2025-03-06

Protagoniza el film de Miguel Bou

Diego Alonso se “encierra” en la pantalla grande a través de “Vrutos”

Esta semana, cuando los espectadores ingresan a las salas de cine y eligen ver Vrutos (2025) de Miguel Bou, se trasladan a un conglomerado barrial en el que sienten el encierro, el hermetismo y la prisión. Es que, allí, habitan una serie de personajes atravesados por distintos niveles de violencia que, a su vez, se enfrentan a diversas adversidades. Entre ellos se encuentra “El Negro”, interpretado por el actor Diego Alonso.

El relato audiovisual comienza cuando Brian (Gregorio Barrios), luego de sentirse humillado por un grupo de rugbiers de elite liderado por Tomy (Lucas Tresca), se pelea con ellos y queda lastimado. Su padre (Dante Mastropierro) no interviene, ya que dejó en el pasado todo tipo de violencia. Brian sigue con su vida desprolija, robando y drogándose por el barrio. Y vuelve al club del conflicto, esta vez armado, dando continuidad y expansión a una peligrosa espiral de violencia.

Tu personaje nació en el guion, pero, luego, vos le diste vida frente a la cámara. ¿Qué aspectos tuviste en cuenta a la hora de componerlo?

Cuando nos juntamos con Miguel para hablar de la peli, me dijo: "Tengo una peli que es así, que el protagonista va a ser Dante, que es el Negro Pablo, y queremos que vos estés en la peli, porque Okupas…”. A lo que le respondí: "Todo bien con Okupas, pero no podemos estar mordiendo de algo que hizo otro en otro momento". Muchas veces se pone difícil eso, la gente tiene tanta adoración por la serie que pasa eso después, te emparentan directamente con eso. Cuando me trajo el primer guion, la verdad que no me gustaba la historia, había que jugar más en la construcción del personaje. Y yo al personaje más o menos lo tenía, veo mucho la evolución de los personajes de Clint Eastwood, como actor y como director. En Vrutos, cuando El Negro acciona… ¡fin de la película! Entonces, estaba bueno cuidar todo el tiempo eso, es un tipo serio, que ya está pasado de moda en su lugar y que reniega con las nuevas generaciones, pero no en el mano a mano con ellos, sino desde lejos. Me parece que estaba bien construido desde ahí. Con Miguel estuvimos hablando como un año antes de empezar a hacer la peli.

El barrio es un personaje más dentro de la historia, que envuelve a todos los demás. ¿De qué manera contribuyó la atmósfera para la construcción de tu rol?

Las construcciones de los monoblocks se hicieron a principios de los 60 en Londres, para aglutinar gente. ¿Qué pasó? Se empezaron a armar en guetos. Entonces, había guerras internas y dijeron: "Che, esto no funciona, para lo que pensamos que iba a servir no sirvió". Después, los trajeron para Latinoamérica, empezaron a armarlos en la época de Cámpora. Y hay algo que explico en la peli respecto a la sombra, al que vive a dos cuadras adentro de los monoblocks, a las dos de la tarde le da la sombra, eso te genera encierro. Los que viven en los monoblocks tienen la vida hacia dentro; al haber implantado tiendas, supermercados, todo adentro, no tienen la necesidad de salir, por lo tanto, el mundo es circular ahí. Y hay otra dinámica, se camina de otra forma, con el paso más apretado.

Estas estructuras generan algo muy lindo visualmente. Ya nos pasó en Tumberos, en El marginal, en Okupas, en Apache, pasa acá en Vrutos. La estructura siempre te genera esa presión, falta de aire, y para esta peli era súper necesario.

El relato audiovisual plantea el concepto de la espiral de violencia, reflejado en situaciones explícitas y tácitas. En tu personaje hay acumulación y explosión…  

Mi personaje es un tipo que está centrado en donde está. Creo que de todos los que están ahí es el único que tiene claro dónde va a terminar, los demás no tienen un horizonte. Y eso pasa mucho en la sociedad hoy en día, gente sin horizonte, sin objetivo claro. El Negro está más asentado, más avezado, va a actuar, a intervenir, una sola vez, como que ve desde lejos y da una mirada más paternalista y sabia.

Uno de los disparadores del film tiene que ver con la búsqueda del lugar de uno en el mundo, fuera de la ficción, ¿cuáles son tus búsquedas en tu camino personal y/o profesional?

Todas las mañanas me levanto y digo: "Bueno, hoy me van a llamar para algún lauro". Pero también entiendo algo que hablamos hace cinco años con Maxi Ghione. Me dijo: “Nosotros estamos en una edad en la que nos van a empezar a llamar cada cinco años, porque ya estamos grandes. Ahora las nuevas generaciones ocupan el protagonismo". Y yo pensé: “Bueno, van a necesitar padres”. Yo en estos cinco años laburé todos, pero me levanto todos los días y molesto a la gente para trabajar, eso me quedó desde el primer día, de mi actor joven está eso. Me levanto y salgo a buscar el laburo, no me llega a mi casa.

Por otro lado, los papeles ficticios de “Vrutos” se enfrentan a diversas dificultades a lo largo del relato audiovisual. En tu caso, fuera de la ficción, ¿a qué adversidades te enfrentaste en tu camino o profesión?

Tengo una barrera enorme: el color de la piel. No la puedo sortear. No fui Padre Coraje porque un cura negro era mucha información, tampoco puedo ser San Martín porque nunca nadie piensa en un San Martín negro, ni puedo hacer Belgrano. Entonces, hay un montón de cosas que sé que no las voy a hacer. Asimismo, hoy, por una cuestión etaria, hay ciertos personajes que no los puedo hacer. Después, de lo que hay arriba de la mesa, en la medida que va saliendo, trato de elegir. Muchas veces yo elijo los proyectos, y hay otras veces que el proyecto me elige a mí, como en Vrutos. Además de actor, soy guionista, ebanista, bartender, sommelier, o sea, tengo que laburar de otras cosas. ¡Esa es la realidad!

 
 
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