2026-01-31

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Crítica de "Sweeney Todd: el barbero demoníaco de la calle Fleet": crudo relato en forma de musical

La anécdota se remonta a la llegada del otrora barbero feliz (Depp), enviado como prisionero al otro lado del mundo por orden de un juez déspota, decidido a apropiarse de su mujer. El tiempo pasa y el hombre decide regresar para consumar su venganza. Al reinstalarse en su antigua ciudad, vuelve al mismo lugar donde vivía con su esposa y su hija, ahora apropiada por otros. La señora Lovett volverá a alquilarle su propiedad y, en un juego mutuo de redescubrimiento de deseos extraviados, ambos irán revelando sus zonas más oscuras.

El barbero verá en la señora Lovett una herramienta para concretar su sed de venganza, mientras que ella encontrará en él la posibilidad de alcanzar una forma de felicidad. Como en toda tragedia, el héroe avanza hacia lo inexorable. Si ese recorrido resulta atrapante es porque el relato prescinde de toda premisa moral para instalarse en las contradicciones que los atormentan.

Pronto, la dupla protagónica hallará en el mundo culinario la posibilidad de emprender un negocio funcional a sus respectivos objetivos, aunque a un costo elevado. Como en otras películas, Burton vuelve a interrogarse sobre quién es el monstruo. Si en Batman vuelve el dilema se planteaba a partir de las flaquezas del Pingüino y del alcalde, aquí la mirada excluye a las generaciones más jóvenes, aún ajenas a la corrupción que las rodea.

Sweeney Todd: el barbero demoníaco de la calle Fleet (Sweeney Todd: The Demon Barber of Fleet Street, 2007) expone también tres historias de amor. La primera es una historia truncada que deriva en venganza. La segunda es una ilusión, desplegada en la imaginación de la señora Lovett (Helena Bonham Carter), que alcanza su punto máximo en el sueño que la muestra junto al barbero, lejos de la ciudad opresiva. La tercera corresponde a los jóvenes amantes —la hija del barbero y su acompañante de viaje—, que el relato deja deliberadamente envuelta en el misterio.

Tanto el director de fotografía Dariusz Wolski como el diseñador de producción Dante Ferretti construyen una ambientación acorde a la demencia de los personajes, mimetizados con su entorno. Burton recurre al primer plano para condensar el pathos de sus criaturas, mientras que las coreografías estilizadas funcionan como un dispositivo narrativo que profundiza —y no disimula— sus personalidades atormentadas.

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