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Crítica de “Alice (Subservience)”: Megan Fox y los peligros de una IA sexy

"Alice (Subservience)" parte de una premisa prometedora, pero se queda a medio camino al resolver sus conflictos desde una perspectiva típica del cine de terror.

Crítica de “Alice (Subservience)”: Megan Fox y los peligros de una IA sexy
viernes 29 de noviembre de 2024

Alice (Subservience) (Subservience, 2024) confirma lo que todos suponíamos: Megan Fox es un robot. Y uno sexual, en una rara mezcla entre la tecnología desarrollada por Elon Musk y una muñeca inflable.

La película, dirigida por S.K. Dale y protagonizada por Megan Fox y Michele Morrone, plantea un futuro distópico en el que la inteligencia artificial se convierte en una herramienta tanto útil como peligrosa. La historia sigue a un padre de familia (Morrone), quien, desbordado por las responsabilidades del hogar tras la hospitalización de su esposa en espera de un trasplante de corazón, decide adquirir un androide en un centro comercial. Este robot, encarnado por Megan Fox, es presentado como una sexy y servicial mucama, aunque pronto se revela que su utilidad conlleva riesgos inesperados.

Megan Fox está perfecta en el papel de robot sensual y perverso al mismo tiempo, diseñada para ser una mucama subordinada y que satisface cualquier deseo de su dueño. La fantasía masculina hecha película.

La historia desarrolla de forma interesante algunos temas contemporáneos, como el reemplazo de la fuerza laboral por androides, el consumismo llevado al extremo y la esclavitud moderna disfrazada de tecnología avanzada. La idea de delegar tareas en máquinas que procesan datos y anticipan necesidades está bien plasmada, explorando cómo una sociedad moderna podría caer en la dependencia de este tipo de soluciones. Hasta ese punto, el guion construye un universo atractivo con conceptos sólidos.

Sin embargo, el desarrollo de Alice (Subservience), en español 'Alicia subordinada', se desplaza hacia un lugar común: la tragedia previsible del abuso de la inteligencia artificial. La película deja de lado su análisis social y distópico para transformarse en un film de horror convencional. Si bien esto no es un defecto en sí mismo, limita el impacto y la trascendencia del relato. 

6.0
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