Entrevista con Tonatiuh, protagonista de la adaptación de Bill Condon
Entre el deseo y la memoria: Tonatiuh revive a Molina en la nueva versión de "El beso de la mujer araña”
Transposición de la novela de Manuel Puig (previamente llevada al cine por Héctor Babenco, en 1985), El beso de la mujer araña (Kiss of the Spider Woman) versión 2025 no toma grandes distancias de la célebre novela del autor de Boquitas pintadas y La traición de Rita Hayworth, a excepción de un final que podrá generar ciertos reparos (sobre todo, para los amantes de la fidelidad al texto original). Se trata de un retorno al universo de Valentín (Diego Luna), un preso político que recibe como compañero de celda a Molina (Tonatiuh), joven homosexual que evade la realidad gracias a su desbordante cinefilia, orientada sobre todo hacia los grandes musicales de antaño. Surge, entonces, una dialéctica entre la amargura cotidiana y entre la ilusión de la imagen proyectada.
Este diálogo exclusivo con Tonatiuh comienza no con su experiencia actoral, sino con su deseo de ampliar su conocimiento gastronómico ni bien llegue a nuestro país. Rememora sus días de rodaje en Uruguay: “No me pude atascar porque no podía ganar peso, pero había un pastel, el Mil hojas, que trajeron para celebrar el final de la película, el último día, y recuerdo cómo lo gocé, me lo comí como si fuera la primera vez que lo comía”, dice el actor entre risas.
En esta película, al igual que le ocurre a tu personaje, nos activa la memoria que tenemos de los films que recordamos, que en general vimos desde la infancia y que quedaron ahí, en nuestra memoria. Me gustaría saber cuáles fueron tus referencias. ¿Qué sentimientos cinéfilos despertaron en vos componiendo este personaje?
Conocía la palabra cinéfilo en inglés, pero nunca supe cómo decirla en español, y me agrada tanto que lo dijiste. Es que a mí me encantan las películas, me encantan, y para crear el personaje de Kendall, el personaje que vive adentro de ese mundo, primero comencé a ver todos los musicales que yo amaba, pero también debí entender los musicales que Bill quería contar. Entonces vi Les Girls, Singing in the Rain, pero para encontrar el trauma del personaje Kendall, me acordé de una película que se llama The Heiress, con Olivia de Havilland, y tiene a Montgomery Clift. Y él se mueve en esa película con tanto dolor. Y como persona real, él tenía dolor también. He oído que estaba dentro del clóset. También quise bailar como Gene Kelly, y le robé el pelo a Errol Flynn, porque quise vivir ese mundo. Cada mañana antes de entrar al trabajo, a la parte del musical, tenía una película antigua para asegurar que tuviera esa esencia, porque es una diferente forma de actuar, tiene diferentes técnicas, y tiene diferentes acentos, así es como me preparé con eso.
Pienso en otra película de Bill Condon, Dioses y Monstruos, en la que también hay un acercamiento entre un hombre heterosexual y un varón queer o gay. Y en ese encuentro se produce algo maravilloso, que también tiene que ver con el universo cine. Evidentemente, Bill tiene una sensibilidad muy particular para adentrarse en este tipo de vínculos. ¿Cómo fue trabajar con él?
Bill es uno de los últimos artistas que hay. Él en realidad ama el arte más que nada, y ama la humanidad, y pone ambas cosas juntas. Él es un director para actores. Comenzamos por sentarnos juntos dos veces, la primera vez con el guión del musical, y la segunda vez con el guión de la película, y pasamos horas dialogando sobre cada página, cada intención, cada chiste, cada referencia, cada impacto de una escena, y él no tiene un ego como mucha gente sí lo tiene. Había una escena que cortamos, porque Diego y yo encontramos algo adentro, sin palabras, emocionalmente. Hicimos lo que él necesitaba de esa escena, y él dijo, ‘la vamos a cortar hoy, no la necesitamos, y ustedes ya lo encontraron’. Para muchos escritores que también son directores, la palabra es tan preciosa que no se puede quitar ni una sola, pero él es muy fluido con su forma de pensar, y aunque no es actor, él entiende mucho la experiencia de un actor, entonces comunicarnos con él fue muy fácil, fue uno de los honores de mi vida. Qué maravilloso.
Tu personaje tiene este halo de seducción en este contexto, donde en general uno no imaginaría que se puede dar una situación amorosa, y también tiene un vínculo muy maternal. Él añora el encuentro con su madre, pero en la cárcel -de alguna manera- él se ubica también en un rol materno. Es un personaje que tiene muchas aristas. ¿Cómo fue conocer a tu personaje? ¿Cómo fue transitar un personaje que tiene un arco dramático increíble, que termina haciendo cosas que quizás nunca hubiera creído que iba a hacer?
Guau, me encanta esta pregunta porque sabes que nadie me la ha hecho. Y notaste algo que en realidad yo pensé. Porque en cierta forma, cuando primero conoces a Molina, tiene defensas; todos tenemos una máscara que nos protege del mundo, y para Molina son sus chistes y su inteligencia, porque su cuerpo de defenderlo nunca va a poder hacerlo, ¿no? Entonces trata de entretener a Valentín, trata de conectarse, pero no puede encontrar la entrada. Y después ya, cuando tiene su primera pelea, la máscara comienza a caer, y por primera vez yo creo que alguien, a partir de su madre, ve su humanidad. Y eso es muy raro, cuando te encuentras desnudo en frente de otra persona. El amor tiene tantas diferentes formas de expresarse, y el único amor que Molina ha experimentado en su vida es de madre. Entonces la única forma de enseñar amor es como si fuera una madre.
Especialmente cuando Valentín estaba enfermo, lo tuvo que cuidar de esa forma. Entonces tuve yo muchas conversaciones con Dennis, que hace mis pelucas, y le dije ‘en este momento necesitamos un look con el cabello distinto para poder darle amor a esta persona’. Y entonces lo pusimos arriba y le dimos una cosita para asegurar que tenía esa esencia de amor maternal. Pero cuando las cosas estaban cambiando y ese amor se convirtió en algo sexual, o más íntimo, entonces dije, ‘hay que desarrollar el pelo’. Y hasta me di de comer un poquito más para que se me rellenaran los cachetes y no me viera tan feo. Fueron muchos detallitos que en realidad pensé, porque en cierta forma en esa película, Diego era el actor principal, pero yo era la actriz principal.
Entonces tuve que pensar cuáles son las responsabilidades del rol de una actriz y cómo puedo hacer como algo queer, de hacer ambas cosas, de tener esa masculinidad y la feminidad cuando la historia la necesitaba.
Hablas de la feminidad, de la masculinidad, y las películas que imaginan tanto Valentín como Molina tienen algo de la estética camp, en donde no solamente la feminidad está muy exacerbada, también la masculinidad, y en ese sentido creo que hay un gran trabajo de Jennifer López, que ha sido como una impulsora de este proyecto. Ella, de alguna manera, se desarma de sus modos de coreografiar y de cantar, y hace algo realmente novedoso. ¿Cómo fue trabajar con ella, atendiendo este proceso en donde ella también debe de alguna manera desaparecer?
Lo que se me hace muy curioso es que mucha gente dice que actúa como si fuera la primera vez que Jennifer desaparece, y aunque sí desapareció bastante en este rol, ella tiene toda una carrera de desaparecerse. Ella en realidad entiende cómo cambiar su figura para ser de una diferente clase, pero también sabe cómo prender la diva, sabe cómo prender la artista superestrella en el Súper Bowl. Entonces, ella entiende el arte y la artesanía de crear un personaje increíblemente bien. Y con esto, la os tres nos dieron el trabajo de un sueño de cualquier actor, que es regresarnos a una época que ya no existe, regresarnos en tiempo. Ella tuvo la oportunidad de bailar como Rita, o bailar como Chita o como Marilyn Monroe. Tuvo esos momentos Mi número favorito que hicimos fue Give Me Love, donde ella tiene el pelo de Marilyn Monroe. A mí me encantó, yo dije ‘wow’ y aplaudí en el teatro cuando lo vimos por primera vez. Hay algo que hicimos en esta película, Diego, Jennifer y yo, que tuvo mucho amor, pero también necesitaba mucha técnica y mucha maestría para contar esta historia.