Sala Cunill Cabanellas - Teatro San Martín
Los Pipis al frente de “Pasión”, una poética y vertiginosa batalla en escena
Una revolución artística bajo tierra se vive cada noche veraniega, de miércoles a domingo, en el Teatro San Martín. Es que, en la Sala Cunill Cabanellas, que se ubica en uno de los subsuelos del Complejo Teatral de Buenos Aires, se emplaza un escenario concreto, pero, también, un campo de batalla, un hogar, un refugio. Allí, durante casi dos horas, se lleva a cabo Pasión, una tragedia argentina, la nueva obra de la aventurada compañía teatral Los Pipis que, a su vez, representa su incursión en el teatro público y el cierre de su trilogía de las pasiones, comenzada por El mecanismo de Alaska y seguida por La conquista de Alaska.
Con su efusividad y simpatía, Federico Lehmann y Matías Milanese, integrantes de Los Pipis, y realizadores y protagonistas de Pasión, una tragedia argentina, reciben al público al ritmo de hits románticos. Minutos más tarde, con los espectadores ya sentados en sus respectivas butacas, la música de Stevie Marinaro, la iluminación de Miguel Coronel, y la escenografía y el vestuario de Micaela Sleigh, crean el ambiente ideal para adentrarse en una historia tan cautivante como vertiginosa.
Una madre se reencuentra con su hijo, quien llega para confesarle su traición en una última noche. Un padre intenta aferrarse a su pasión para no hundirse en un profundo escepticismo sobre el mundo. Dos jóvenes recuerdan la lejana noche cuando se declararon un amor imposible. Una familia revive un viejo mito sobre un par de guantes mágicos mientras afuera se desata una guerra. Así, Lehmann y Milanese, junto a Matilde Campilongo, Luis Longhi y Camila Marino Alfonsín, interpretan y narran el entrañable y trágico relato escénico.
En sus espectáculos ponen mucho de ustedes. En “Pasión…”, ¿prevalece la ficción, la realidad, o hay una fusión? ¿Cuáles fueron los disparadores para su creación?
Matías Milanese: Buscamos poner en valor la potencia de lo cercano y de lo propio. Entonces, con ese estandarte, siempre tenemos ganas de trabajar lo que nos viene conmoviendo, sin irnos muy lejos. Fue así en El mecanismo de Alaska y en La conquista de Alaska y, ahora, teníamos muchas ganas de actuar personajes; también le prestamos mucha atención a las cosas que nos empezaban a dar miedo del contexto en el que vivimos. Pasión… está condimentada por las ganas de actuar, de entrar y salir de un personaje, de ser nosotros, de ese diálogo, y del contexto que nos pide ir a la guerra.
Federico Lehmann: Además, pensando en este espacio, el Teatro San Martín, que tiene mucha historia, y parte de esa historia tiene que ver con el teatro de representación, con el teatro clásico. Fue un poco el juego propuesto, acercarnos a esas formas de hacer teatro, adaptarlas a las que tenemos nosotros, y ver qué surgía de esa mixtura.
¿En qué momento de la historia de Los Pipis se da su llegada al San Martín?
M.M: Nosotros empezamos en 2019 con la compañía, Pasión… se dio en un momento muy lindo. Para realizarse El mecanismo de Alaska ganó el premio del Complejo Teatral de Buenos Aires, entonces, ahí fue un primer acercamiento a este espacio. Después, La conquista de Alaska se hizo en Fundación Proa. Asimismo, nos llamaron porque nosotros hicimos Las jóvenes promesas en El Cultural San Martín, que estuvo hermosísimo. Y nos contactaron para actuar en Edmond, una obra que reabrió el Teatro Presidente Alvear. Por lo tanto, había algo de que estábamos acá, dialogando con este espacio y fue: “Che, ya estamos acá adentro, ¡les queremos contar que tenemos una trilogía, esta tercera parte!”
F.L: Sí, y sobre todo porque la trilogía se nutre mucho de los métodos de producción del teatro. Hubo algo de que la primera parte sea en el circuito independiente, la segunda en el circuito privado, y ahora llegar al teatro público, ¡era muy lógico y muy nutritivo para la trilogía!
¿Qué es lo que perdura de Los Pipis desde su origen? ¿Y qué se fue resignificando a lo largo del tiempo?
F.L: Perduran las ganas, el entusiasmo y el amor por el teatro, algo muy genuino y que todo el tiempo tratamos de rescatar, de volver a traer, y de recordarnos por qué hacemos lo que hacemos. Tiene que ver con lo que nos acercó, en un principio, del teatro. Y lo que se fue perfeccionando fue el equipo, en el sentido de que empezamos a conocer más personas, estuvimos abiertos a más miradas sobre cosas más particulares y específicas, por ejemplo, sobre vestuario, escenografía, que en un comienzo lo hacíamos más solos.
M.M: Se sostiene el uso del cuerpo como principal elemento dentro de lo escénico. Es algo que nos obsesiona, que nos interesa extremar, ver todas sus posibilidades. Y algo que se fue encontrando de nuestro trabajo dentro de esta trilogía fue cómo hacer que eso no fuera simplemente un cuerpo diciendo algo. En Pasión… son personajes, invitamos cuerpos que no venían haciendo lo que hacíamos nosotros, a ver cómo convivían con este lenguaje. ¡El resultado nos tiene muy contentos!
Se suele hablar de aquello que entregan los artistas al público, pero, ¿cómo reciben ustedes la respuesta del público, considerando que debutaron con entradas agotadas en muchas funciones?
M.M: No tengo mucha idea de entradas agotadas y esas cosas, pero sí creo que un éxito es haber podido contar una trilogía, o sea, que dos pibes de 30 años hayan podido decir, "Che, tenemos tres obras que tienen un punto de vista”, ¡eso es gracias al público! Es gracias a la gente que nos viene siguiendo desde que hacíamos Perritos de porcelana en una plaza. Sí siento que tenemos un público muy apasionado, al que le hablamos y al que nos interesa escuchar. Siempre charlamos después de la función con la gente que viene a ver nuestras obras.
Hay algo que cuento y me parece lo más importante que me pasó en el teatro. Una piba vino una vez a ver Perritos de porcelana y, a la semana siguiente, volvió con 10 personas, me miró y me dijo: "Vine con todas esas personas, mi familia." Yo le respondí: "¡Wow! ¿Por qué trajiste a tu familia a ver una obra sobre putos?". Y me planteó: "Porque quería que mi familia entendiera en qué ando”. Ahí vi que el público estaba encontrando una representación en esto. A mí me hubiera encantado, de chico, decir: "Voy a llevar a mi vieja a que entienda en qué ando", ¡simplemente viendo una obra de teatro!
Partiendo del título de la obra, pero pensando en sus propios caminos y profesiones, ¿qué los apasiona de lo artístico?
F.L: Siempre me apasionó, o creía que me apasionaba, actuar, escribir y dirigir, como cosas por separado. Y justo el otro día, charlando y debatiendo, llegué a una conclusión, lo que hoy me apasiona es seguir desplegando esta forma de hacer teatro que construimos, que es bastante particular, que está muy ligada a nuestra identidad personal y en conjunto, más allá de si tiene un público enorme o pequeño, si conmueve o no, si falla o no, porque muchas veces probamos mucho en las obras que hacemos. Hay algo de poner el cuerpo en estas obras, tienen una dinámica muy física, con mucho texto, estamos todo el tiempo tirándonos unos arriba de otros, esa lógica de juego hoy me apasiona muchísimo.
M.M: A mí me apasiona contar historias que me hubiera gustado que me contaran cuando era más chico. Me apasiona mucho abrir mundo, hacer residencias artísticas en las que se anotan 300 personas y conformamos elencos de 12 o 15, con gente que no se hubiera conocido si no hubiera sido por la obra, ¡eso me vuelve loco! También, un poco en línea con lo que decía Fede, me apasiona crear desde un lugar en el que todo el tiempo estamos debatiendo algo. Es decir, yo no tomo la decisión final de nada, él tampoco, la tomamos juntos. En tiempos de mucho individualismo, es re interesante ver cómo se puede crear algo poniéndote de acuerdo con un otro. Nosotros vemos el teatro y la vida de formas muy diferentes, ahí aparece la potencia de lo que hacemos Los pipis.
Por último, pensando en la arista de la tragedia, que titula e integra esta obra, ¿qué significa para ustedes, dentro del arte?
M.M: ¡Es divertidísimo! De hecho, es lindo alejar la tragedia, que no tiene que ver con la modernidad, la pantalla, lo blanco, ¡se me viene a la cabeza Apple! Se aleja de todo lo que nos proponen como nuevo, como una historia que ves en 15 segundos. La tragedia necesita un desarrollo, un cuerpo, necesita que le prestes atención. Creo que la tarea de todo artista en este momento es tratar de lograr que la gente pueda prestar atención a las cosas, que pueda romperse la cabeza para tratar de entender algo que no se le de per se.
F.L: Por lo menos como lo tomamos en la obra, la tragedia parece una forma de representar una especie de presagio, medio al que le temo, o le tememos. Es un poco de miedo de pensar qué pasaría si se polariza tanto un sentimiento, o se lleva a límites en los que pareciera no tener retorno, como pasa en muchas tragedias clásicas, pero, en este caso, en una lógica contemporánea. Ahí hay algo trágico, un punto de no retorno que se lleva puesto todo y arrasa. Es el mundo operando sobre esos cuerpos, para que tomen esas decisiones, para que se lleven a ese límite, para que termine en una situación trágica.
Tomar nota
Pasión, una tragedia argentina se presenta de miércoles a domingos, a las 20.30, en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín, ubicado en Avenida Corrientes 1.530, Capital Federal. Entradas a la venta en la boletería y en el sitio web Entradas BA.