2026-02-04

Salas

Crítica de “El vengador tóxico”: Peter Dinklage y Kevin Bacon reviven el clásico deforme de los 80

El vengador tóxico (The Toxic Avenger, 2025) no podría llegar a los cines en un momento más oportuno. En una época en la que la locura parece haberse normalizado y la deformidad se integra al paisaje cotidiano, esta película extrema encuentra un terreno fértil para conectarse con su público. Como su protagonista, la película dialoga con un presente desbordado, excesivo y profundamente distorsionado.

Antes de sumergirse en la propuesta, conviene aclarar algunas cuestiones. Estamos ante un cine de bajo presupuesto que, desde un humor autoconsciente y provocador, se entrega sin culpa al exceso. El vengador tóxico busca ser —y lo logra— fiel al universo creado por Troma Entertainment: un festival gore sin pies ni cabeza, una experiencia desmedida que abraza el absurdo con entusiasmo. Lo llamativo es que, para semejante delirio, cuenta con un elenco de primer nivel —Peter Dinklage, Kevin Bacon, Elijah Wood, Jacob Tremblay y Taylour Paige—, lo que potencia aún más su carácter desaforado y contradictorio.

La película retoma, con variaciones, el espíritu del film original de 1984, dirigida por Michael Herz y Lloyd Kaufman, uno de los mayores éxitos de Troma y hoy convertida en un fenómeno de culto. Aquella historia dio origen a una extensa franquicia que incluyó cuatro secuelas, series animadas y videojuegos, consolidando al personaje como un ícono del cine independiente, la contracultura y la sátira grotesca de los años ochenta.

En esta nueva versión, Winston Gooze (Dinklage) es un empleado de limpieza diagnosticado con una enfermedad terminal cuyo tratamiento no puede costar. Winston recurre a su jefe (Kevin Bacon), dueño del laboratorio que produce la medicación. Ante la negativa, opta por robarle y, en ese intento desesperado, ocurre un accidente con desechos tóxicos que lo convierte en una criatura mutante y justiciera.

Escrita y dirigida por Macon Blair, la película funciona como una mezcla deliberadamente caótica: comedia negra, terror gore, historia de origen de un superhéroe y, al mismo tiempo, relación íntima sobre la reconstrucción del vínculo entre un padrastro y su hijo. Todo convive y se superpone de la manera más extraña posible. Porque, en el fondo, El vengador tóxico no es otra cosa que un homenaje festivo al cine de culto clase B de los años ochenta, ese que sobrevivía en VHS gastados, escondidos en los rincones del videoclub. Un cine que celebraba la desmesura, el sarcasmo y la provocación, impulsado por una pasión genuina por la osadía y el mal gusto entendido como una forma de resistencia estética.

Te puede interesar