Max
Crítica de “Venom 3: El último baile”: El cierre de una trilogía para el olvido
Desde sus primeros minutos, “Venom 3” deja en claro que el caos no es solo parte de su argumento, sino también su esencia, y no en el buen sentido.
Venom 3: El último baile (Venom: The Last Dance, 2024) parece haber perdido de vista el pulso que hacía del personaje un antihéroe único, sumido ahora en un guión que se tambalea entre la ridiculez y la incoherencia.
Resulta difícil entender cómo una franquicia de alto presupuesto sigue cometiendo los mismos errores en caracterización y dirección. Pero aquí estamos, otra vez frente a una película que asume que puede mezclar humor y drama de una manera irónica y autoconsciente, cuando en realidad termina siendo confusa.
El cambio de locaciones es uno de los puntos más desconcertantes de la película. La trama nos lleva de un lugar a otro sin un objetivo claro, y en el camino presenta una serie de elementos raciales y culturales torpes que en lugar de enriquecer el ambiente, subrayan clichés dañinos. Los personajes mexicanos, reducidos a estereotipos, se sienten como parodias mal ejecutadas, evidenciando una falta de sensibilidad que podría haber sido fácilmente evitable. Como si eso fuera poco, el guión parece pensar que el público necesita que se lo guíe de la mano de manera innecesaria y forzada, como si eso diera peso a la historia cuando en realidad solo distrae.
Lo que quizás molesta más que la sobre explicación constante es la vacilación en el tono de la película. Hay momentos en los que Eddie Brock y Venom podrían haber dado el paso a una relación con más profundidad, pero en cambio, terminan en escenas surrealistas como la de Dancing Queen, que parece salida de una comedia absurda sin conexión emocional alguna con el arco de sus personajes. ¿En qué estaban pensando los guionistas? Es como si hubieran olvidado el motivo de cada escena, moviéndose al compás de ocurrencias que suenan bien en teoría, pero que en la práctica no aportan a la coherencia de la película. Ver a Eddie y su simbionte, dos seres que deberían inspirar peligro y reflexión, en un baile despreocupado y totalmente ajeno al conflicto resulta risible, no en el sentido que la película pretende.
Además, la historia está repleta de contradicciones. Un buen ejemplo es el simbionte verde. No se entiende bien si su objetivo es eliminar a Venom, salvarlo o quizás simplemente aparecer en pantalla porque sí, con frases y motivaciones que cambian a conveniencia de la trama. Incluso la batalla climática en el área gubernamental parece más una excusa para efectos especiales mediocres que un clímax genuino, y es que en una película de esta envergadura, ¿es tanto pedir efectos que realmente impresionen? La acción en esta entrega tiene el mismo nivel de predecibilidad de siempre, y aunque algunas secuencias pueden levantar el ritmo, en conjunto, la película se siente como un conjunto de parches para justificar la presencia de Venom, pero sin darle un conflicto a la altura de su nombre.
Hablando de falta de coherencia, el guion coquetea con ideas de “reflexión” en torno a la paternidad y la vida familiar que Brock nunca pudo tener, tratando de imprimir profundidad en momentos que no solo no lo necesitan, sino que cortan de golpe la acción y el flujo narrativo. La escena final, con una carga nostálgica forzada, cierra la película con una nota desubicada. Es difícil imaginar qué pensaba el equipo creativo al filmar esa última escena; parece más un intento desesperado de darle algún tipo de profundidad emocional a una historia que, hasta ese momento, nunca la había buscado realmente, culminando un cúmulo de decisiones extrañas, desbalanceadas y mal ejecutadas.
Venom 3: El último baile está atrapada en una batalla consigo misma, entre el deseo de ser un producto de entretenimiento profundo y uno que se ríe de su propia seriedad, y al final, no es ni una cosa ni la otra. Lo que podría haber sido una exploración fascinante de un antihéroe complejo y peligroso termina siendo una comedia no intencional que, al intentar hacer demasiado, logra demasiado poco.