2026-02-05

Gaumont

Crítica de “Tenemos que hablar”: La hipocresía doméstica servida a la mesa

En Tenemos que hablar (2025), Mónica (Marina Bellati) y Martín (Marcelo Xicarts) llevan más de veinte años de matrimonio. Ella organiza un festejo de cumpleaños que promete ser impecable, sin imaginar que esa velada terminará resquebrajando la armonía cuidadosamente construida. En un clima de cortesía, brindis y sonrisas impostadas, los pensamientos comienzan a decir aquello que las palabras evitan. El recurso de las voces en off —potencialmente agotador— encuentra aquí su justificación en un guion preciso, que exige atención constante para comprender los vínculos, las jerarquías y los silencios que definen a cada personaje.

El elenco se completa con Luis Ziembrowski, Guille Pfenning, Moro Angeleri, Diego Cremonesi, Malena Sánchez, Elvira Onetto y Francisco Garamona, figuras que sostienen con solvencia la tensión que circula por debajo de la mesa. Mientras la cortesía formal impone una doble moral que los personajes deben mantener a lo largo de toda la noche, la película extrae de ese contraste sus momentos más ácidos y efectivos, alternando la comedia incómoda con reflexiones internas de tono más sombrío. Esa convivencia entre registros es, justamente, una de las principales fortalezas de Tenemos que hablar.

La acción transcurre íntegramente en una única locación —la casa de Mónica y Martín—, lo que remite de inmediato a una estructura teatral. Sin embargo, el uso constante de los pensamientos en off desarma esa asociación y subraya el carácter cinematográfico de la propuesta. Galperín decide poner en plano a quien piensa, recurre a tomas subjetivas y organiza el punto de vista de acuerdo con aquello que desea enfatizar, guiando al espectador sin perder claridad narrativa.

No se trata de una comedia abiertamente hilarante, pero sí de una película punzante, incómoda y efectiva en su observación. Sobre todo, deja abierta una reflexión persistente sobre la distancia entre lo que se dice, lo que se piensa y lo que se hace: tres dimensiones que rara vez logran convivir en armonía.

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