76 Berlinale

Crítica de "Josephine": Channing Tatum en un drama que confunde impacto con profundidad

En una selección de 22 títulos marcada por el equilibrio geopolítico y los “temas urgentes”, "Josephine", de Beth de Araújo, apuesta al impacto antes que a la construcción dramática y reabre el debate sobre los criterios de la Berlinale.

Crítica de "Josephine": Channing Tatum en un drama que confunde impacto con profundidad
miércoles 25 de febrero de 2026

La Competencia Oficial de la Berlinale, con sus 22 largometrajes, es ciertamente excesiva. Difícil mantener un standard mínimo de calidad asegurándose las premieres mundiales suficientes como para ocupar todos esos casilleros. Además, el problema se agiganta si al momento de la selección más que en la valía de las películas parece pensarse en completar un “check list” relacionado con los “temas de hondo contenido humano” de moda. Además, como hay que prestar atención al mapamundi y equilibrar orígenes, religiones, pertenencias políticas, sociales y culturales, elecciones sexuales (de las películas o de sus directorxs), del cruce de todas esas coordenadas difícilmente resulte un conjunto interesante y coherente. Es que, más allá de todo lo subjetivo involucrado en la ponderación de una película, los casos extremos sí pueden ser más claros. Que una película como la franco-tunecina A Voix Base (2026), de Leyla Bouzid, esté en la sección más importante del festival, sólo puede explicarse por aquellos parámetros (en ella el tema es el del trato hacia los homosexuales en Túnez, donde sigue siendo delito penal la relación entre personas del mismo sexo). Creo que no hace falta aclarar que denostamos esa regulación, pero de ahí a que el sólo hecho de que ello se denuncie en la película nos haga tener que defenderla….

En ese sub-conjunto para nada pequeño de la selección oficial nos encontramos también con Josephine (2026), de la directora Beth de Araújo (que previamente había realizado el largometraje Soft and Quiet en 2022). Presentada sobre el final de la muestra, la película tenía el “gancho” de contar con Channing Tatum como protagonista. Suponemos que a la conocida estrella de películas que ciertamente pertenecen a otro universo (que no es el de los festivales de cine), le habrá tentado eso del “prestigio”, eso de demostrar que él también puede ser un “actor serio”. Pero no, Channing, le erraste a la elección: la importancia no la da el tema sino la forma y calidad de la película.

Todo comienza con la niña del título corriendo con el padre (Channing, está claro) por el Golden Gate Park. Desde el minuto cero nos queda en claro la intensidad del progenitor, que incentiva la competitividad en su hija. El mundo pertenece a los ganadores. En fin, que en ese recorrido, en un momento, el padre pierde de vista a su pequeña de 8 años y ésta es testigo de una violación que tiene lugar a la puerta de un baño en el parque. La niña, suponemos que sin entender del todo, se queda petrificada, en silencio, mientras el agresor golpea y viola a su víctima. Todo es mostrado con lujo de detalles frente a la actitud impasible de la pequeña. Cuando finalmente llega el padre, llama a la policía y abandona a su hija para perseguir al criminal. Este es finalmente atrapado pero la agredida no quiere declara; la única que puede hacer algo para que no quede en libertad el delincuente es la anonadada hija de Channing.

La superficialidad y grosería de la construcción psicológica de los personajes es abrumadora. El padre como única reacción a la agresión sucedida, le enseña jueguitos con la pelota de fútbol a su hija. Está claro: de eso no se habla a un extremo más propio de la Edad Media que de los tiempos que corren.

La niña, traumado por lo que vio, comienza a sobre-reaccionar ante cualquier estímulo que ella siente como violento hacia su persona. El padre, cuando habla, insiste en que la niña debe responder con violencia ante “cualquier circunstancia que no le guste”, y la pequeña toma al pie de la letra esas palabras. Aunque ello involucre darle un golpe en la panza a su madre embarazada porque lo que no le gusta, justamente, es la eventual llegada de un nuevo hermanito…

En fin, así de chabacano, vulgar e imprudente es todo. Al punto de que, a favor de la película hay que decir que en modo alguno  es aburrida. Si logramos dejar de lado lo impropio de abordar de este modo un tema como el tratado, la expectativa sobre hasta dónde llegará el despropósito genera un interés para nada menor. Aun cuando éste se encuentre vinculado con la búsqueda y hallazgo de los múltiples momentos de comicidad involuntaria, es más de lo que puede decirse de las dos películas que se llevaron los premios mayores de la Berlinale (Salvation y Yellow Letters).

4.0
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