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Crítica de “Cuando el Olimpo choca con la pampa”, de Sol Miraglia y Hugo Manso

La nueva producción de los realizadores de 'Foto Estudio Luisita', propone una reflexión sobre el continuo trabajo en el arte a partir del acompañamiento de Ricardo Cinalli, un creador que supo y sabe, interpretar sus deseos, y que en su madurez, se replantea algunas cuestiones.

Crítica de “Cuando el Olimpo choca con la pampa”, de Sol Miraglia y Hugo Manso
miércoles 03 de noviembre de 2021

Así como en Foto Estudio Luisita (2018), Sol Miraglia y Hugo Manso nos ofrecían una semblanza única sobre la fotógrafa que supo retratar a los artistas de la Calle Corrientes, en Cuando el Olimpo choca con la pampa (2020), a partir de la mirada atenta sobre Ricardo Cinalli, un artista que se refugió en Inglaterra para construir la mayor parte de su obra y vivir su sexualidad libremente, una vez más hablan de la nostalgia como fundante de mecanismos de preservación ante el inevitable y doloroso paso del tiempo.

Parte de la gloriosa época en la que convivían en Londres neo Georgianos y squatters, mientras el punk marcaba el tempo y el ritmo de una era, Cinalli supo continuar con sus pinturas representando cuerpos libres, principalmente masculinos, reflejando el deseo contenido y las censuras por las que él mismo debió pasar hasta afincarse en Inglaterra, dejando atrás su Santa Fé natal en medio de la dictadura.

Al igual que en su producción anterior,  la contemplación está presente, pero, al no introducirse en la escena, pueden reflexionar de una manera contundente sobre el accionar de su objeto de estudio y análisis cinematográfico, con la cámara como un personaje más en el relato. Miraglia y Manso son testigos del artista en sus quehaceres domésticos, en la puesta en valor y forma de su estudio, y también en las rutinas hedonistas que, como buen neo georgiano y amante de la cultura greco/romana, diariamente dedica al cuidado de su cuerpo y su aseo personal.

Cinalli es un bon vivant, pero también un gran laburante, y ahí están los directores para reforzarlo, para contarnos cómo en sus titánicas obras de gran volumen, este artista ha dejado parte de su vida para legar belleza al mundo, pero también para exorcizar sus miedos y secretos más profundos.

Para reforzar esto, hay una elección por incluir imágenes de archivo y una contextualización a través de referencias históricas, las que reconstruyen el pasado glorioso de Cinalli, rodeado de vínculos y del gran amor de su vida, Eric Estolb, un arquitecto que supo conquistar su corazón y ofrecerle sus mejores años y con quien se lo ve, en la pantalla, feliz y felices.

Pero hoy Cinalli está solo, está cansado, harto de tener que seguir trabajando, aun teniendo reconocimiento y un lugar propio, además de una holgura económica que le posibilitan muchas de las excentricidades que frente a cámara se ven. Todo esto constituye el primer segmento del relato, para luego afrontar un segmento más cercano para el público local, desnudando los pormenores de su regreso a Argentina, y en la vuelta de ese hijo pródigo, donde se lo loa con honores en las celebraciones del carnaval, hay algo con lo que la cámara y el protagonista se regodean y disfrutan, aun sabiendo que ya no pertenece a dicho lugar.

Recorriendo los lugares del pasado, reencontrándose con amigos, familiares y conocidos, la cámara reposa su mirada en un espacio que le pertenecía y que hoy, en la intemperie, abandonado, sólo puede revalidar su sensación y necesidad de emigrar. En eso de nadie es profeta en su tierra, que muchas veces se utiliza como justificación de decisiones, aquí termina por alzarse como una verdad, tal vez la más fuerte, que ni siquiera el propio Cinalli se anima a decir y abrazar.

Cuando el Olimpo choca con la pampa habla del trabajo, de la juventud, del reconocimiento, pero también de la soledad y del vacío, de una manera profunda y dolorosa, llevando al espectador a intimidar con Cinalli y con lo universal, a la vez, del relato. Hay algo también de reflexión, a partir de cuerpos plasmados en pinturas, y de otros que comienzan a deteriorarse, y en el medio de todo eso un hombre, alguien obsesionado, muy, con su propio trabajo, al punto de estar 24/7 en conexión con su profesión, para, en un punto, no recordar cuan desolado se encuentra en un presente que lo agobia.

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