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Crítica de "Hermanito": una comedia tonta con John Cena y Eric André
La película de Matt Spicer intenta recuperar el espíritu de la "nueva comedia americana", pero termina ofreciendo una versión descafeinada.
Hubo una época en la que la denominada nueva comedia americana convirtió el humor absurdo, escatológico y deliberadamente vulgar en una marca registrada. Eran películas que apostaban por personajes desmedidos, situaciones ridículas y una incorrección política que funcionaba porque detrás del caos había un preciso sentido del ritmo, una construcción de personajes sólida y una escalada constante de los conflictos. Hermanito (Little Brother, 2026) pretende inscribirse dentro de esa tradición, aunque se queda apenas con la superficie de aquella fórmula.
La historia recuerda a una especie de Gemelos (Twins, 1988) pasada por el filtro de los hermanos Farrelly. Rudd Landy (John Cena) es un exitoso agente inmobiliario cuya vida perfectamente ordenada cambia cuando aparece Marcus Pinchel (Eric André), un joven con problemas psiquiátricos al que había adoptado simbólicamente durante la adolescencia como parte de una campaña solidaria. Al mismo tiempo, Rudd arrastra un profundo complejo de inferioridad frente a su verdadero hermano mayor, Josh (Christopher Meloni), y Marcus intentará ayudarlo a enfrentarlo, aunque para hacerlo convierta cada aspecto de su vida en un auténtico desastre.
La dupla formada por John Cena y Eric André (creador y presentador de The Eric Andre Show en Adult Swim) responde al clásico esquema de la pareja de opuestos: el hombre racional, responsable y contenido frente al inadaptado imprevisible que irrumpe para desestabilizar su rutina. Es una estructura que ha demostrado funcionar en numerosas oportunidades, desde Locos de ira (Anger Management, 2003), con Adam Sandler y Jack Nicholson, hasta Hermanastros (Step Brothers, 2008), con Will Ferrell y John C. Reilly. Incluso el propio John Cena ya había interpretado con éxito al personaje caótico y políticamente incorrecto en Ricky Stanicky: El impostor (Ricky Stanicky, 2024), dirigida por Peter Farrelly, demostrando que posee una vis cómica ideal para este tipo de propuestas.
Sin embargo, Hermanito nunca encuentra el equilibrio entre el disparate y la comedia. La película parece convencida de que acumular groserías, chistes sexuales y referencias escatológicas basta para provocar la risa, cuando en realidad ese tipo de humor solo funciona si está acompañado por un buen timing, personajes carismáticos y una escalada narrativa que justifique cada exceso. Aquí los gags aparecen uno detrás de otro sin sorpresa ni inventiva, agotándose antes de generar un verdadero efecto cómico.
El resultado es una sucesión de bromas sobre penes, fluidos corporales y situaciones sexuales que terminan siendo repetitivas. El problema no es la vulgaridad en sí misma —que fue precisamente una de las marcas distintivas de aquella corriente de comedias—, sino que carece de la creatividad y la precisión con la que esos recursos eran utilizados por sus referentes.
Clásicos modernos como Loco por Mary (There's Something About Mary, 1998), Chiquito pero peligroso (Little Man, 2006) o Ted (2012) también construían su humor alrededor del exceso y el mal gusto, pero detrás de cada escena había una puesta en escena cuidadosamente calculada y personajes capaces de sostener el disparate. Hermanito (Little Brother, 2026) apenas toma la cáscara de ese modelo: reproduce sus mecanismos más visibles, pero olvida aquello que los hacía funcionar.