2026-02-21

Cerdanya Film Festival 2026

Crítica de “Mariana hormiga”: Una fábula sobre el valor (y el peso) del destino

Mariana hormiga (2025), escrito por Maite Uzal y dirigido por ella junto a Rubén Pascual Tardío, propone una sátira ambientada en un tiempo impreciso, casi mítico, para reflexionar sobre la suerte, sus aparentes beneficios y las complicaciones que arrastra toda concesión extraordinaria.

Desde su inicio, la película ambientada en la ficticia Thorbat -actual Teruel, España- se inscribe deliberadamente en la tradición de la fábula. Un libro que se abre y el clásico “había una vez” marcan el tono del relato, con un narrador externo que guía la historia —un recurso que remite a la estructura de los cuentos infantiles popularizados por el imaginario audiovisual de The Walt Disney Company—. Pero detrás de esa apariencia ingenua se esconde un comentario social más punzante.

Mariana es una niña fascinada por las hormigas, criaturas diminutas cuya organización y disciplina la deslumbran. Su madre, en cambio, sobrevive pidiendo dinero en la puerta de una iglesia. La irrupción de una mujer adinerada —figura ambigua que asume el rol de hada madrina contemporánea— altera el equilibrio del relato: concede el deseo de abandonar la pobreza material. Sin embargo, el milagro es parcial. Se resuelven las carencias económicas, pero no las fracturas más profundas: la relación entre madre e hija, la ética frente al esfuerzo y la comprensión del lugar que cada una ocupa en el mundo.

El cortometraje despliega un tono histriónico y verborrágico que subraya su dimensión alegórica. Nada está planteado en clave naturalista; por el contrario, los gestos y los diálogos tienden a la exageración, reforzando la condición de parábola. La banda sonora, dirección de arte y angulación de planos refuerzan esta idea de universo (extra) ordinario. En ese marco, la hormiga funciona como símbolo central al representar la cooperación y la conciencia de comunidad. Mariana observa en esos insectos una lógica solidaria que contrasta con la actitud de su madre, más cercana a la “salida fácil” y al sálvese quien pueda.

Así, Mariana hormiga presenta al destino como un terreno de decisiones. La intervención “mágica” expone una verdad incómoda: toda transformación implica un costo, incluso cuando parece gratuita. La fábula enseña que la fortuna, si no está acompañada de una conciencia comunitaria, puede convertirse en un espejismo.

En tiempos donde la promesa de soluciones rápidas resulta tentadora, el cortometraje recupera la vieja enseñanza de las fábulas de antaño: el destino no es un regalo, sino una construcción compartida.

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