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Crítica de "It’s Coming": Shannon Alexander y el arte de narrar el miedo cuando nadie escucha
"It’s Coming" reconstruye la historia de Ashley Roland, una mujer afroamericana de Brooklyn que desde la infancia convive con fenómenos paranormales. Dirigida por Shannon Alexander, la película evita el espectáculo y apuesta por el testimonio íntimo como forma de resistencia frente a lo inexplicable.
El cine documental suele interrogar la verdad. It’s Coming (2023) lo hace desde un terreno marginal, incómodo y, por momentos, inasible: los relatos de quienes aseguran haber convivido con fuerzas invisibles.
¿Qué implica ser testigo de algo que no puede probarse? ¿Cómo narrar lo que no se ve sin caer en la literalidad o el artificio? En It’s Coming, Shannon Alexander elige registrar —más que representar— la experiencia de Ashley Roland, quien desde los once años afirma convivir con una presencia hostil. No se trata de una metáfora ni de una construcción alegórica, sino de una vivencia concreta, situada en el espacio íntimo del hogar.
El punto de partida es el regreso de Ashley al departamento familiar en Brooklyn. Aquello que parecía confinado al pasado resurge y se manifiesta en sus hijos. Las presencias no solo persisten: se transforman, se amplifican y se actualizan. El relato no gira en torno al evento paranormal, sino a su inscripción en la vida cotidiana, al modo en que interrumpe y condiciona vínculos, cuerpos, emociones.
It’s Coming se estructura como una crónica íntima donde lo testimonial ocupa el centro. Alexander prescinde de efectos, dramatizaciones y fórmulas del found footage o el cine de horror. Su cámara no busca probar, sino observar. Los cuerpos, las voces y los silencios construyen una atmósfera donde lo inexplicable no irrumpe como excepción, sino como estado continuo.
A medida que se incorporan diferentes voces , el documental desarticula la idea de que lo paranormal solo es producto de la sugestión o el desconocimiento. Lo que se despliega es un mapa emocional atravesado por la herencia familiar, el trauma racial y una espiritualidad que no responde a los moldes institucionales. En ese sentido, It’s Coming no intenta confirmar una presencia, sino visibilizar una experiencia históricamente desoída.
La potencia del film reside en su decisión de no enfatizar el misterio. Alexander registra el miedo sostenido más que su clímax. No hay sobresaltos ni revelaciones. Hay espera, duda, agotamiento. Una madre intentando proteger a sus hijos de algo que apenas logra nombrar.
Frente a una industria que multiplica ficciones apocalípticas basadas en fórmulas estéticas previsibles, It’s Coming propone otra mirada: una narrativa que escucha en vez de subrayar, que documenta en lugar de dramatizar. No explora lo paranormal como anécdota, sino como lenguaje de lo negado. Una forma de narrar el dolor cuando nadie más escucha.