2024-08-14

Gaumont

Crítica de “Cabeza parlante, boca muda”: un ejercicio de memoria en busca de la identidad

Por un lado, la convertibilidad; por el otro, la unificación. Atentados terroristas y grupos neonazis; indultos a militares y mundiales de fútbol. Todos estos eventos ocurrieron en el mismo periodo, pero en países con idiosincrasias diferentes. Los vemos en paralelo, mediante un brillante uso de material de archivo que habla por sí solo, acompañado por la narración de la directora, quien, a pesar de haber vivido en Alemania, no parece haber perdido detalle de lo que sucedía en su país de origen.

Los turbulentos cambios políticos y sociales sirven como reflexión para entender que, finalmente, todas las personas y sociedades tienen la necesidad de conocer su propia historia y ejercitar la memoria para encontrar lo más básico: la pertenencia cultural. Es inevitable que donde uno resida pueda convertirse en un hogar, pero la identidad reside allí donde se manifiesta la memoria de una persona o de un pueblo.

Lo más destacado del documental Cabeza parlante boca muda (2024) es el montaje y la selección de los videos de archivo por parte de Matilde Michanie. Las historias paralelas de los dos países son interrumpidas por momentos con material propio, sin palabras pero con subtítulos. Ese silencio ofrece un espacio para procesar tantas situaciones caóticas y recordar que estamos presenciando la historia de una persona que, desde lo más pequeño, busca expresar lo más grande.

Resulta sumamente didáctico y recomendable reflexionar sobre todo lo que puede ocurrir en tan solo trece años, en lugares que parecen no estar conectados. Si una vivencia particular puede hacerlo, es porque una sociedad es más que la suma de sus partes, y activar la memoria debe ser una herramienta de fácil acceso. Un pueblo sin pasado está condenado a repetir la historia.

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