Teatro El Nacional
Crítica de "Sottovoce": Adrián Suar y una disputa familiar convertida en comedia
En su regreso al escenario, Adrián Suar protagoniza una comedia construida sobre disputas familiares, intereses económicos y secretos acumulados durante años.
Sottovoce, escrita por Mariano Pensotti y dirigida por el propio autor junto a Adrián Suar, parte de una situación sencilla: dos primos están a punto de vender la fábrica textil que heredaron de sus padres a un grupo económico estadounidense. Para Sebastián (Adrián Suar) y Claudio (Fernán Mirás), el acuerdo representa la posibilidad de acceder a esa vida que durante años imaginaron y postergaron. Sin embargo, cuando llega el momento de repartir las ganancias, una discusión inesperada convierte la celebración en una disputa que amenaza con hacer estallar todo por los aires.
A partir de ese punto, la obra despliega una estructura construida sobre reproches acumulados, intereses contrapuestos y viejas cuentas pendientes. La aparición de Lola (Carla Peterson) y Romina (Lorena Vega), parejas de los protagonistas, amplía el campo de batalla y suma nuevas variables a una negociación que rápidamente deja de ser económica para volverse personal. Lo que parecía una discusión sobre porcentajes termina revelando distintas maneras de entender el dinero, la familia y el futuro.
Los diálogos sostienen el ritmo de una acción que avanza a partir de cruces permanentes, mientras las referencias a hábitos, costumbres y códigos reconocibles para el público local alimentan buena parte de la comicidad. En ese contexto, Mariano Pensotti construye personajes fácilmente identificables, definidos por rasgos precisos y por el lugar que ocupan dentro de una trama atravesada por vínculos familiares, intereses económicos y diferencias sociales. Más que explorar zonas de complejidad psicológica, la obra utiliza esos perfiles para potenciar malentendidos, cambios de alianzas y enfrentamientos que mantienen en movimiento la narración. De este modo, la ambición, las frustraciones personales y las tensiones familiares funcionan como motores del conflicto sin alterar el tono de comedia que guía la propuesta de principio a fin.
Con un elenco que aprovecha el ritmo de los intercambios y una narración basada en enredos, revelaciones y discusiones cruzadas, Sottovoce encuentra su lugar en una tradición de comedias que observan las miserias cotidianas desde el humor. Allí reside tanto su alcance como su límite: propone una experiencia ligera, sostenida por situaciones reconocibles y personajes cercanos, sin buscar respuestas profundas a los conflictos que pone en escena, pero tampoco necesitándolas para cumplir con aquello que se propone. En definitiva, no pretende cambiar la mirada del espectador; apenas le propone dejar en suspenso la propia durante poco más de una hora.