Sala Lugones
Crítica de "Los ríos": Gustavo Fontán y la materia de lo invisible
La obra de Gustavo Fontán no documenta: susurra. No retrata: evoca. En Los ríos (2024), el cineasta argentino regresa a su zona de experimentación más fértil: el cine como acto perceptivo más que como forma de representación. Esta nueva obra se construye como una meditación audiovisual, donde cuerpos, voces y naturaleza se entrelazan sin jerarquías narrativas.
No hay conflicto, ni trama, ni estructura convencional. En su lugar, emerge una mirada que decanta, que espera, que acompaña. El río —motivo central y metáfora persistente— no es paisaje, sino sujeto. Su fluir establece el ritmo del montaje, y su sonido, capturado con sensibilidad casi orgánica, compone una partitura sensorial que reemplaza la música tradicional para dejar hablar al entorno.
La poesía atraviesa el film desde su núcleo más sutil: el silencio. Poetas como Juan L. Ortiz, Arnaldo Calveyra y Viel Temperley son convocados como resonancias de un lenguaje otro, que Fontán no intenta ilustrar, sino encarnar. Las palabras no irrumpen: se deslizan. Aparecen escritas, susurradas en off, sobreimpresas en fondos negros, como ecos visuales que flotan en el tiempo de la imagen.
Fontán construye una gramática visual que no explica: sugiere. Sabe que el mundo no se ordena, se habita. Y en ese habitar encuentra su forma. Cada imagen compone una constelación que no exige interpretación, sino presencia.
Este tipo de cine reclama otra actitud del espectador. Lejos del consumo rápido, de las plataformas, del algorítmo. Los ríos propone una pausa: un espacio de contemplación en el que el ojo no solo observa, sino que medita. En esa decisión estética hay también una posición política: desacelerar, correr la mirada de la lógica productiva, abrir el tiempo de la imagen a otra sensibilidad.
Los ríos no es un documental en términos convencionales. Es un acto de fe en la potencia sensorial del cine. Fontán no cuenta una historia: convoca una experiencia. Su cámara no captura el río: se deja arrastrar por él.