidencia encubierta sobre vida extraterrestre, Margaret Fairchild (Emily Blunt) es una meteoróloga que se vuelve noticia al hablar, sin pretenderlo, una lengua alienígena en el programa. Por separado y sin saberlo, ambos son ferozmente perseguidos por Noah Scanlon (Colin Firth), el villano y conspirador principal a cargo de silenciar la verdad.
Completan el elenco Jane (Eve Hewson), la novia de Kellner, interrogando la trama desde un punto de vista religioso; Jackson (Wyatt Russell), pareja de Margaret, robando sus pocas escenas con humor, y Hugo (Colman Domingo), jefe de Kellner y el principal orfebre de su misión.
La trama evoluciona con el típico brío del cineasta a través de una serie de escapes y persecuciones impecablemente ideadas y coreografiadas (se destaca una suerte de asalto improvisado a un tren) y secuencias labradas sutilmente de comedia y tensión. Spielberg pasa de la situación a la acción y viceversa sin nunca sacrificar el ritmo de la historia ni perder de foco la humanidad que subyace en todos sus proyectos.
Lo que también es cierto es que por más técnicamente brillante que sea la mano de su director, hay algo que la película replica imperfectamente: la cualidad de asombro o maravilla que permea a lo largo de su obra. La historia esta vez deja poco y nada a la imaginación. Hacia el final las revelaciones se anticipan, los golpes emocionales flaquean. En la medida en que los personajes pierden agencia, y los conflictos caen olvidados o se resuelven solos, el entusiasmo va decayendo; a la excitación inicial le va ganando un tono entre melancólico e infantil que rinde un final satisfactorio pero previsible.
El día de la revelación no alcanza del todo la cima de la ciencia ficción más encantadora o memorable del cineasta. Es una obra chamánica, introspectiva; como la semi-biográfica Los Fabelmans (The Fabelmans, 2022) busca recuperar o reconstruir cierta magia desvanecida – en general exitosamente – y ratificar para siempre la empatía que es la insignia del director.