2025-11-12

Salas

Crítica de "Muña Muña": Paula Morel Kristof y el deseo en la soledad rural

En Muña Muña (2025), Paula Morel Kristof desplaza el centro de la mirada hacia un territorio poco narrado: la vida interior de una mujer madura en un entorno rural. Olga, interpretada por Liliana Juárez, es una enfermera que convive con su hijo Rubén en El Mollar, Tucumán. La inminente partida del joven para estudiar en el extranjero se convierte en el punto de inflexión de una rutina marcada por la espera y la entrega. El encuentro con Stefano (Vincent Joel Degelcke), un turista francés, abre una grieta en esa cotidianidad. A través de pequeños gestos y silencios, el film explora el deseo reprimido y la contradicción entre la maternidad y la búsqueda personal.

Morel Kristof apela a un tono contemplativo, sostenido por planos fijos y una fotografía que dialoga con el paisaje tucumano como extensión del estado emocional de Olga. Las montañas, los valles y el viento no funcionan como postales sino como espacios de resonancia interior, donde el paso del tiempo se vuelve visible en la materia.

La dirección evita el dramatismo: apuesta por la observación y el silencio. Las pausas, los gestos, la respiración de los cuerpos dicen más que las palabras. Ese registro íntimo construye una narrativa que se sostiene en la presencia física y emocional de Juárez, capaz de condensar deseo, culpa y ternura contenida sin recurrir al subrayado.

Muña Muña es una obra sobre la fragilidad del vínculo entre deseo y pertenencia. Paula Morel Kristof captura la tensión entre lo que se desea y lo que se debe, entre la maternidad y la autonomía, entre el cuerpo y la tierra. Desde su mirada pausada, la película interroga los límites de la edad, del amor y de la soledad sin necesidad de gritar respuestas.

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