Encuentro de Cine Europeo 2025
Crítica de "La historia de Souleymane": Los destinos cruzados de Boris Lojkine
Souleymane es un personaje de ficción que trabaja en bicicleta como repartidor de comidas. Lo seguimos durante una semana en los diversos aspectos de este oficio. Dado que su situación en Francia no le permite trabajar legalmente, se ve obligado a rentar la licencia de repartidor a un joven colega (Emmanuel) procedente de Camerún, en África Central. Souleymane trabaja con el permiso de Emmanuel, quien cobra la mitad de las ganancias y teóricamente devuelve la otra mitad a Souleymane. Todo funcionaría bien si Emmanuel no fuera un ladrón explotador de sus hermanos “clandestinos”.
Así es el bien conocido tema de la migración y la miseria, tanto en Europa como en otros “estados”. Lo impresionante es la energía que se vive a través de la película. Como si hubiera sido filmada con la velocidad de una bicicleta avanzando en la ciudad, vemos los cuerpos en una gimnasia permanente para no ser empujados por un coche o por un peatón.
Souleymane tiene que ser entrevistado por una persona del centro de refugiados (OFPRA) y prepara esta entrevista mientras avanza en su bicicleta. Es como superponer dos discursos al mismo tiempo: el que se desarrolla en la calle o en la carretera, y el que tiene que aprenderse de memoria. Historia que debe ser verosímil, pues solo se admiten refugiados por razones políticas y no económicas. Puedes conseguir auxilio si has peleado a favor de la democracia, pero no si te estás muriendo de hambre. Así son estas comunidades europeas, hipócritas y sin vergüenza.
Hoy, el joven Abou Sangare espera que los jueces del tribunal de Amiens apoyen su pedido y pueda quedarse aquí.
Lejos del melodrama, La historia de Souleymane se afirma en la dignidad de un hombre que actúa, dentro y fuera de la pantalla, con la misma fuerza con la que resiste.