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Crítica de “Mel Brooks: El hombre de los 99 años”: Judd Apatow celebra al rey de la comedia
Mel Brooks: El hombre de los 99 años (Mel Brooks: The 99 Year Old Man, 2026) es un sentido homenaje al legendario cómico. Una declaración de amor al humor como herramienta de supervivencia, una idea que atraviesa toda la obra de Mel Brooks y que Judd Apatow entiende y respeta profundamente.
El documental de dos partes se apoya en entrevistas, material de archivo y testimonios de colegas y amigos para construir un retrato íntimo de uno de los artistas más influyentes del entretenimiento estadounidense. El título del mismo hace referencia a su personaje "El Hombre de 2000 Años", con el que logra consolidarse como uno de los satíricos más descarados de Hollywood.
Apatow se posiciona como curador de una memoria viva al entrevistar a un veterano Mel Brooks de 99 años y entrelazar sus anécdotas con entrevistas de archivo. El director de Virgen a los 40 (The 40 Year Old Virgin, 2005) imprime un estilo menos frenético y más reflexivo que en sus comedias para permitir que Brooks brille sin interferencias. El documental muestra a Brooks como genio, pero también como trabajador incansable, obsesivo con el ritmo del gag y consciente del poder político del humor.
Hablar de Mel Brooks es hablar del rey de la comedia en su forma más desafiante. Desde Los productores (The Producers, 1967) hasta Locuras en el Oeste (Blazing Saddles, 1974), pasando por El joven Frankenstein (Young Frankenstein, 1974), su obra siempre utilizó la risa como un arma contra el autoritarismo, el antisemitismo y la hipocresía social. El documental subraya cómo Brooks redefinió los límites de lo que se podía decir, apostando por un humor que incomoda, pero que nunca es gratuito. Su irreverencia siempre estuvo anclada en una ética clara: reírse del poder, nunca de las víctimas.
Uno de los ejes más potentes del documental es la relación entre Brooks y su identidad judía. Sobreviviente indirecto del trauma europeo, Brooks transformó el dolor histórico en sátira, usando el humor como acto de resistencia cultural. Apatow enfatiza cómo esa identidad no es un dato anecdótico, sino el corazón ideológico de su obra. Reírse de Hitler, del nazismo o del antisemitismo no fue provocación vacía, sino una forma de desarmar el miedo.
Más allá del mito, el documental también se detiene en la vida personal de Brooks: sus amistades con otros titanes del humor, sus romances y pérdidas, especialmente aquellas que marcaron su sensibilidad artística. Este enfoque humaniza al personaje sin restarle grandeza, mostrando a un hombre que, a los 99 años, sigue entendiendo la risa como un puente hacia la conexión y la alegría.