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Crítica de "Cazadores del fin del mundo": Dave Bautista tras la pista de La Gioconda
La película está basada en la novela gráfica de ciencia ficción postapocalíptica publicada por Red 5 Comics y creada por Scott Chitwood, Paul Ens y Wayne Nichols.
Cazadores del fin del mundo (Afterburn, 2025) es la adaptación cinematográfica del cómic Afterburn, que narra la historia de cazadores de tesoros en un planeta devastado tras una erupción solar. En su versión fílmica, sin embargo, la estructura responde con claridad a la de Escape de Nueva York (Escape from New York, 1981), el clásico de acción de John Carpenter protagonizado por Kurt Russell: un renegado es enviado a una zona hostil para cumplir una misión suicida.
Jacke (Dave Bautista) viste y encarna el espíritu anárquico de Snake Plissken, el mítico personaje de Russell, retomado años después en Fuga de Los Ángeles (Escape from L.A., 1996). Aquí la acción se traslada al Viejo Continente: la zona de conflicto es Francia y el objetivo consiste en recuperar la Mona Lisa, el legendario cuadro de Leonardo da Vinci. Olga Kurylenko acompaña al protagonista en esta travesía, mientras Samuel L. Jackson encarna a quien lo envía a la misión. La producción fue filmada en Eslovaquia.
Fiel al cómic, la película —dirigida por el especialista en artes marciales J. J. Perry— presenta un mundo que ha retrocedido hacia un orden primitivo, dominado por un estado totalitario que ejerce el control mediante la violencia. En ese contexto, el protagonista deambula tras la codiciada reliquia, encadenando secuencias de acción correctamente resueltas, con coreografías de combate y persecuciones ejecutadas con eficacia técnica.
El problema es que la película nunca termina de encontrar una identidad propia. Todo remite a un collage de referencias: Mad Max (1979), con sus camperas de cuero y persecuciones polvorientas, es la más evidente; también reaparece la sombra de Escape de Nueva York con su estructura de misión suicida y héroe outsider; incluso asoman ecos de Cyborg (1989), aquella producción clase B protagonizada por Jean-Claude Van Damme que recreaba un futuro devastado con imaginación limitada y efectos modestos.
Cazadores del fin del mundo es, en definitiva, otra adaptación cinematográfica que no logra trascender el material original. No es una catástrofe —pese al escenario apocalíptico que representa—: funciona, entretiene y cumple con los códigos del género. Pero carece de alma e ingenio, dos elementos indispensables para distinguirse en un territorio ya demasiado transitado.