Salas
Crítica de “The Mandalorian & Grogu”: Star Wars vuelve al cine con Pedro Pascal y una fórmula conocida
Claramente Star Wars: The Mandalorian & Grogu (2026) se siente como una cuarta temporada comprimida en formato cinematográfico, con una estructura segmentada en pequeños arcos argumentales. Aun así, no se necesita demasiado contexto para verla y disfrutarla, ya que, en esencia, no deja de ser la historia de un cazarrecompensas al que le asignan una misión y debe cumplirla. Claro que la simbiosis con su pequeño compañero Grogu y todo el desarrollo de personaje tienen peso propio, completan la experiencia y demuestran que la fórmula puede seguir funcionando cuando sea necesario. Después de todo, es el gran éxito de la etapa Disney de Star Wars y, con razón, junto con Andor es de lo mejor que se pudo ver desde que George Lucas vendió la franquicia.
Ubicada temporalmente después del episodio VI, con la caída del Imperio pero todavía con cierta influencia política que más tarde concluirá en la formación de la Primera Orden, The Mandalorian & Grogu sabe muy bien cuáles son sus fortalezas y las aprovecha. La cercanía que se va generando poco a poco entre Din Djarin (Pedro Pascal) y la Nueva República lo lleva a aceptar una misión arriesgada donde su compañero resulta una pieza clave, y la retroalimentación entre ambos personajes vuelve a ser uno de los puntos más altos de la franquicia en una historia sin sables láser ni Estrellas de la Muerte.
El frustrado desarrollo de la cuarta temporada de The Mandalorian por la huelga de guionistas, sumado a los últimos tropiezos de Star Wars en el streaming, derivó en esta producción para cine con el último éxito comprobado de la saga. Una propuesta que fue mutando luego de sus dos primeras temporadas, inicialmente marcadas por un fuerte espíritu de “western espacial”, pasando por una importante intervención dentro de The Book of Boba Fett, hasta llegar a una tercera entrega enfocada en el desarrollo del mundo y la casta mandaloriana. Ahora, esta película deja en claro que pueden sostener cualquier vacío narrativo gracias a la personalidad del personaje interpretado por Pedro Pascal y la ternura de quien primero fue conocido como “Baby Yoda” y luego bautizado como Grogu: el personaje que todos aman y del que todos quieren tener un muñeco.
La dirección de Jon Favreau mantiene un ritmo sólido y acertadas decisiones estéticas y de continuidad. Los efectos especiales son de primer nivel, con marionetas y efectos prácticos que remiten a otras épocas. La banda sonora de Ludwig Göransson es un acierto absoluto y grandilocuente, haciendo que realmente valga la pena verla en pantalla grande, tanto para fanáticos de la franquicia como para quienes se crucen ocasionalmente con esta historia. Porque, a pesar de ser un eslabón dentro de una narrativa mucho más amplia, funciona de manera autocontenida y logra acercar nuevos espectadores a un universo inmenso que no deja de crecer desde 1977.