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Crítica de "Day One": algoritmos, poder y una amenaza en Barcelona

"Day One" propone un thriller tecnológico ambientado en Barcelona que indaga en los límites éticos de la innovación y el control digital.

Crítica de "Day One": algoritmos, poder y una amenaza en Barcelona
lunes 16 de marzo de 2026

Day One (2026) se presenta como un thriller tecnológico que mira de frente a la ansiedad digital contemporánea. Ambientada en Barcelona y construida en seis episodios de ritmo ágil, la serie parte de una premisa que remite de inmediato al universo que popularizó Black Mirror: el progreso tecnológico como territorio de fascinación y amenaza. En ese escenario aparece Ulises Albet (Álex González), un ex prodigio de la informática que abandonó la industria tras la muerte de su hermana y que, diez años después, regresa a la ciudad cuando su antiguo socio Samuel Barrera (Asier Etxeandia) le advierte que un nuevo desarrollo tecnológico podría desencadenar consecuencias globales.

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El regreso coincide con la semana del Mobile World Congress, un detalle que no funciona solo como contexto sino como señal de época. Barcelona aparece retratada como capital tecnológica y como escenario de una carrera por el control de los datos. Allí, Ulises se convierte en el principal sospechoso de un asesinato y comienza una huida que lo obliga a enfrentarse con aquello que intentaba evitar: algoritmos, corporaciones tecnológicas y un proyecto llamado Day One que promete redefinir la relación entre humanos y tecnología.

En el centro de la serie aparece el antagonista Damian Diskin (Jordi Mollà), empresario tecnológico que encarna la figura del gurú digital convencido de que la innovación debe avanzar sin límites. El enfrentamiento entre Diskin y Ulises organiza el relato como un choque de visiones: de un lado, la fe en la tecnología como motor del futuro; del otro, la sospecha sobre el precio humano de ese progreso. Entre ambos se mueve Rebeca (Alba Planas), joven programadora que introduce otro tema clave del presente: el acoso digital y la exposición permanente en las redes.

Sin embargo, allí donde la serie promete un debate sobre ética tecnológica, inteligencia artificial y vigilancia digital, termina inclinándose por el camino más conocido del thriller televisivo. La conspiración avanza a través de persecuciones, casualidades narrativas y revelaciones progresivas que sostienen el suspenso pero dejan en segundo plano los dilemas que la historia pone sobre la mesa. El guion introduce preguntas sobre el control de los datos y el poder de las corporaciones, aunque rara vez se detiene a explorarlas.

El resultado es una serie que funciona mejor como thriller urbano de ritmo rápido que como ficción especulativa sobre el futuro digital. Day One tiene una idea potente —la tecnología como campo de disputa moral— y un escenario contemporáneo que dialoga con la realidad de las redes, los algoritmos y la inteligencia artificial. Pero en lugar de profundizar ese territorio, prefiere recorrer el camino más seguro del entretenimiento. Queda entonces la sensación de estar frente a una historia que apunta a un debate mayor, aunque finalmente decide no entrar del todo en él.

6.0
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