Salas
Crítica de “El bello verano”: Descubrimiento y deseo bajo el bohemio sol de Turín
El bello verano (La bella state, 2023), basada en la novela homónima de Cesare Pavese, es un retrato íntimo de una juventud que busca su identidad en tiempos inciertos.
En el turbulento verano de 1938, en la ciudad de Turín, Ginia (Yile Yara Vianello), una joven de dieciséis años, sueña con las infinitas posibilidades que le depara el futuro. Sin embargo, su presente está marcado por la creciente amenaza de la Segunda Guerra Mundial. Deseosa de experimentar el amor, Ginia conoce a un joven pintor y, a través de su nueva amiga Amelia (Deva Cassel), una mujer sensual, bella y enigmática, se adentra en los vibrantes círculos artísticos de la bohemia turinesa. La irrupción de esta amiga, tan distinta a todo lo que Ginia ha conocido, sacudirá su mundo interior.
La actuación de Yile Yara Vianello, reconocida por sus colaboraciones con Alice Rohrwacher en Corpo celeste (2011) y La quimera (La chimera, 2023), le da una intensidad magnética a Ginia. El desarrollo de su personaje explora con autenticidad los rasgos de la adolescencia: la curiosidad, la incertidumbre, las responsabilidades, la búsqueda de vínculos, el descubrimiento del cuerpo, la idealización y la necesidad de ser aceptada y deseada. Como uno de sus mayores aciertos, la película logra capturar con gran sensibilidad el proceso de autodescubrimiento de una joven que transita por ese limbo entre la niñez y la adultez, entre lo aprendido y lo nuevo, reflejando con honestidad la complejidad emocional de esa etapa.
Con una estética elegante y una delicada sensualidad, El bello verano avanza de la mano de la curiosidad creciente de su protagonista. Amelia irradia una fuerza enigmática que contrasta con la ingenuidad de Ginia. Los primeros planos de gestos y miradas son fundamentales para transmitir la intimidad que recorre toda la película, capturando el descubrimiento del propio cuerpo y del de los demás. Salvando las distancias, el recuerdo de la magnífica Retrato de una mujer en llamas (Portrait de la jeune fille en feu, 2019) es palpable, aunque las diferencias temporales y contextuales sean claras. Ambas películas exploran el arte a través de cuerpos posando, el deseo, la intimidad, el descubrimiento y la sexualidad. Sin embargo, El bello verano lo hace desde un enfoque más inocente y fresco, en el que el bienestar bohemio sirve de refugio frente al desconcierto.
Esta obra italiana sigue una estructura circular, como un ciclo de verano que comienza, avanza y concluye dejando una marca indeleble en el crecimiento de Ginia. A pesar de algunos momentos que se extienden de manera innecesaria y ciertos diálogos que caen en un melodrama algo monótono, el amor, la moda, el arte, la adolescencia y la enfermedad se entretejen en el marco de un verano que define a su protagonista. Aunque carece de una mayor profundidad emocional, El bello verano, sin ser pretenciosa ni ambiciosa, logra capturar el proceso por el cual una joven se redescubre a sí misma en un breve, pero crucial momento de su vida.