Salas
Crítica de “Vermiglio”: Maura Delpero y un retrato de mujeres en tiempos de guerra
Vermiglio (2024) transcurre en el pueblo real que le da nombre, ubicado en el norte de Italia, en pleno corazón de los Alpes y cerca de la frontera con Austria. Con su tiempo y espacio particulares, la producción estrenada en Venecia nos transporta a los tiempos de la Segunda Guerra Mundial en ese universo tan especial.
La historia se centra en la familia Graziadei, encabezada por el padre y profesor del pueblo (Tommaso Ragno). Un hombre intelectual pero rígido, que educa con firmeza a sus numerosos hijos mientras espera otro en camino. El peso de la religión católica marca el pulso de las costumbres y las normas sociales, relegando a la mujer a un segundo plano. Sin embargo, Vermiglio es una película intimista que explora el lugar de las mujeres en ese pueblo rural, donde la guerra permanece fuera del campo visual, como un ente abstracto que condiciona la vida de los habitantes.
A ese pueblo llegan dos jóvenes soldados desertores, recibidos con desconfianza por los vecinos. Uno de ellos, Pietro (Giuseppe De Domenico), se une sentimentalmente a Lucía (Martina Scrinzi), una de las hijas de la familia Graziadei. Se casan y ella queda embarazada. Un buen día Pietro parte hacia Sicilia y no regresa. La película aborda las heridas de la guerra en quienes vuelven, en quienes se quedan y en las mujeres que deben hacerse cargo en solitario de sus consecuencias, tanto dentro como fuera del hogar. El relato se centra en ellas con una sensibilidad y un cuidado en los detalles que recuerdan al cine de directoras como Alice Rohrwacher o Lucrecia Martel.
Estos vínculos femeninos construyen lazos de apoyo, pero también de recelos y envidias. Aparece la que fuma a escondidas en el granero, la que se autocastiga por no encontrar rumbo en su vida, y la que logra casarse y parece encaminar su futuro hasta que su esposo desaparece. Todo esto se enmarca en el frío paisaje alpino que atraviesa las estaciones, acompañado por la melodía de Vivaldi. Los planos, estéticamente bellos y solitarios, transmiten la inmensidad del territorio y la forma en que se forja la identidad de sus protagonistas.
Resulta inevitable asociar la película con el neorrealismo italiano. Maura Delpero, directora italiana radicada en Argentina, trabaja con actores profesionales y no profesionales, y retrata con crudeza la modesta y precaria vida del pueblo al final de la guerra. Estos elementos, propios del realismo que marcó el cine italiano de posguerra, aquí funcionan solo como contexto. Vermiglio es, ante todo, una película intimista que busca mostrar el calvario interior de esas mujeres aisladas culturalmente.
Otro acierto del film es la sutileza con que retrata las situaciones. No hay subrayados ni explicaciones excesivas. Todo transcurre con naturalidad y hasta cierto encanto, y vamos hilvanando los hechos a medida que afectan a los personajes. Una propuesta pictórica sobre un tiempo y un espacio determinados, mirada con ojos de mujer.