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Crítica de "Ni contigo ni sin mí": un enredo que pierde fuerza entre la comedia y el drama

María Ruiz debuta en la dirección con una comedia de equívocos que reúne un reparto solvente y una premisa con potencial, pero que se dispersa entre distintas tonalidades sin desarrollar plenamente ninguna. Entre malentendidos, relaciones rotas y personajes en busca de una nueva oportunidad, la película transita un terreno intermedio que limita tanto su capacidad para generar humor como para profundizar en sus conflictos emocionales.

Crítica de "Ni contigo ni sin mí": un enredo que pierde fuerza entre la comedia y el drama
EscribiendoCine-Noticine
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viernes 17 de julio de 2026

En un verano tan caluroso como el español de 2026, se recomiendan ventilación, abundantes líquidos y ropa ligera. Algo de esa ligereza atraviesa también Ni contigo ni sin mí (2026), debut en la dirección de María Ruiz, que parte de una premisa con potencial para la comedia de enredos pero termina dejando una impresión fugaz.

La historia se pone en marcha cuando Ernesto recibe los papeles del divorcio el mismo día de su cumpleaños. Convencido de que Laura sigue siendo el amor de su vida, acepta marcharse con su amigo Rober a un apartamento en la playa para despejarse. El plan fracasa cuando descubre que Laura también está allí. Impulsado por los celos, Ernesto inventa una nueva pareja para aparentar que ha rehecho su vida. Como esa mujer no existe, Rober recluta a Toñi, una aspirante a actriz que acepta interpretar el papel y convierte la situación en una representación constante.

Con Gorka Otxoa al frente y Adrián Lastra como contrapunto, la película reúne elementos reconocibles del género: identidades fingidas, malentendidos y una mentira que se complica a cada paso. Sin embargo, el relato pierde impulso porque el guion oscila entre registros sin terminar de desarrollar ninguno. La película intenta abordar cuestiones vinculadas al desgaste afectivo, la soledad o la búsqueda de una nueva identidad tras una ruptura, pero apenas se detiene en ellas. Al mismo tiempo, las situaciones cómicas rara vez alcanzan la acumulación necesaria para que el enredo crezca de manera sostenida.

La figura de Toñi concentra buena parte de esas vacilaciones. El personaje parece destinado a alterar el equilibrio entre los demás, aunque sus motivaciones y su función dentro de la historia cambian según las necesidades de cada escena. Esa falta de definición se extiende a otros personajes, cuyas decisiones a menudo responden más a la necesidad de mantener el conflicto que a una evolución reconocible.

La puesta en escena apuesta por la sencillez. Con pocas localizaciones y una planificación funcional, la dirección privilegia el trabajo de los intérpretes y la progresión narrativa. Sin embargo, la película apenas encuentra recursos visuales que aporten una identidad propia o que amplíen las posibilidades de un espacio tan concentrado.

Lo más llamativo es que Ni contigo ni sin mí dispone de materiales que podrían haber funcionado mejor. La duración contenida, el reparto y la premisa ofrecen una base sólida para una comedia de equívocos, pero el resultado queda atrapado entre la búsqueda de emoción y la necesidad de provocar la risa. María Ruiz plantea una historia original dentro de un terreno muy transitado, aunque su debut revela una mirada todavía en proceso de definición. Cuando llegan los créditos, permanece la sensación de una película que no termina de decidir qué quiere explorar y que, precisamente por esa indecisión, deja escapar buena parte de las posibilidades que anunciaba su punto de partida.

4.0
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