2025-04-08

Teatro Picadero

Carola Reyna emprende un viaje físico e introspectivo en escena a través de “Okasan”

Para viajar a Japón hay, por lo menos, dos maneras. Una opción es la convencional: ir desde el aeropuerto argentino hasta el ubicado en el país asiático, y luego recorrer los puntos turísticos, ya sea a pie o en vehículos. Otra alternativa es asistir al Teatro Picadero los sábados por la noche, sentarse en una de las butacas de la sala, y sumarse a la aventura que propone la obra Okasan: Diario de viaje de una madre. El unipersonal protagonizado por Carola Reyna, basado en el libro de Mori Ponsowy, y adaptado y dirigido por Paula Herrera Nobile, traslada al público desde el aeroparque local hasta el situado en el extranjero, y lo lleva por distintos sitios, como alojamientos y corredores japoneses, un tren y un árbol de cerezos.

En el transcurso de 75 minutos, Reyna interpreta a una firme y, a su vez, sensible mujer, que viaja por primera vez a Japón para visitar a su único hijo que se fue a vivir a ese lejano país. En medio de esa cultura tan bella y extraña descubre que su descendiente es parte de ese paisaje nuevo y desconocido. Así, la experiencia se convierte en la travesía de encontrar quién será ella a partir de ese momento.

Detrás de la aventura: entrevista con Carola Reyna

¿Qué similitudes y diferencias encontrás al encarar esta temporada de la obra, en comparación a la primera vez que la leíste y la llevaste a escena?

La nave va volando con más altura, tal vez con más libertad que en el inicio, está un poco más despegada de la tierra. Lo que pasa con el teatro es muy mágico, tengo más horas de vuelo, pero, además, uno está diferente, y el público es otro. Entonces, es muy mágico que, a través de un texto idéntico, uno puede vivenciar tanta diferencia y tanta permeabilidad frente a las nuevas circunstancias de esa única e irrepetible noche. Es ese instante entre ellos y yo viviendo algo único. Hoy particularmente fue un viaje hermoso, fue una función muy linda internamente.

Si bien se trata de un unipersonal, y por ende estás sola en escena, hay un montón de elementos a disposición, ¿qué recursos te permiten hacer ese viaje de tantas horas a Japón, y llevar al público con vos?

En realidad, ser actor es un poco eso. No creo que sea algo muy excepcional, sino que hemos entrenado, aprendido y ejercitado para hacer eso, llevarte y contarte una historia. Pero sí, al no estar con otro compañero o compañera como elenco, tengo otros dos grandes compañeros, uno es la gente y el otro es la historia. Mi maestro de teatro Gandolfo diría: “¡Vos agarráte de la historia, seguí el cuentito y te va a ir llevando a donde tenés que ir!”. Y esta historia es muy bella y conmovedora, me mueve y toca mucho. Entonces, me dejo llevar por todo lo que va sucediendo. Estoy ahí apta para que me pasen cosas.

En un momento de la obra tu personaje plantea que cuando va a Japón descubre que hay muchas más similitudes que diferencias entre las mujeres de allí y ella, contrariamente a lo que suponía en un comienzo…

Sí, creo que estamos todas en ese viaje. Y hay algo con la desnudez justamente, estamos sin escudo, sin protección. Ella dice que esa vulnerabilidad la conmueve, la desnudez de los cuerpos comunes y hermosos. Me parece que estamos todos y todas conmoviéndonos con ser quienes somos, sin estar intentando disfrazarnos, escondernos o aparentar algo que no somos. ¡Eso está buenísimo!

Al igual que tu personaje, sos madre, y tu hijo vive en el exterior, ¿este nexo entre ficción y realidad repercutió en tu decisión de hacer esta obra?

Por supuesto, por eso la elegí. Yo no quería hacer un unipersonal porque sí. Cuando me llegó esta obra, me enamoró, y mi amiga Sandra, con quien ahora la producimos, me dijo “¡Vamos a hacer un unipersonal!”. Fue la historia la que me llevó de la nariz, absolutamente. Y, por supuesto, son tiempos donde se resignifica la maternidad. Estamos todos preguntándonos cómo es ser madre. Somos madres, pero, básicamente, somos una mujer que fue madre. Entonces, queremos darle esa chance de libertad, de reencontrarse, de redescubrirse como mujer, más allá de su rol.

“Okasan” plantea un viaje geográfico, pero también introspectivo. En tu caso, ¿qué viaje considerás que estás haciendo con esta puesta escénica?

En lo personal, es muy profundo y muy lindo. Además, es el viaje de darte bola, de seguir tus deseos, de prestar atención y de no temer frente a lo que aparece, no especular, no decir "me va a ir bien, o mal". Es lo que quiero hacer, lo que quiero contar, me toca una fibra y me deja vibrando. Es atreverse a un montón de cosas: estar sola en el escenario, producir una obra y, sobre todo, llevar adelante algo que me conmueve.

Tomar nota

Okasan: Diario de viaje de una madre se presenta los sábados a las 22 en el Teatro Picadero, ubicado en Pasaje Enrique Santos Discépolo 1.857, Capital Federal. Las entradas pueden adquirirse en la boletería y en Plateanet.

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