Protagoniza el aclamado film de Demián Rugna

Ezequiel Rodríguez emprende un trágico viaje al infierno en “Cuando acecha la maldad”

“Cuando leí el guion fue una tortura, tan terrible como ver la película”, recordó el actor en una entrevista exclusiva con EscribiendoCine.

Ezequiel Rodríguez emprende un trágico viaje al infierno en “Cuando acecha la maldad”
Ezequiel Rodríguez
Ezequiel Rodríguez
viernes 21 de junio de 2024

El terror es una emoción muy intensa que tiene diversos orígenes y afecta a todas las personas en diferentes circunstancias y etapas de sus vidas. Los actores, a través de su trabajo, no solo afrontan sus propios miedos sino, también, los que envuelven a sus personajes dentro de la ficción. En el caso de Ezequiel Rodríguez, a nivel personal, le teme a la enfermedad y a la muerte, sobre todo tras haber sufrido varios accidentes con su moto y, en el ámbito profesional, una preocupación que lo ha atravesado fue el no sentirse querido o valorado por el entorno, por ejemplo, cuando no era elegido en castings, hasta que asimiló cada situación.

En Cuando acecha la maldad (2023), la aclamada película de horror dirigida por Demián Rugna y disponible en Netflix, el artista da vida al campesino Pedro. Por lo tanto, brinda cuerpo y alma al sujeto ficticio para que este pueda enfrentarse a lo maligno, algo que resulta enigmático y peligroso, tanto para dicho hombre como para sus seres queridos.  

HISTORIA DE LO OCULTO

Cuando se afirma que el cine es un arte colectivo se alude a todas las instancias que implica una película, desde el momento en el que los integrantes de un equipo se conocen y empiezan a vincularse, pasando por la preproducción, la producción y la postproducción, hasta la presentación de la obra audiovisual final ante la crítica especializada y el público en general.  Ezequiel Rodríguez fue parte de todas las etapas de Cuando acecha la maldad. No obstante, al comienzo, era otro el actor que iba a protagonizar la historia, que al final desistió. Y fueron las recomendaciones del actor Demián Salomón, fundamentalmente, y de los cineastas Nicanor Loreti y Fabián Forte, las que motivaron a que su nombre fuera considerado por Demián Rugna.

“A mí no me gusta mecanizar un personaje con la misma motricidad ni la misma manera de hablar, me interesa jugar con alternativas, distintas configuraciones y matices. Para esta película, Rugna necesitaba un tipo básico y muy crudo, entonces me solicitó un casting y me mandó siete escenas complejísimas. Las estudié ese mismo día, le pedí a mi compañera que me filmara y se las envié. Él las vio a la noche y me pidió encontrarnos, ahí se produjo el primer chispazo. ¡Fue una comunión muy hermosa!”, valoró el actor.

En el largometraje de terror, el relato arranca cuando un hombre es encarnado por un demonio en la ruralidad de un pueblo perdido, lejos de las grandes ciudades. Luego, los hermanos Pedro (Rodríguez) y Jimi (Salomón) encuentran a este hombre a punto de dar a luz al mal y advierten a los vecinos del lugar sobre el horror que está por estallar. Así, deciden deshacerse del sujeto poseído, pero lo único que logran es acelerar el proceso. El demonio empieza a dejar su inconfundible rastro de maldad, por lo que los protagonistas deben huir antes de que la locura y la destrucción los arrastre consigo.

“Las sensaciones más poderosas cuando leí las escenas fueron la crudeza y la desesperación. Había algo con estos hermanos que tenían que unir las partes de un rompecabezas, que también era un poco lo que estaba haciendo yo como actor con las distintas partes del casting. Después, cuando leí el guion fue una tortura, tan terrible como ver la película, por las imágenes muy frondosas que se genera uno. Recuerdo que la primera vez me quedé con los hombros tensionados, con ansiedad y angustia, porque es un viaje trágico, un descenso. Pedro y Jimi están llenos de buenas intenciones, pero no alcanza con eso, ¡es tremendo!”, compartió el protagonista.

LÍBRANOS DEL MAL

Para la construcción de su personaje oriundo del área rural, Ezequiel eligió la retroalimentación artística como uno de los conceptos clave, en el sentido de que hubo experiencias actorales propias del pasado y detallada observación de elementos externos que contribuyeron en su labor artesanal. En primer lugar, tomó herramientas de su papel en la obra La edad de oro, escrita y dirigida por Walter Jakob y Agustín Mendilaharzu, que se caracterizaba por ser un hombre melómano, árido, con cierta corporalidad pesada, una memoria prodigiosa y una sensibilidad brutal. En otra fase, adoptó recursos de la obra Yo no duermo la siesta, de Paula Marull, en la que su rol tenía una tonada particular.

En cuanto a los componentes extraídos de su entorno, rememoró la tonada -entre santiagueña y tucumana- que escuchaba en su mamá y sus tíos cuando era chico. Asimismo, con su hermano de la ficción se compartieron documentales disponibles en YouTube que se centraban en los distintos oficios desarrollados por las personas que residen en el campo, lo que ayudaba a su ubicación espacial y a las particularidades del habla. Luego, interactuaban entre ellos, generando un efecto contagio en las formas de expresión.

“Además del resto de los actores y actrices, que fueron divinos y nos ayudamos un montón, con Salomón somos hermanazos. Yo lo adoro, es un actorazo, y juntos somos muy manijas, tenemos una sintonía fina, confianza, honestidad, buena leche y generosidad. Con nuestros personajes sabíamos de dónde veníamos y hacia dónde íbamos”, elogió de su amigo y colega.

Acto seguido, resaltó la importancia del proceso de composición individual, más allá de las prácticas con el equipo antes del rodaje. “Quizás uno cree que va a los ensayos, prueba ahí y sucede la magia. No, uno también tiene que laburar puertas adentro, en casa, por ejemplo, puede pasar horas viendo dónde está colocada la voz. Creo que actuar es un 75/80% de técnica y el resto corresponde a las otras patas sobre las que descansa la actuación”.

En torno al abordaje psicológico de Pedro, el intérprete marcó la minuciosa escritura del guion por parte de Rugna como el cimiento fundamental. Caracterizó al libro como “concreto”, lo que permitía tener conciencia de cómo se iban desencadenando las diversas acciones y, a su vez, de cómo iba creciendo la urgencia en las vidas de los sujetos ficticios.

“Hay veces en las que el actor tiene que apelar a la simpleza y entrar humildemente al trabajo, prestándole el cuerpo y produciendo con el resto, porque ese material que tiene a disposición ya va a dialogar con el espectador. Es decir, uno tiene que darse cuenta cuando el material es directo y contundente, como lo era Cuando acecha la maldad. Si yo me metía a hacer firulete, la iba a cagar. Si pensaba que era mi oportunidad para lucirme le iba a sacar el fuego sagrado, lo cual hubiese sido un error gravísimo, que incluso, al ser un material tan sustancioso, me podía expulsar”, planteó.

Y, a continuación, aclaró: “Al rodar, el actor tiene que accionar, ir con soluciones al director, desde un lugar generoso, no con más problemas. Uno tiene que ser lo suficientemente hábil para permitirle al espectador que el árbol no le tape el bosque, una frase que tantas veces escuché de mis maestros, en el sentido de que te crean y no te vean actuando. De hecho, la primera vez que vimos la película con Salomón salimos con una sensación rara, de enajenamiento, porque no nos vimos a nosotros, eso es lo loco, no te pasa muchas veces”.

ATERRADO

Además de protagonizar el largometraje de Rugna, Ezequiel integró el reparto de otros filmes nacionales de terror -fusionados con otros géneros-, como Juego de brujas (2023) y Legiones (2022) de Fabián Forte y Mar.ia (actualmente en salas de cine) de Gabriel Grieco y Nicanor Loreti, así como también la serie juvenil Tierra incógnita (2022/23) dirigida por Sebastián Pivotto. Más allá de las generalidades de la actuación presentes en cada proyecto audiovisual, hay géneros cinematográficos, como el horror, que le proponen ciertas particularidades a sus realizadores e intérpretes.

“Casi siempre los guiones de terror piden muchísimo, son un tour de force muy generoso y, a la vez, tremendamente exigente. Se trata de un entrenamiento intensivo de actuación, hasta que se desencadena el gran quilombo se trabaja sobre un estado sitiado, más pequeño, y de repente es gente desesperada, atravesada por completo. Es un género muy disfrutable que no admite tibieza, ni especulación, ni ser medio vagoneta. Cuando salís de un set no lo hacés igual que cuando entraste, te modifica un montón. Yo estuve con la energía astral de Pedro durante un tiempo, ya que anteriormente había estado ocho semanas rodando, más un mes previo respirando eso. Inclusive no te lo sacás nunca, sentás eso un rato en el banco de suplentes porque seguramente haya algo que te dio y más adelante te va a iluminar otro personaje”, explicó.

Por otro lado, pensando en el miedo latente en su profesión, reflexionó: “Está el temor a no sentirse querido ni valorado, ya sea por directores, productores, por infinidad de cuestiones. De hecho, se vincula al temor primario del ser humano. Y me ha pasado infinidad de veces, cuando he hecho un casting pensado que lo di todo y no me han llamado. Entonces, me he preguntado, '¿qué hice mal?', y cuando no la he pegado en varios, '¿qué pasa?, ¿estoy engualichado?'. Sin embargo, después te das cuenta que quizás no era para vos, y es algo natural del camino”.

Fuera de lo profesional, sumergiéndose en el terror presente en el terreno personal, relató: “Es el temor a la enfermedad, que viví de cerca con mi vieja durante muchos años. Ella tenía cáncer y ese tránsito fue muy revelador para mí, la acompañé mucho. También el miedo a la muerte. Años atrás yo manejaba una moto y tuve un par de accidentes. Ahora no estoy andando en moto, incluso durante mucho tiempo me persiguió el temor de sufrir un accidente y morir en la calle solo, sin algún ser querido que estuviera ahí conmigo”.

SIN LÍMITES

Tras convertirse en la primera película latinoamericana en obtener el premio mayor dentro del Festival de Sitges (España) en octubre del 2023, Cuando acecha la maldad se fue transformando en un suceso cinematográfico y social imparable, a nivel local e internacional. No solo arrasó en las salas argentinas, al reunir más de 300 mil espectadores y pasar a ser el filme de terror nacional más taquillero en la historia, sino que también se presentó -y continúa presentándose- en la pantalla grande de distintas ciudades extranjeras. Asimismo, días atrás arribó a Netflix, donde ocupa el primer puesto de los contenidos más elegidos en la plataforma de streaming.

“El equipo de la película ha buscado que la mayor cantidad de gente la viera en cine, por la comunión y el clima que se genera. Rugna tuvo muy claro cómo contar todo, hay momentos en los que decidió 'dejar quieto' el plano, sin que hubiera un corte. Me hacía recordar a cuando yo era más joven y veía en YouTube videos de cámaras que registraban accidentes, en los que había una crudeza real, sin movimiento de cámara ni un planito que mostrara un detallecito, ahí no había artificio ni cambio de punto de vista. Con el filme de Demi hubo algo trascendental, bisagra, un encuentro creativo que reconfirmó mi camino, mi modo de entender de qué se trata la actuación y el arte de contar”, destacó el actor detrás de Pedro en el filme de horror.

Si bien Ezequiel ha recibido diversas muestras de cariño por parte del público a partir de sus trabajos en telenovelas como Verano del 98 y Violetta, con este largometraje lo conocieron nuevos espectadores que le transmiten diariamente su alegría. “Hay un fandom del cine de terror que ha sido muy amoroso y generoso conmigo. Aunque la repercusión se extendió y, además de ese apoyo fervoroso del público del género, muchas otras personas quisieron saber de qué se trataba la película, la vieron y hoy me paran por la calle. ¡La gente es amable y respetuosa!”, agradeció.

SÍ A LA CULTURA

En tiempos en los que se ha puesto en debate el rol de la cultura en la sociedad y se ha promovido el desguace del sector a través de diversas medidas, Rodríguez opinó: “Creo que hay que ser rufián, deleznable, para hacer todo lo que se está haciendo, que es generar un todos contra todos y favorecer un clima que genera odio. En el caso de la cultura se empezó a dudar y a acusar a la ENERC, al INCAA, al INT, con argumentos tan vacíos que dan bronca. No podemos prescindir de la cultura, es una industria virtuosa que genera guita. Gestionemos lo que está mal y se puede modificar. A un Gobierno se lo elige para gestionar, no para sacar ni arrancar, eso genera violencia, la estupidez genera violencia, y yo tengo un límite con mi paciencia. Este Gobierno es muy provocador, empezó con que se podía prescindir de la cultura, y ahora se puede prescindir de los alimentos”.  

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