Festival de Cannes 2026
Crítica de "El ser querido": Javier Bardem y Rodrigo Sorogoyen llevan el conflicto familiar al límite
Después de As bestas (2022), Rodrigo Sorogoyen cambia de registro y presenta en Festival de Cannes una película centrada en el desgaste emocional, las relaciones familiares y los mecanismos de control dentro del mundo del cine. El ser querido (2026) abandona el thriller rural para construir un drama encerrado en sí mismo, donde cada diálogo funciona como un ajuste de cuentas.
Javier Bardem interpreta a Esteban Martínez, un cineasta reconocido internacionalmente que vuelve a España para filmar después de quince años. Ganador de premios y rodeado de prestigio, el personaje aparece como una figura admirada puertas afuera y destructiva en el ámbito íntimo. El relato gira alrededor de la relación con su hija Emilia, interpretada por Victoria Luengo, una actriz marcada por la distancia afectiva y por el peso simbólico de ser “la hija de”.
La película encuentra su núcleo en una extensa escena inicial donde padre e hija negocian el regreso profesional y personal. Sorogoyen trabaja los primeros planos como si fueran un campo de batalla emocional. Allí aparecen los recuerdos de infancia, el resentimiento acumulado y la utilización del trabajo como forma de manipulación. Emilia acepta protagonizar la nueva película de su padre mientras el director anticipa que será “duro” con ella durante el rodaje. Desde ese momento, El ser querido transforma el set de filmación en un espacio atravesado por tensiones de poder.
Uno de los aspectos más discutidos del film pasa por la decisión estética. Sorogoyen y el director de fotografía Alex de Pablo alternan formatos visuales de manera constante: blanco y negro, color, 65mm, 35mm, 16mm, 8mm y registros que imitan material documental. La propuesta intenta reflejar la inestabilidad emocional de los personajes y la confusión entre realidad, ficción y representación. Sin embargo, el procedimiento termina generando una sensación de fragmentación que afecta la progresión dramática. Lo que en un comienzo funciona como exploración visual termina acercándose a un ejercicio formal que dispersa la atención.
En medio de esa irregularidad aparece el trabajo de Bardem, que sostiene gran parte del film. Su personaje oscila entre la seducción intelectual, la violencia verbal y el autoritarismo profesional. La secuencia del rodaje bajo el sol, donde obliga a repetir una escena hasta quebrar emocionalmente a un niño actor, concentra el sentido de la película: la naturalización del abuso en nombre de la creación artística. Bardem convierte a Esteban en una figura incómoda, alguien capaz de exigir admiración incluso cuando todo alrededor empieza a derrumbarse.
Victoria Luengo responde desde un registro más contenido. Emilia carga con el resentimiento, el alcohol, la inseguridad profesional y la necesidad permanente de validación. La actriz construye un personaje que parece debatirse entre la confrontación y la necesidad de reconocimiento paterno. El problema aparece cuando el guion la desplaza del centro narrativo durante buena parte del tramo final, justo cuando el conflicto parecía necesitar su mirada.
La película introduce temas vinculados al nepotismo, el colonialismo cultural, la violencia laboral y los vínculos familiares, pero no siempre consigue integrarlos en un mismo recorrido dramático. La sensación es la de una obra que acumula ideas sin terminar de desarrollarlas. El desenlace, además, cambia abruptamente el tono y busca una reconciliación emocional que contrasta con la dureza construida hasta entonces.
El ser querido deja momentos de gran intensidad y confirma la voluntad de Sorogoyen de explorar nuevas formas narrativas. También vuelve a mostrar a Bardem en uno de esos papeles donde el carisma y la crueldad conviven en el mismo gesto. Pero detrás de esa ambición formal queda la impresión de una película que se mueve constantemente entre el estudio psicológico y el artificio visual, sin decidir del todo hacia dónde quiere avanzar.