Filmin

Crítica de "Los ilusos": Todas las películas hablan de amor

En "Los ilusos", Jonás Trueba sigue a un cineasta treintañero entre proyectos que no se concretan, amistades y relaciones amorosas. La película entrelaza ficción y huellas del rodaje para explorar cómo la vida cotidiana alimenta el deseo de hacer cine.

Crítica de "Los ilusos": Todas las películas hablan de amor
jueves 08 de octubre de 2026

En Los ilusos (2013), su segunda película después de Todas las canciones hablan de mí (2010), Jonás Trueba explora el tiempo que transcurre entre un proyecto y otro, cuando hacer cine consiste también en esperar, conversar y convivir con la incertidumbre. En ese intervalo sitúa a León (Francesco Carril), un director treintañero que deambula entre películas, proyectos que no se concretan, encuentros con amigos y relaciones amorosas que terminan o empiezan.

La historia recupera el esquema de «chico conoce chica», pero lo integra en una vida que carece de la organización que suele imponer el relato cinematográfico. El amor comparte espacio con las conversaciones sobre cine, las salidas y las dudas acerca del trabajo. Trueba observa cómo esas experiencias se entrecruzan y encuentra en su discontinuidad una forma de narrar.

Rodada en blanco y negro, Los ilusos deja a la vista las marcas de su construcción. La textura de la imagen y la aparición de elementos del rodaje establecen un intercambio entre la ficción y el proceso de filmarla. Una claqueta puede señalar el comienzo de una escena; una intervención musical, detener el curso de la acción. La película permite que el espectador siga a los personajes y, al mismo tiempo, advierta el dispositivo que los pone en escena.

La estructura se organiza en fragmentos que conservan cierta autonomía, aunque participan del recorrido de León. Placas con nombres, textos sobreimpresos y aperturas y cierres de iris que remiten al cine mudo funcionan como puntuaciones del relato. Estos recursos modifican el ritmo y proponen distintas maneras de entrar en cada situación. La cohesión surge de la circulación de los personajes, de sus conversaciones y de las preguntas que reaparecen.

El amor, la muerte, la amistad y el cine forman parte de esos diálogos sin convertirse en asuntos que la película deba resolver. Los personajes hablan desde sus experiencias, tantean ideas y se contradicen. El humor introduce distancia frente a sus aspiraciones y permite que Trueba examine también los lugares comunes del cine independiente: la incertidumbre elevada a tema, la conversación como motor narrativo y la dificultad para separar la creación de la vida cotidiana.

Los ilusos encuentra su sentido en esa relación entre lo que cuenta y cómo decide contarlo. Las interrupciones y las huellas del rodaje acompañan a personajes cuyos proyectos tampoco avanzan de manera continua. Trueba hace del tiempo entre películas una película: un espacio donde trabajar, enamorarse y sostener los vínculos forman parte de una misma búsqueda.

8.0
Te puede interesar
Últimas noticias
MÁS VISTAS