2026-08-06

Filmin

Crítica de "Departures": el amor como una forma de autodestrucción

Hay películas sobre relaciones tóxicas y después está Departures (2025), que entiende que el problema nunca es únicamente la persona de la que no podés desprenderte, sino la necesidad de seguir volviendo aunque ya sepas cómo termina la historia.

Lloyd Eyre-Morgan y Neil Ely parten de una premisa sencilla. Benji conoce a Jake en un aeropuerto, se enamora casi de inmediato y convierte una serie de escapadas a Ámsterdam en una relación sostenida más por la ansiedad que por el afecto. La ruptura no es el final de la historia, sino el comienzo. A partir de ahí, la película se pregunta qué ocurre cuando el amor deja de ser un refugio y se transforma en una adicción.

Lo mejor del guion es que rechaza los lugares comunes. Jake tiene rasgos de manipulador, pero nunca queda reducido al estereotipo del novio tóxico. Benji, por su parte, tampoco ocupa el papel de víctima perfecta. Ambos participan de una dinámica donde uno necesita dominar y el otro parece incapaz de dejar de buscar castigo. La película entiende que las relaciones más destructivas rara vez funcionan con buenos y malos; funcionan porque ambos encuentran algo que los mantiene ahí.

Ese es también su mayor acierto dentro del cine queer reciente. La orientación sexual nunca define el conflicto. Departures habla de dependencia, autoestima y soledad, temas que podrían pertenecer a cualquier historia de amor. Lo queer aparece como contexto, no como discurso.

Formalmente también evita acomodarse. Animaciones, cambios de formato y recursos visuales irrumpen constantemente sin romper el tono. Más que exhibir estilo, buscan reproducir el caos mental de un protagonista incapaz de ordenar sus propios recuerdos. No siempre aciertan, pero le dan a la película una personalidad que muchas producciones independientes ni siquiera intentan construir.

Donde sí pierde fuerza es en su insistencia. El relato vuelve demasiadas veces sobre los mismos conflictos y termina estirando una idea que ya había quedado clara. Esa repetición puede leerse como parte del propio ciclo de la dependencia emocional, aunque también resiente el ritmo.

Lo que salva a Departures de convertirse en otro drama sobre una ruptura es el humor. Un humor seco, británico, que aparece incluso cuando los personajes toman las peores decisiones posibles. Nunca busca aliviar el dolor; simplemente recuerda que, a veces, la única forma de atravesar una tragedia es riéndose de ella.

Departures no descubre nada nuevo sobre el desamor. Lo que hace es bastante más difícil: mostrar cómo algunas personas terminan confundiendo el amor con la necesidad de sentirse elegidas. Y lo hace sin moralizar, sin buscar culpables y sin ofrecer una salida tranquilizadora. Esa honestidad vale mucho más que cualquier giro de guion.

Te puede interesar