2024-09-18

Un drama familiar que desnuda las vulnerabilidades ocultas

Mariana Wainstein retrata las tensiones de una familia aparentemente perfecta en su ópera prima “Linda”

Una casa de clase alta en zona norte. Una joven cautivante de gran belleza, apodada Linda (“China” Suárez), comienza a trabajar como empleada doméstica y despierta un magnetismo un tanto fuera de lo normal en cada uno de los miembros de la familia (Rafael Spregelburd, Julieta Cardinali, Minerva Casero, Felipe Otaño). Consciente de su encanto, maneja discretamente ese poder de seducción con cada uno por separado, pero se va enredando en la atracción y la pena que siente por ellos. Esta es la sinopsis de la ópera prima de Mariana Wainstein, titulada Linda (2024) donde, en el marco de la ficción, se develan las complejidades de una familia aparentemente perfecta.

“No todo queda en familia”. Esa es la premisa de Linda, ¿en qué circunstancias nace tu ópera prima?
Sí, la película habla de una dinámica familiar que entra en crisis por una persona externa, que modifica un poco toda esa armonía aparente. Me apasiona mucho hablar de los personajes, del funcionamiento interno de la familia, en relación a todo lo que pase afuera. Ahí siempre hay mucha tela para cortar. En este caso, la propuesta también está atravesada por temas que tienen que ver con cosas que me interesan en torno a la sexualidad, al lugar de la mujer. Hay un paralelismo muy grande que se hace entre las mujeres que están en la casa, cómo ven la vida, las posibilidades que tienen, sus sexualidades. Estas cuestiones de mi más profundo interés tuvieron la oportunidad de llevarse adelante en una iniciativa que la productora Pampa tenía ganas de hacer, que me propusieron escribir y trabajar.

Si bien se trata de tu primer largometraje como directora, llevás varios años en el mundo audiovisual, por ejemplo, a través de cortometrajes y series, ¿qué herramientas adquiriste en tus experiencias previas y tuviste en cuenta para la dirección de Linda?   
El cine es un oficio y a medida que uno gana experiencia y va probando, frustrándose, experimentando, va ganando seguridad y entendiendo un poco más qué y cómo quiere contar. Nunca llegás a ver muy bien la cantidad de posibilidades que hay, pero me parece que es un camino que se va ajustando, va cambiando, y a partir de los distintos equipos con los que uno trabaja va nutriéndose mucho de formas de expresar lo que uno quiere. Así que, para mí, fue fundamental hacer todo ese recorrido y llegar a la película con una idea muy clara, o por lo menos con una idea a trabajar con todo el equipo, cómo quería tratar el tono, los personajes y hacia dónde encararlo.

El desarrollo del personaje de Linda no solo nos permite conocerla a ella sino, también, visibilizar luces y sombras de los distintos miembros de la familia, ¿en qué cuestiones focalizaste para la dirección del elenco?
Para mí, el trabajo con los actores es algo fundamental y de lo más maravilloso que tiene hacer una película, poder armar un lazo con cada uno y experimentar diferentes cosas para ir encontrando juntos. Se va generando un ida y vuelta que genera un potencial en la película. Con cada uno del elenco trabajamos muy en detalle, viendo de qué forma se iban a generar las tensiones, cómo se iban a mostrar cada una de las facetas. Todo desde un lugar sumamente sutil, sugerido y opresivo. Lo abordamos mucho desde los gestos. Y me interesaba la construcción del poder dentro de la casa, cómo se cambian los roles.

Uno de los conceptos del filme es la atracción, llevándolo a tu camino artístico y profesional, ¿qué te cautiva de tu labor y del séptimo arte?
¡Me cautiva el cine! Estudié desde muy chiquita en el Instituto Vocacional de Arte, hice teatro, escribí poesías. Tengo un camino de dedicarme a contar historias, que viene de larga data. Fui encontrando un rumbo que tenía que ver con lo audiovisual, y fui descubriendo diferentes oportunidades para filmar y estar en contacto con distintos equipos de filmación. Entonces, creo que fue un poco nutrir la pasión y entender que el cine es una de las herramientas más hermosas de comunicación, de transmisión de enseñanzas, sensaciones y universos. El cine es mágico en muchos sentidos, y casi que es un privilegio poder hacer películas. Cuando se logra eso es hermoso, sino es muy difícil, sobre todo en este momento.

A la hora de tomar tus decisiones en este camino, ¿cuál es el porcentaje mente-corazón, es decir, de lo emocional y lo racional? 
No hay nada más hermoso que compartir una idea y que el resto del equipo que uno armó potencie eso, que se genere algo mucho más grande. Para eso, es necesario volar alto, pero también bajar las ideas a tierra, que sean algo posible. Eso es mucho aprendizaje, lograr una lógica para que todo eso que uno imaginó se vuelva real. A veces hay que hacer pequeñas negociaciones, por temas de presupuesto hay que modificar cosas, es parte de este trabajo y de esta industria. Tiene que ver con ir adaptando eso que surgió en un momento, llenándolo de realidad, es un pasaje de lo que no existía a algo real.

Tras el debut de Linda en el 49º Festival Internacional de Cine de Toronto, dentro de la sección Discovery, ¿qué destacás de la experiencia?
Estar en el Festival de Toronto fue realmente un sueño convertido en realidad. Primero, es uno de los festivales más hermosos e importantes, lleno de diversidad. Todo el equipo de programadores y coordinadores tienen una alegría, un talento y una generosidad que, ya de por sí, estar ahí es un placer. Después, hay un intercambio fascinante con un montón de gente de todo el mundo. A mí, que estoy en Argentina, me impresionaba que físicamente estamos tan lejos y hay tanto ocurriendo en paralelo, hay tantos sacrificios por hacer una película. Fui a ver varias películas y escuchaba a cada director contando lo que le implicó hacerla, toda su búsqueda. Uno abre la cabeza y toma perspectiva de que esto es así en un montón de lugares del mundo. Los festivales son la conexión para llegar a esas historias, así que es un privilegio poder ver esos filmes y charlar con esos profesionales.

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