El hombre detrás del genio

Mank

La esperada biopic sobre el guionista de 'El ciudadano' (Citizen Kane, 1941) tiene varios puntos interesantes en relación al clásico de Orson Welles. Sin embargo no deja de ser una película homenaje a la figura extravagante que retrata y al Holllywood de los años 30.

Mank
sábado 05 de diciembre de 2020

La historia es conocida: El niño mimado de Hollywood adquiere un contrato exclusivo con los estudios RKO que le da libertad creativa para hacer la película que quiera y trabajar con el equipo que considere oportuno. Orson Welles (Tom Burke) contrata al alcohólico guionista Herman J. Mankiewicz (Gary Oldman) por su reputación contestataria frente a los poderosos de la industria para que escriba el guion de su ópera prima, que ridiculiza al magnate de los medios William Randolph Hearst (Charles Dance). Las peripecias de esa aventura son retratadas en la película de David Fincher, escrita por su padre Jack Fincher fallecido en 2003.

Fincher recurre a la estética de El ciudadano (Citizen Kane, 1941) para contar la historia: expresivo blanco y negro, cámara al ras del suelo en panorámicos contrapicados, profundidad de campo y una iluminación que entra por las ventanas y genera estelas de luz en el ambiente. Mismo clima de cine negro que la obra de Orson Welles, justificado por similares temáticas: el enfrentamiento a los poderosos, la delgada línea entre el bien y el mal del protagonista, y el espíritu fatalista que ronda la historia.

Sin embargo, Mank (2020) no deja de tener esa imagen idealizada y extravagante del Hollywood de los años dorados, con personajes estrafalarios que van desde Welles hasta Louis B. Mayer (Arliss Howard), en ambientes cubiertos de humo de cigarrillo. En esa simpática jungla se mueve Mank, entre duelos verbales con sus jefes y botellas de alcohol. El antihéroe perfecto a la sombra de las estrellas.

Al tratarse de la historia de un guionista es loable que cada segmento de la película tenga un subtítulo que siga el formato de un guion. Al tratarse del guion de la película sobre Charles Foster Kane es lógico que la historia salte en el tiempo con frondosos flashbacks para explicar los hechos que marcaron al hermano mayor de Joseph L. Mankiewicz. Un recurso tramposo porque simula la disrupción temporal de la película de Welles pero en realidad sigue una estructura clásica y utiliza los saltos narrativos solo para atar cabos del relato.

David Fincher hace una película políticamente correcta, que rescata la figura de Herman J. Mankiewicz a quien muestra rebelde frente a Hearst y Mayer (el otro poderoso apuntado por el relato) pero finalmente reconciliado con la industria al recibir el premio Oscar. El film le hace justicia, por momentos parece apuntar mas alto de lo que finalmente dispara, sobrevolando de lejos al clásico de la historia del cine del cual describe su concepción.

7.0
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