2025-02-27

Premios Oscar

Por el mundo: Emiliano Hasan, el actor argentino detrás de Gabriel Mendoza en “Emilia Pérez”

Este domingo, en el teatro Dolby de Los Ángeles, se llevará a cabo la 97º edición de los Premios Óscar, entregados por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas. Y la película que cuenta con mayor cantidad de nominaciones, precisamente 13, es la francesa Emilia Pérez (2025), dirigida por Jacques Audiard, protagonizada por Zoe Saldaña, Karla Sofía Gascón y Selena Gomez, y con la participación especial de un actor argentino, Emiliano Hasan.

En el largometraje, el artista oriundo de Tucumán, que actualmente reside en Francia, interpreta a Gabriel Mendoza, un peligroso hombre presentado en el marco de un juicio, que da paso al personaje protagónico, Rita (Saldaña). Ella es una abogada destacada e infravalorada de un gran bufete que un día recibe una oferta inesperada: ayudar al temido jefe de un cartel a retirarse de su negocio y desaparecer para siempre convirtiéndose en la mujer que él siempre ha soñado ser.

Tras la consagración del filme europeo con el Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes y con la distinción de “Mejor película comedia o musical” en los últimos Globo de Oro, entre otros reconocimientos, Hasan dialogó con EscribiendoCine sobre su experiencia cinematográfica.

Si viajamos hacia el inicio de “Emilia Pérez”, cuando todavía era un proyecto de filme, ¿en qué circunstancias se dio tu llegada?

Fue muy loco cómo me enteré del proyecto. Yo tengo una amiga colombiana, que me dijo que estaban buscando perfiles latinos para una película, pero no me había dicho qué película era. Cuando llegué a la productora, era un poco un misterio, y me enteré de qué se trataba después de haber pasado los castings, fui descubriendo de a poco. Hasta que me dieron el rol no sabía muchos detalles.

Respecto a la primera audición, ¿con qué referencias contabas para ese momento?

¡Cero información! En realidad, llegué para postularme como extra. Tuve suerte y la directora de casting, Christel Baras, me preguntó qué hacía, a lo que yo le dije que era actor. Ahí ella tuvo la visión de que yo podía adaptarme a alguno de los roles que estaban buscando. Esta es una profesión en la que uno se tiene que adaptar. Así que en ese mismo momento descubrí lo que tenía que hacer, con un instinto que se despierta, uno hace lo mejor que puede con lo que le piden.

Cuando te dijeron que finalmente habías sido elegido para el rol, ¿cómo recibiste la noticia?

Después de que pasé el casting, obviamente siempre hay 50 y 50 de probabilidades de quedar, o no. A mí no me importaba, yo había disfrutado mucho el hecho de pasar el casting y de haber aprendido un montón, me quedaba con eso, si venía algo más lo iba a super agradecer. Y me avisaron por teléfono, creo que fue el día siguiente de la audición, ¡bastante rápido!

Ya siendo Gabriel Mendoza, ¿qué aspectos tuviste en cuenta para construirlo?

Fue una mezcla. Cuando encaro un personaje me baso mucho en Stanislavski, en la observación, miro mucho. Lo paradójico y particular de esto fue que yo soy una persona bastante tranquila y este personaje me planteaba una energía completamente distinta a lo que soy, a mi esencia. Tuve que ir a buscar a lugares incómodos, sobre todo en situaciones violentas, él es un tipo violento. Me puse a leer un montón de los feminicidios, de la violencia doméstica, de las relaciones en las que los hombres se sienten superiores por poder, personas muy conectadas al ego.

Por otro lado, miré mucho. Algo que suelo hacer es sentarme en los cafés y mirar a la gente, cómo se mueve. Eso me ayuda a alimentar mi imaginación. También saqué aspectos de otros personajes que había trabajado antes en obras de teatro. Así que fue un rompecabezas, un poco de todo.

¿Qué desafío y qué oportunidad encontraste en “Emilia Pérez”?

En cuanto a la oportunidad, capaz en Latinoamérica no se lo conoce mucho al director Jacques Audiard, pero yo hace 12 años que vivo en Francia y es un gran director, siempre me gustó que va mucho más lejos en cada una de sus propuestas. ¡Eso es algo que vibra en mí! Cuando participo en proyectos, me gusta salirme de la zona de confort, siempre ir un poco más lejos, empujarme, siempre respetándome.

Mientras que el desafío tuvo que ver con que era mi primera participación en una gran producción. Yo ya había trabajado en cine, pero haciendo cortometrajes. En esta ocasión era estar filmando una película de esta envergadura, soportar un poco la presión de rodar el primer día, lo que le dicen “abrir el baile”. Y también fue aceptar que me gané mi lugar, porque a veces uno se lleva por el síndrome del impostor y se desvaloriza. Creo que mucho del trabajo del artista es no dejarse invadir por el ego, pero tampoco tirarse abajo, aceptar que a uno lo eligieron y tiene su lugar.

“Emilia Pérez” es un rompecabezas en cuanto a sus tópicos y géneros cinematográficos abordados, ¿qué fue lo que más te cautivó del proyecto, siendo uno de sus integrantes?

Lo que más me sorprendió es que todo es lento y rápido al mismo tiempo, esa ambigüedad. Tenés que esperar un montón para hacer una escena, que después va a durar un minuto, y la vas a repetir 52 veces. ¡Y de un momento para otro ya estás en otra toma! Otra cosa que me sorprendió al ver la película -porque yo tuve cuatro días de filmación, pequeñas partes- fue la cantidad de estimulación que hay. ¡Ahí descubrí la música!

¿Cómo transitás los reconocimientos recibidos por el film?

¡Súper contento! Ya poder participar en una película y que no tenga ningún premio es para estar contento. ¡Esto es un regalo, no lo esperaba! A su vez, cuando leí el guión y vi el filme dije, “¡Wow!”. Como espectador, sacando un poco el hecho de que yo estuve ahí, pensaba: “¡Esta película me encantaría que vaya lejos!”. Siempre agradecido, estuve en el momento indicado y se dio la posibilidad. ¡Me encantaría que se vayan abriendo más puertas!

Si nos trasladamos aún más atrás en el tiempo, ¿cuándo aparecieron en vos los primeros impulsos artísticos?

De lo poco que me acuerdo, creo que mi primera experiencia fue cuando tenía 8 o 9 años, que iba a un colegio religioso en Tucumán y me tocó actuar de cura en un acto. Yo siempre tuve una reticencia a las cosas estrictas, no tengo nada en contra de la religión, pero me acuerdo de haberme reído, sentía que algo se rebelaba en mí contra el sistema, por así decirlo. Más adelante, me metí en el coro del colegio. Por lo tanto, un poquito en esa época de preadolescencia empecé a abrirme al arte, a tener esa curiosidad.

Por otro lado, en Tucumán, al lado de mi casa, durante alrededor de 20 años, hubo un videoclub. Me acuerdo pasar horas ahí, hablando con los empleados, me prestaban películas, yo preguntaba y leía las reseñas.

Si bien el público te conoció a través de la actuación, antes de este camino elegiste la Ingeniería, ¿qué te motivó a dicha búsqueda?

La respuesta es muy simple… ¡no sabía bien qué hacer de mi vida! Quería ser médico y cuando me dijeron que iba a tener que calcular mínimo 10 o 15 años, elegí otra cosa. En ese momento, me encantaba la computación, es como que elegí lo que menos me desagradaba, no lo que me apasionaba, tenía 17 años.

Terminé la carrera en 2007, pero antes, en 2004, viajé a ver a mi hermano que vivía en el sur de Francia, en Toulouse. Ese viaje me explotó la cabeza, me abrió todo. En esa oportunidad, yo jugaba al rugby, quería ser profesional, aunque no se dio, y tuve una lesión cuando volví a Tucumán. Ahí pensé en terminar la carrera y, luego, me fui a vivir a Rosario, empecé a ejercer mi carrera de informático, y continué en Buenos Aires. Lo que más me gustaba del trabajo era que lo hacía con amigos, me encantaba ese contacto social, no tanto el trabajo en sí.

Más tarde, te trasladaste definitivamente a Francia…

Mis tres años en Buenos Aires fueron espectaculares, conocí a mucha gente que me habló del teatro, pero yo no me animaba. En 2012, viajé a Francia con amigos, en unas vacaciones por Europa, y quise quedarme acá. No tenía algo planificado, ni siquiera ciudadanía, pero justo conseguí la Visa de “Work and Travel”, que era hasta los 31 años, y yo justo tenía 30. Renuncié a mi trabajo, a todo, con el objetivo de viajar, conocer gente, hablar francés y, luego, volverme a Argentina a seguir con mi vida. Al final, las cosas se dieron acá, me asenté un poco, al principio trabajé como mozo en un restaurante, y después continué mi carrera informática. Teatro arranqué en 2015, esa fue mi primera experiencia.

¿En qué ocasión surge tu vínculo más firme con la actuación?

Vi un aviso que buscaban gente para un taller de teatro y pregunté qué iban a hacer ese año.  Me respondieron Esperando la Carroza, que es mi obra y película favorita. Ese fue el llamado que me permitió entrar y empezar a explorar. Era entrar a un mundo completamente desconocido. A su vez, siempre fui una persona muy verbal, y esto me permitió saber escuchar. Hubo un gran aprendizaje, el hecho de empatizar, de no poner juicio al otro por lo que vive o hace, entre otras cosas, como esperar, ser paciente y observador. Pude alimentar un poco mi curiosidad de aprender más cosas de mí, de conocerme en distintas situaciones que por ahí no se me plantean todo el tiempo en la vida.

Haciendo una comparación entre tu vida y el mundo cinematográfico, ¿en qué escena de tu vida considerás que estás en este momento?

Creo que todavía estoy escribiéndola. Es como cuando vas escribiendo una versión y necesita pulirse alguna cosa. Estoy en ese proceso, de revisión de todo y de volver a empezar, no en bucle. Soy una persona muy curiosa, estoy en la etapa de ir a buscar de a poquito y ver las cosas que me hacen bien, las que me divierten y las que me presentan un desafío.

 
 
 
 
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