"Torrente Presidente" y la política en clave de sátira
Santiago Segura: “Hoy hasta Torrente podría ser presidente sin sorprender a nadie”
La primera pregunta es casi obligada: esta vuelta de Torrente, ¿está impulsada por la política actual o era un regreso que iba a suceder de todos modos?
Es una mezcla. Durante años la gente me preguntaba: “¿Otra de Torrente?”. Y yo pensaba: si no se me ocurre nada interesante, no tiene sentido volver. Pero en algún momento el cerebro empieza a trabajar. Me acordé de lo que pasó con Sylvester Stallone y Rocky: después de Rocky V, que no funcionó, volvió muchos años después con Rocky Balboa, sin numeración. Eso me hizo pensar en una película titulada José Luis Torrente. Pero enseguida apareció otra idea más potente: Torrente presidente. Y ahí todo cobró sentido. La elección de Donald Trump me resultó fascinante, sobre todo la primera vez. Me preguntaba cómo una figura así podía llegar al poder. Y cuando volvió a ganar, pensé en el populismo como terreno fértil para un personaje como Torrente: ruin, mezquino, oportunista.
Me pareció interesante imaginarlo escalando en la política, como una rata que asciende en ese sistema. Y además, era una excusa perfecta para criticar lo que no me gusta de la política actual: su dimensión circense, el rol de las redes sociales, los insultos, la lógica binaria de “yo soy el bueno, vos sos el malo”. Eso no es patrimonio de un solo sector, atraviesa todo el espectro político. Yo quería que la película fuera una crítica general, no un ataque a una facción. Todo eso es muy “torrenciano”. Pero para que un cerdo se revuelque en el barro, tiene que haber barro. Y ese barro es la política.
¿Cómo se hace una sátira en un mundo que ya parece una sátira en sí mismo?
Muchos me decían: “No vas a poder superar la realidad”. Y es cierto que hubo casos de corrupción en España que parecen sacados de una comedia absurda. Pero yo no quería hacer un documental. La película funciona como una fábula, una sátira que busca llamar la atención: “Miren en qué punto estamos, que hasta Torrente podría ser político sin sorprender demasiado”.
Hay algo interesante en la película: empieza como representante de la ultraderecha, pero termina pareciendo una víctima del propio sistema.
Claro, porque cuando construís un antihéroe necesitás que el público no desconecte del todo. Torrente puede ser despreciable, pero también es un paria, alguien al que engañan. No maneja los hilos: es un instrumento. Él entra con la idea de manipular, de beneficiarse, pero termina siendo manipulado. Desde el principio está pensado como una pieza más dentro de un engranaje mayor.
Mencionabas antes a Rocky. Acá, en cambio, el pasado policial de Torrente casi no aparece. ¿Es una decisión consciente?
Sí. Hay pequeñas referencias, pero quise que esta fuera la primera película en la que Torrente no tiene ni siquiera una pistola. Imaginé que la habría perdido o empeñado. Me interesaba que apareciera como un ciudadano más, sin apoyarse demasiado en su pasado.
¿Esto abre la puerta a nuevas situaciones o incluso futuras películas?
Nunca digo nunca. Era la última… hasta que la vieron millones de personas y empezaron a pedir otra. Si dentro de cinco o diez años se me ocurre una buena idea, ¿por qué no?
En la película hay referencias a figuras como Javier Milei. ¿Cómo observás ese fenómeno desde España?
Es una referencia más. En la película todo está caricaturizado: los nombres cambian, pero las referencias son evidentes. Como digo al inicio: “Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia, es una putada”. Milei puede parecer una caricatura, pero tiene puntos de contacto con la realidad. Y eso es lo inquietante.
¿Cómo ves el crecimiento de la ultraderecha en España?
Soy bastante escéptico. No creo que gobierne en solitario, aunque sí puede haber coaliciones. Pero más allá de eso, me cuesta sentirme representado por la política actual. Recuerdo a Julio Anguita, que decía: “Voten a quien quieran, pero voten a alguien honrado”. Esa idea me marcó. Hoy muchos políticos parecen más preocupados por sus carreras que por la gente. El tema de las “puertas giratorias” es escandaloso: terminan en grandes corporaciones como pago por favores previos. No quiero hacer un discurso antipolítico, porque la democracia necesita políticos. Pero deberían unir, no dividir.
Para cerrar: la estrategia de no hacer funciones de prensa previas fue muy comentada. ¿Cómo surgió?
Fue un experimento. Pensé: ¿y si estrenamos la película sin tráiler, sin promoción, sin revelar nada? Que el público la descubra en la sala. Como cinéfilo, hay algo maravilloso en no saber nada. Yo vi Forrest Gump así, gracias a Daniel Monzón, y la experiencia fue increíble. Hoy estamos demasiado condicionados por trailers, críticas, spoilers. Quería recuperar esa sorpresa. Algunos lo entendieron, otros no tanto. Pero creo que el público lo disfrutó.
Funcionó muy bien como experimento.
Sí, pero no lo voy a repetir, que no se asusten los periodistas (risas).
Ojalá en Argentina se hiciera una sátira política similar, la necesitamos..
Me encantaría. Imaginate una versión dirigida por Juan José Campanella y protagonizada por Guillermo Francella. Yo cedo la idea casi gratis.