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Crítica de “Fallout”, la serie basada en el popular videojuego homónimo

La primera temporada, protagonizada por Walton Goggins, Ella Purnell y Aaron Moten, está compuesta por ocho episodios ideados por Graham Wagner y Geneva Robertson-Dworety y dirigida principalmente por Jonathan Nolan, quien es también su productor ejecutivo.

jueves 16 de mayo de 2024

La serie Fallout (2024) -cuya traducción literal al español es caer- es una transposición del videojuego creado por Tim Cain y Leonard Boyarsky estrenado en 1997 como un juego de roles y que desde el 2004 se ha convertido en un juego de rol de acción.

Si bien se supone que el relato inicia después del siglo XXI, en el futuro, la ambientación y estética del prólogo parece ubicarnos en las décadas del ´50 y ´60, y esto se debe a que pertenece al “retrofuturismo” y al “atomicpunk”, donde las obras de arte refieren a la Norteamérica de los años 50 y a la cultura de posguerra. En este inicio, se presenta a Cooper Howard (Walton Goggins), una estrella televisiva del género del western, quien está haciendo una presencia en una fiesta de una familia adinerada. Repentinamente, estallan simultáneamente varias bombas atómicas y sólo pueden protegerse de ellas quienes poseen acceso a unos refugios subterráneos, es decir la élite de esa sociedad. En consecuencia, desde el inicio de la serie ya se plantean problemáticas vinculadas a la diferencia de clases y étnicas.

Luego, mediante una elipsis la narración nos sitúa 219 años después de ese estallido, en un futuro distópico y casi apocalíptico donde las guerras civiles por la escasez de recursos son moneda corriente. Pues esa sociedad parece combinar cierta esperanza por las promesas de la tecnología con el miedo acechante de las consecuencias que ha dejado el exterminio nuclear. A partir de allí se realiza una interesante presentación de personajes, que se va alternando y cuyos caminos se irán entrelazando. 

Por un lado, se encuentra la joven Lucy MacLean (Ella Purnell), integrante del refugio subterráneo, cuyo único anhelo hasta el momento es contraer matrimonio. Ella desconoce cómo es el mundo de la superficie, pues ha sido sobreprotegida por su padre Hank MacLean (Kyle MacLachlan), líder del refugio 33. Al parecer los integrantes del refugio sostienen una vida acomodada y tranquila, pero que se percibe por el espectador como artificial.

Por otro lado, en la superficie desértica la historia retoma el personaje de Cooper Howard (Goggins). Pero esta vez la estrella de cine, debido a los episodios sucedidos después de los estallidos nucleares ha devenido en una especie de zombi conocido como “The Ghoul”, cuyas traducciones son “el demonio” o literalmente un necrófago, pero lo cierto es que no se alimenta de cadáveres, sino que depende de la ingesta de una especie de suero para continuar con vida. Debido a las condiciones de vida y el paso del tiempo su rostro se ha desfigurado y es casi una calavera. Sin embargo, su forma de vestir se acerca más que nunca al western y a ser una especie de vaquero, forajido, un outsider. Si se hace un análisis profundo puede pensarse que a través de este personaje se realiza además una reflexión sobre el funcionamiento del star system, pues ha pasado del estrellato al ocaso.

También en la superficie Maximus (Aaron Moten), un joven afroamericano, desea convertirse en un escudero de la Hermandad del Acero, donde hasta el momento es poco más que un esclavo en un campo de entrenamiento militar. Gracias a los avatares del destino logra lo inesperado poder convertirse en el ayudante del amo humano dentro del robot gigante (figuras que son visualmente parecidos a los Transformers).

Es interesante el planteo de invertir jerárquicamente lo especial, mientras tradicionalmente el arriba, la superficie es donde se encuentra la casta superior de la sociedad, aquí el suelo implica un mundo con batallas constantes, sequía, hambre, enfermedades y pobreza, donde se vive un clima de “sálvese quien pueda”. Al contrario, lo subterráneo, representa el lugar de la abundancia, de una élite que ha sido seleccionada para sobrevivir acomodadamente y “depurar la especie”.

En adición, los personajes se corresponden con un género cinematográfico (o literario), por ende, la obra propone una interesante mezcla entre el western y la ciencia ficción y en términos generales tiene mucho del cine clásico hollywoodense, donde se observan distintas épocas y estéticas, y la convivencia de lo analógico y lo digital.

Todo esto hace de Fallout resulte una propuesta muy atractiva tanto visual como narrativamente. Los caminos de los protagonistas se van cruzando y la información sobre el pasado que había quedado vedada se dosifica de a poco, pero de forma muy audaz, por lo que cada episodio revela algo nuevo, de forma muy entretenida e intrigante. Tras el éxito de audiencia, ya se confirmó una renovación para realizar una segunda temporada. Por último, si no son fans del género de ciencia ficción se aconseja que de todas formas se acerquen a la serie, porque es una propuesta atrapante y novedosa.   

9.0
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