¿Volvió o ya estaba entre nosotros?
Ha vuelto
El cine alemán ha vuelto infinidad de veces, y desde distintos puntos de vista, sobre su mayor herida histórica: el nazismo. Historias que transcurren en la Segunda Guerra Mundial, sus años posteriores o incluso las secuelas ejercidas en el tiempo. ¿Pero desde dónde se aborda? Desde la perspectiva de las víctimas del holocausto, desde la figura de Adolf Hitler o desde las secuelas aún latentes en la sociedad civil. Esta vez quien regresa en el siglo XXI es el mismísimo Führer para abarcar las últimas dos perspectivas mencionadas. Basada en la novela de Timur Vernes, éxito de ventas.
Hitler despierta en plena actualidad alemana y es confundido con un comediante que realiza una curiosa performance. Pero dentro de ese humor aparece la crítica mordaz a la sociedad contemporánea poniendo en evidencia el odio aún latente en los ciudadanos. Paralelamente surge la otra historia de la película, la menos interesante, aquella en la que el joven “busca noticias” Fabian Sawatzki (Fabian Busch) sigue de cerca a Hitler y lo tendrá como compañero de ruta a cada momento, lo filma y pasea por toda Alemania hasta llevarlo a la televisión. Ha vuelto (Er ist wieder da, 2015) tiene la forma de Borat (2006), un formato de falso documental con el comediante Oliver Masucci (que interpreta al Führer) deambulando por doquier caracterizado como el dictador por varias regiones de Alemania como si se tratara de un actor del método afirmando ser Adolf Hitler. La cámara capta la reacción de la gente al verlo (lo mejor del film) e incluso sus comentarios sobre la Alemania contemporánea: los valores en decadencia, la política de refugiados -que despierta una xenofobia aberrante y establece un paralelo con lo sucedido con la comunidad judía en la década del 30- y, sobre todo, el poder de los medios de comunicación en la manipulación de masas. El film establece un juego de representaciones que buscan ser reflejo de varias situaciones actuales al interior de la sociedad alemana. Si la historia se repite, su figura más nefasta retorna, parece decirnos.La película de David Wnendt tiene su alta dosis de incorrección al plantear una sátira sobre Hitler. Pero el film abandona la parodia inicial (resulta divertido ver a Hitler interactuar en las redes sociales o hablar sobre la decadencia del mundo contemporáneo) en pos de una narración más canónica en su segunda mitad, en la búsqueda de un mensaje moralmente aceptado. Deja de ser irreverente para ser políticamente correcta y plantear su postura sobre el tema. De cualquier modo las ideas de la novela quedan esbozadas con mordacidad.La película, de una trascendencia sorpresiva en su país de origen, abre el debate al respecto: la necesidad de reflexionar sobre lo ocurrido en la sociedad que hizo posible el surgimiento de Adolf Hitler. La historia se repite y hay que tener cuidado de no tropezar con la misma piedra parece ser el mensaje que flota sobre el film, ya sea con humor irreverente, con mensaje moralizador o con el discurso del propio Adolf Hitler que oficia de narrador. Porque después de todo, el problema no es el Führer que vuelve, sino el caldo de cultivo producido a su alrededor que lo trae de vuelta.
7.0
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