2025-05-15

Festival de Cannes - Película de apertura

Crítica de “Partir un jour”: Una comedia muy francesa que cruza el cine de autor con el arte popular

Partir un jour (2025) es el primer largometraje de la joven directora Amélie Bonnin. Con referencias sutiles al cine y a la música popular francesa de los años setenta, la película propone un cruce original entre el cine de autor y las formas de expresión masiva.

Bonnin retoma y expande el universo de La Bande des Français, su cortometraje galardonado en festivales y en los premios César. En esta transición al largo, los personajes mantienen su esencia, aunque cambian de roles: el protagonismo femenino del corto se vuelve masculino en el film, mientras que el elenco permanece. Juliette Armanet, cantante y actriz que ya se había destacado en la obra previa, aporta presencia, energía y matices cómicos a este nuevo relato.

La historia sigue a Cécile, una reconocida chef que está por inaugurar su restaurante en París. Poco antes del evento, descubre que está embarazada de apenas quince días. Al mismo tiempo, su padre —propietario de un modesto restaurante en provincias— sufre un infarto. Cécile viaja para verlo, pero decide no contarle la noticia a su pareja.

El regreso al pueblo natal y el reencuentro con sus amigos de la adolescencia, que aún permanecen aferrados a una vida inmadura, trastocan su estabilidad emocional. A lo largo del relato, las canciones de los setenta no operan como simples decorados nostálgicos, sino como bisagras dramáticas: marcan momentos de quiebre, hablan de relaciones rotas, del duelo frente a la enfermedad del padre y de los vínculos que resisten o no al paso del tiempo.

El embarazo se convierte en eje de conflicto: Cécile nunca quiso ser madre —algo que había manifestado con claridad—, pero su pareja, que en un principio aceptó esa decisión, ahora expresa su deseo de paternidad.

Arraigada en códigos culturales franceses —desde los diálogos hasta la banda sonora—, Partir un jour podría desafiar a públicos no locales. Sin embargo, el equilibrio entre la comedia y el drama íntimo, así como la construcción emocional de sus personajes, ofrece una experiencia de resonancia universal.

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