Gaumont
Crítica de “Una directora extraordinaria”: cuando defender la escuela pública se convierte en una batalla cotidiana
Quienes alguna vez transitaron la educación pública saben que esas instituciones y todo lo que sucede dentro de ellas constituyen material para miles de historias. Los conflictos se suceden constantemente entre las paredes de establecimientos que condensan tanto calor humano como carencias económicas de toda índole.
Entre la variedad de relatos posibles, Una directora extraordinaria (2026) se centra en uno que enfrenta a las autoridades de un colegio de Pehuajó, un pueblo de cuarenta mil habitantes del interior de la provincia de Buenos Aires, con el área de infraestructura del Ministerio de Educación, que promete la necesaria remodelación de los baños durante el período de vacaciones. Sin embargo, la obra termina extendiéndose eternamente, al igual que la paciencia de quienes acuden al establecimiento a diario.
El conflicto no es exclusivo de una región en particular: los reclamos por problemas edilicios se repiten en establecimientos educativos de toda la República Argentina. Incluso —y especialmente— abundan los casos en la Ciudad de Buenos Aires, el distrito con mayor capacidad de recaudación del país. Fabiana Urricelqui elige abordar una situación concreta porque ocurrió en la escuela secundaria donde estudió y donde tuvieron lugar los hechos en 2018, aunque el caso funciona como una muestra representativa de una problemática estructural que se reproduce en miles de instituciones educativas.
Los baños del Colegio Nacional de Pehuajó se encuentran en un estado deplorable y la directora Mónica (Analía Malvido), junto con el resto del equipo directivo, acepta la obra propuesta por el ministerio: durante los meses de verano se repararían las instalaciones para que estuvieran listas antes del inicio del siguiente ciclo lectivo. Pero la obra se demora y la solución “mientras tanto” consiste en baños químicos que conviven con las clases presenciales y generan más de un inconveniente con el paso del tiempo.
La película retrata la desidia del ministerio para resolver conflictos en tiempo y forma, la burocracia que dilata los arreglos, la inoperancia del personal enviado para las reparaciones, la falta de planificación de la obra y el oportunismo político para publicitar las refacciones, entre muchas otras cuestiones. Todo ello encarnado en Cecilia (Sol Bordigoni), una representante del gobierno que, con su actitud, demuestra no tener la menor idea de lo que sucede dentro de la institución educativa.
Por el otro lado aparece lo impensado: la unión de la comunidad educativa para luchar contra los molinos de viento. El centro de estudiantes como representante de los chicos, las familias acompañando y los docentes apoyando a una directora que mueve cielo y tierra para resolver el conflicto. El agotamiento, la furia y la frustración se transforman gracias al apoyo incondicional de los demás, y la mujer encuentra fuerzas donde ya no las tenía para seguir luchando por algo que debería ser simple y rápido.
Una directora extraordinaria no deja de ser una película independiente, realizada con recursos limitados, con la voluntad de narrar una historia de indudable pertinencia y con un profundo compromiso hacia una conflictividad cotidiana escasamente visibilizada para gran parte de la sociedad. Tal vez presente algunos vaivenes narrativos derivados de sus condiciones de producción, pero su clara vocación testimonial y su énfasis en la organización colectiva como herramienta de transformación la convierten en una propuesta valiosa y pertinente.