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Crítica de "Sirenas": Julianne Moore y las máscaras de la alta sociedad en una isla donde todo es sospecha

La miniserie "Sirenas", protagonizada por Julianne Moore y dirigida por Nicole Kassell, explora las tensiones de clase, poder y familia desde una narrativa enrarecida y perturbadora. Ambientada en una isla de lujo, desata una intriga donde nada es lo que parece.

viernes 23 de mayo de 2025

En el corazón de Sirenas (Sirens, 2025), la miniserie de cinco episodios creada por Molly Smith Metzler y dirigida por Nicole Kassell, no hay criaturas marinas ni cantos de naufragio. Sin embargo, el mito está presente: como en las antiguas leyendas, una figura ejerce un hechizo hipnótico capaz de desorientar a quienes se acercan demasiado. Aquí, la isla no es un lugar de escape sino una trampa de seducción, donde los vínculos se tensan entre la fascinación y el peligro.

En esta relectura contemporánea del arquetipo, las sirenas no atraen con melodías celestiales, sino con el brillo del privilegio, la promesa de pertenencia y el espejismo del afecto. En la casa de verano de los Kell, una familia multimillonaria que habita en una burbuja de lujo y secretos, se cruzan deseos, traumas y estrategias de supervivencia que se juegan como un combate simbólico entre la clase y la intimidad.

La serie se articula desde el punto de vista de Devon (Meghann Fahy), una mujer que llega a la isla para reencontrarse con su hermana Simone (Milly Alcock), ahora convertida en la asistente personal —y algo más— de Michaela Kell (Julianne Moore), una socialité magnética cuya vida de opulencia funciona como una droga para quienes la rodean. La mirada de Devon, ajena al mundo de los Kell, introduce al espectador en esa esfera cerrada donde los límites entre la fascinación y la amenaza son borrosos.

Durante un fin de semana de convivencia en la isla, los personajes comienzan a develar sus capas. Lo que parecía una visita se transforma en un viaje de revelaciones. La serie despliega entonces una trama que transita del drama familiar al thriller psicológico, con la sospecha como motor narrativo: ¿está Simone atrapada o hipnotizada? ¿Quién manipula a quién? ¿Qué secretos guarda Michaela tras su fachada filantrópica?

Como en los antiguos relatos, el canto de las sirenas invita a acercarse, pero también a perder el rumbo. Esa es la tensión que atraviesa a los personajes femeninos de Sirenas. Michaela y Simone protagonizan un vínculo de dominación y dependencia que no puede entenderse en términos simples. La figura de Devon, en cambio, irrumpe como una fuerza externa que pretende desenmascarar el hechizo, aunque ella misma termine envuelta en sus redes. La ambigüedad es uno de los ejes simbólicos más potentes: la serie no reparte certezas, sino zonas de incertidumbre donde cada gesto es pasible de ser leído en sentidos contrapuestos.

Inspirada en la obra teatral Elemeno Pea, Sirenas conserva la estructura cerrada y los diálogos intensos del drama escénico, pero los potencia con una realización que apuesta por lo visual y lo atmosférico. La sospechosa muerte de la primera esposa de Peter Kell (Kevin Bacon), un hecho apenas mencionado pero cargado de tensión, se convierte en una sombra persistente que acompaña cada escena.

En lo actoral, Julianne Moore compone una Michaela inquietante, dueña de un carisma que nunca permite distinguir si es afecto real o manipulación calculada. Meghann Fahy le imprime a Devon una intensidad contenida, que canaliza la incomodidad del espectador. Y Milly Alcock, en su rol de Simone, oscila entre la fragilidad y la sumisión con una corporalidad que sostiene el conflicto interno de su personaje.

El espacio —la isla aislada, la arquitectura sofisticada, los ventanales que enmarcan el mar— no es un simple fondo escenográfico. Funciona como metáfora de un universo clausurado, donde todo lo que se oculta bajo la superficie puede emerger de forma abrupta y devastadora. Como en el mito, la belleza esconde un riesgo. Y Sirenas no hace otra cosa que recordarlo.

Lejos de las formas tradicionales del thriller o el drama familiar, la serie traza un mapa de relaciones femeninas donde el encantamiento no es un acto de magia, sino una estrategia social.

7.0
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