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Crítica de "A cielo abierto": La venganza como motor narrativo en el cine de los Arriaga
El guionista y escritor Guillermo Arriaga, reconocido por su colaboración con Alejandro González Iñárritu, ha consolidado su estilo en el cine contemporáneo al abordar de manera recurrente los temas de la venganza y la redención. Con A cielo abierto (2024), Arriaga lleva este enfoque a una nueva dimensión, centrando la trama en una joven pareja de hermanos que, tras la muerte de su padre, emprenden un viaje en compañía de la hija del nuevo esposo de su madre, con el objetivo de localizar al responsable del accidente fatal. El guion, que se estructura como una road movie, refleja tensiones familiares, el dolor de la pérdida y el impulso por lograr justicia. Sin embargo, más allá de la violencia explícita, la película logra tocar aspectos más profundos sobre la condición humana y las decisiones impulsivas nacidas del rencor.
La historia comienza en 1993, cuando Salvador y su padre viajan por el desierto de Coahuila, México, un viaje que culmina en un trágico accidente en el que muere el padre. Este suceso marca el inicio de un proceso emocional para los hermanos, que comienza con el duelo y transita hacia un viaje físico, impulsado por la búsqueda de venganza. El guion no solo explora el dolor de los personajes, sino también las consecuencias de la falta de resolución ante tragedias no cerradas.
Dirigida por Mariana y Santiago Arriaga, A cielo abierto inicia con un ritmo tenso y una atmósfera cargada de incertidumbre, generando una conexión inmediata con el espectador. Sin embargo, a medida que avanza, la película se ve afectada por la reiteración de ciertos recursos narrativos, lo que ralentiza el desarrollo de la trama. El relato, que comienza con una fuerte carga emocional, se siente estancado en su evolución. Las decisiones de los protagonistas y las consecuencias de sus actos no parecen avanzar de forma significativa, lo que reduce el impacto de la exploración de sus dilemas internos.
A pesar de esto, la trama mantiene al espectador cautivo no solo por su viaje por carretera, sino también por la inquietante reflexión sobre la justicia personal. Si bien la película sigue el rastro del responsable de la muerte del padre, plantea una pregunta crucial: ¿es esa justicia legítima o simplemente una manifestación de deseos reprimidos? La película no ofrece respuestas definitivas, pero deja una sensación ambigua sobre las consecuencias de actuar impulsivamente por venganza.
En su desenlace, A cielo abierto trasciende la historia de venganza juvenil para convertirse en una reflexión sobre la transición a la adultez, el peso de un duelo no resuelto y las decisiones impulsivas que pueden cambiar el curso de una vida. Aunque algunos momentos narrativos pierden fuerza en un guion que parece más pretencioso de lo que finalmente es, la película invita a una reflexión sobre la justicia, la familia y el dolor.