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Crítica de “A cualquier precio”: Yahya Abdul-Mateen II y Mark Wahlberg en una Mississippi en llamas

Elegance Bratton (“The Inspection”) dirige este hiperviolento thriller policial ambientado en el Mississippi de los años sesenta, atravesado por el odio racial y la violencia de los supremacistas blancos.

Crítica de “A cualquier precio”: Yahya Abdul-Mateen II y Mark Wahlberg en una Mississippi en llamas
martes 06 de octubre de 2026

A cualquier precio (By Any Means, 2026) está basada en un caso real ocurrido en Mississippi en 1966. Luego del asesinato de un líder de la comunidad afroamericana (Giancarlo Esposito), el FBI, preocupado por limpiar su imagen, contrata a Greg Scarpa (Mark Wahlberg), un sicario de la mafia, para secundar al detective afroamericano Wayne Strider (Yahya Abdul-Mateen II) en la búsqueda de los responsables. Lo que comienza como un relato sobre la violencia racial en el sur de Estados Unidos termina transformándose, casi inesperadamente, en una suerte de Arma mortal (Lethal Weapon, 1987).

El odio racial está más vivo que nunca en el sur de los Estados Unidos de los años sesenta. La brutalidad de los supremacistas blancos contra la comunidad afroamericana es sistemática, mientras que el agente Strider poco puede hacer frente a la ceguera voluntaria de sus propios colegas. Sus superiores, con Roy K. Moore (David Strathairn) a la cabeza, le ordenan trabajar junto a un agente encubierto contratado para mejorar la imagen del FBI. El problema es que Scarpa utiliza métodos poco ortodoxos, cuando no directamente brutales, para encontrar a los responsables.

La ideología que plantea la película resulta incómoda: en un contexto donde las instituciones son incapaces de garantizar justicia, la violencia parece ser el único camino posible para combatirla. De ese modo, el film termina justificando los métodos extremos del personaje de Wahlberg, ante la sorpresa y el rechazo inicial de su compañero. Sin embargo, el guion de Sascha Penn introduce una dosis de humor en esta pareja despareja de policías y consigue quitarle algo de solemnidad y crueldad al relato. El drama social deja entonces espacio para efectivos momentos de buddy movie, sostenidos por la química entre el siempre carismático Wahlberg y Abdul-Mateen II. El vínculo entre ambos funciona como contrapeso de una historia donde la frontera entre el bien y el mal se vuelve cada vez más difusa.

La película no deja de ser, en definitiva, un relato de venganza de ojo por ojo en el que la noción de justicia queda progresivamente desdibujada. La violencia aparece como respuesta inevitable frente a un sistema que también ejerce violencia, aunque desde una posición institucional. El problema es que A cualquier precio parece encontrar su mayor atractivo justamente en aquello que intenta cuestionar: la idea de que para combatir la brutalidad no queda otra alternativa que responder con más brutalidad. Y cuando la sangre se paga con sangre, la justicia puede terminar pareciéndose demasiado a la venganza.

7.0
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