2024-09-26

Adrenalina y desafío en la pantalla

Nahuel Pérez Biscayart y Úrsula Corberó, “el jockey” y la jocketa que corren contra el tiempo en la pantalla grande

“Una leyenda en caída libre. Una búsqueda desesperada. Y una liberación”. Esta es la premisa de El jockey (2024), la nueva película de Luis Ortega que, este jueves, tras su paso por los festivales de Venecia, Toronto y San Sebastián, llega a la pantalla grande de las salas argentinas. En el marco del estreno, EscribiendoCine dialogó en exclusiva con sus protagonistas, Nahuel Pérez Biscayart y Úrsula Corberó, quienes construyen a un jockey y a una jocketa ambiguos, cautivantes, impredecibles y descollantes.  

El viaje audiovisual arranca cuando Remo Manfredini (Pérez Biscayart), un ícono del turf, lleva una conducta excéntrica y autodestructiva que va eclipsando su talento. Mientras que Abril (Corberó), su colega y pareja, espera un hijo suyo y debe decidir entre continuar con su embarazo o con su labor deportiva. Ambos corren caballos para Sirena (Daniel Giménez Cacho), un empresario obsesionado con el jockey. Hasta que, un día, Remo sufre un accidente, desaparece del hospital y deambula sin identidad por las calles de Buenos Aires. Sirena lo quiere vivo o muerto. Al mismo tiempo, Abril intenta encontrarlo, antes de que sea demasiado tarde.

Todo proyecto genera sus preguntas. Cuando llegó “El Jockey” a sus vidas, ¿qué interrogantes les generó?

Úrsula Corberó: ¡Mil! Todo eran preguntas, y me encantó eso. Porque, normalmente, estás malacostumbrado a que te llegue un guion todo masticadito, como que todo tiene un sentido y un porqué. El hecho de dejar cosas al azar para el momento en el que nos pusiéramos a hacer la película me cautivó, me gustó. Interesante, curioso, motivador.

Nahuel Pérez Biscayart: Es muy loco esto, me hago la pregunta de si me hago preguntas cuando leo un guion. No sé si me hago preguntas. En todo caso, este guion tiene algo de caldo ancestral, que te abre un lugar de comodidad que conocés, de la incertidumbre que es vivir. Entonces, si no le pedís mucho, es una lectura muy gozosa, porque se abren todas las puertas. Creo que un poco es la idea de la peli, llamálo pregunta, llamálo perderte, llamálo no entender, como a cada uno le pegue. Opera un poco en ese lugar íntimo y humano que tenemos todos en relación a, por ahí, preguntas primarias, como: “¿Quién soy?”, “¿Qué quiero?”, “¿Qué es morir?”. De una manera muy libre y bastante pícara, incluso graciosa.

Se aborda una cuestión identitaria en la película. Ustedes, como actor y como actriz, ponen cuerpo y alma a los personajes, ellos están al servicio de ustedes, ¿les tocaron algunas fibras personales?

N.P.B: ¡Todas!

U.C: Sí, obvio, ¡todo el rato!

Actor-actriz, jockey-jocketa, ¿encontraron puntos en común entre ambas profesiones? Parecen roles re distintos, pero, quizás, ustedes indagaron por ahí…

N.P.B: ¡Nos encanta la adrenalina!

U.C: Tienes que estar enfocado, la capacidad de concentración tiene que ser muy fina, ¡es máxima!

N.P.B: La performance. Tiene que ver con estar presente.

U.C: El estar presente y, a la vez, olvidarte de todo lo que te rodea, de toda la presión.

N.P.B: No hay futuro ni pasado. Todo opera en ese lugar bien finito. Y son unos manijas los jockeys, los actores no sé…

U.C: ¡También, cariño! (Risas)

N.P.B: En diferentes dimensiones, sí. Nos gusta experimentar cosas. Supongo que, sino, no haríamos, o al menos hablo por mí, ese acto casi de arrojo total a exponerte con cámara, con gente. Cuando lo pensás dos veces no lo hacés, pero lo que viene detrás es muy mágico, y lo volvés a hacer, como un buen amor.

Uno de los conceptos de la película es “morir y nacer de nuevo”. ¿Cómo experimentan esa premisa en sus profesiones?  

N.P.B: En la vida te diría. En el amor. Poder dejar atrás cosas que por ahí creías que eran tuyas, o constitutivas tuyas, de golpe decís: “¿Por qué me tengo que hacer cargo de esto?”, “¿Por qué tengo que responder a esto?”. Morir en vida también tiene que ver con eso, o morir en las relaciones afectivas o amorosas, poder salirse del centro, ser feliz a través de la felicidad del otro, morir como la disolución del ego. Una pregunta que me está rondando mucho es sobre poder salirse del centro siendo actor. Bueno, ser actor te permite practicar esas cosas. Y lo artístico, para mí, se traduce en lo humano.

U.C: Me siento muy viva todo el rato, pero si hablamos del concepto de morir como descontracturar ciertas cosas en la vida, podría decir que estoy en un proceso transitorio de la vida.

N.P.B: ¡Estamos muriendo todos ahora mismo, chicos! (Risas) ¡Nuestras células se están muriendo y renovando!

U.C: Estamos muertos. ¡Caput! (Risas). En el sentido más poético de la palabra, siento que es algo lindo también. No sé por qué vinculo mucho lo de morir con dormir, con dejar reposar las cosas, y que sucedan naturalmente.

Te puede interesar