Nueva temporada en Dumont 4040
Detrás de “Una sombra voraz”: Patricio Aramburu y Diego Velázquez “escalan” un relato escénico que transita la frontera entre la ficción y la realidad
Un viaje físico e introspectivo en escena. De un lado, el escalador Julián Vidal, en 2017, con 40 años y antes de retirarse, que quiere completar la escalada en la que murió su padre. Del otro lado, el actor Manuel Rojas, en 2021, un actor cuya carrera viene un poco estancada en los últimos años y realizará una película que cambiará su vida y le permitirá descubrir que su biografía tiene puntos en común con la historia de Vidal.
Se trata de Una sombra voraz, la obra escrita y dirigida por Mariano Pensotti, en la que Julián y Manuel son interpretados por Patricio Aramburu y Diego Velázquez, respectivamente. La puesta escénica se presenta los sábados a las 20 y los domingos a las 18 en la sala teatral Dumont 4040. Y en el marco del reestreno en cartelera, los protagonistas dialogaron con EscribiendoCine.
Desde el lugar de espectadores, reflexionamos en torno a diferentes tópicos de la historia como son las fronteras entre la realidad y la ficción, el vínculo padres e hijos, y demás aspectos. En el caso de ustedes, ¿qué preguntas les generó a nivel personal Una sombra voraz? A su vez, ¿qué fue lo que más los sorprendió de esta historia?
Diego Velázquez: Una de las cosas que más me interesa de Una sombra voraz es su apuesta por la ficción. En este momento la auto-ficción o poner en escena "la vida real" se han puesto de moda llegando a colonizar un poco la escena. No digo que estas formas no hayan dado espectáculos hermosos y valiosos, pero como toda moda, se vuelve un poco tiranía. Aunque no es algo nuevo, (tal vez con mayor tradición en la literatura) contar la propia vida logró generar un interés en el panorama actual del teatro. Quizás sea un signo de los tiempos, donde pareciera ser cada vez más difícil mirar más allá de uno mismo.
Mariano usa eso. Arma un mockumentary, toma los recursos del documental para crear una obra completamente ficcional. Una fantasía. La realidad que vivimos, que vemos y leemos en las noticias, es tan exagerada que muchas veces pareciera ganarle a la ficción. Y Mariano pone a jugar toda esa información, la hace dialogar y exagerándola aún más, le devuelve a la ficción el lugar del asombro.
Patricio Aramburu: Una de las cosas que más me sorprendió de la obra es cómo está contada, cómo van encajando los elementos que van apareciendo, cómo se van relacionando entre sí en cada acto, y cómo va sumando capas en relación a los temas que cuenta. La identidad, la representación, la idea de qué es verdad y qué es mentira, sobre todo en estos momentos, pone muy al descubierto la construcción ficcional.
Y a nivel personal eso también me generó interés en ser parte de la obra, en hacer las funciones. Me dan ganas de que se hable de eso, y que todos estos temas que aparecen se vayan desplegando a través de los personajes, no de una manera explícita, sino que las fichas vayan cayendo a medida que va transcurriendo la obra.
Así como en escena, en el marco del relato, hay un intercambio entre Julián y Manuel. Diego y Patricio, ¿qué adquirieron del otro, a nivel artístico, profesional, en base a su experiencia juntos?
D.V.: Con Patricio nos conocemos hace mucho y hacía rato que queríamos trabajar juntos. Venimos de lugares similares. Del teatro independiente. De entender la actuación desde un lugar central en la escena. Por más que la obra esté escrita, nos divierte el problema de transformarla en acción. Hacerla aparecer. Fue un trabajo intenso pero muy fluido. Este texto juega con cierta cotidianeidad, o verosimilitud con la realidad, y la actuación también tenía que ir por ese carril. Y en ese verosímil teníamos que encontrar los matices y los ritmos para que la atención del espectador se pudiera sostener. Con los ensayos fuimos entendiendo la particularidad de este dúo, ya que a pesar de que tenemos muchas escenas donde los personajes no interactúan, nosotros debíamos redoblar la atención en el otro como compañero. En gran parte de las escenas no nos vemos, los personajes están en situaciones diferentes. Se volvió un trabajo casi musical, rítmico. Una especie de dúo que canta la misma canción, pero en muchos momentos lo hacen en escenarios diferentes. Es inevitable que en un trabajo de dos no estés en relación al otro todo el tiempo.
P.A.: Con Diego nos pasó que ya habíamos tenido un par de intentos de trabajar juntos, y por una cosa o por la otra no se había dado, ¡finalmente lo concretó Mariano Pensotti que nos convocó a los dos! Creo que somos muy parecidos en cómo nos enfocamos en el trabajo, en lo que hay que hacer. Esa cosa media mimética que va pasando entre los personajes, entre Julián y Manuel, que hay como un intercambio que no se sabe por dónde va a aparecer, en escena me pasa con Diego. Sé que él va a estar en todo momento ahí, muy presente, entonces, se hace muy fluido el juego de actuar. Los dos vamos avanzando a lo largo de la obra, pero sabiendo que el otro está. Es como si los dos tuviéramos anteojeras, en el buen sentido de la palabra, dándole para adelante y sabiendo que el otro va a responder al mismo nivel.
Durante la función, uno puede viajar a la montaña, tanto como escenario de la travesía real como set del film, ¿qué recursos, propios o externos, los ayudan a realizar dicho viaje en escena?
D.V.: Creo que es la imaginación la que me permite habitar la actuación, la obra. Por más que uno pueda encontrar algunas analogías con su propia experiencia, al momento de actuar es la imaginación, la fe en ella, la que hace que uno pueda creer eso que hace. Y las ganas de que los espectadores, quienes ven y escuchan la obra, puedan también imaginar y creer eso que estás haciendo.
P.A.: Es una hora y media que estamos todo el tiempo en escena los dos, no hay posibilidad de irse físicamente ni emocionalmente ni con la cabeza. Porque si te vas de estar en el presente, la obra te pasa por encima. Después, los recursos personales tienen que ver con imágenes que van apareciendo, y que ya tengo asociado determinado momento a determinada imagen. Muchas veces tienen que ver con algo puntual que está en el relato, y también hay cosas que son muy aleatorias y se me hacen muy presentes al momento de transitar eso. Me sirve para apoyarme y, a su vez, me sucede medio genuinamente, lo construí en relación a esa asociación y se me hace presente cada función.