Desafíos y evolución tras "La Sociedad de la Nieve"
Felipe Otaño detrás de un preciso y silencioso observador en la pantalla grande
Generalmente, la construcción de un personaje implica un considerado trabajo físico y mental por parte del actor que lo encarna frente a la cámara. Por lo tanto, según las singularidades del sujeto ficticio, de la historia en la que se encuentra inmerso y de la dimensión del proyecto, entre otros factores, dependerá la complejidad del ingreso y egreso del intérprete. Para Felipe Otaño la experiencia personal y profesional en La sociedad de la nieve (2023) fue muy movilizante, por lo que, al despedirse, sintió angustia. Sin embargo, en el marco de ese duelo, apareció Linda (2024), la ópera prima de Mariana Wainstein, que le significó un cambio de estado, una nueva oportunidad laboral y, a su vez, un nuevo reto artístico.
VOLVER A CASA
A medida que van integrando distintas películas, series y obras de teatro, los actores van conociendo colegas y profesionales de diversas áreas artísticas y técnicas, y lo mismo ocurre de manera inversa. Entonces, se establecen contactos que pueden trascender el proyecto inicial. Por eso, tras haber compartido La sociedad de la nieve, el multipremiado largometraje de J. A. Bayona, Iar Said -uno de los directores de casting- le propuso a Felipe Otaño -Carlos Páez en el filme español- audicionar para Linda, la ópera prima de Mariana Wainstein.
Para ello, el actor tuvo que grabar dos escenas que, más adelante, tras ser seleccionado, recreó en el set. En ambas, su personaje, Ceferino, estaba dentro de su habitación e interactuaba con la mucama Linda (“China” Suárez). Una secuencia era cuando él siente cierta invasión a su espacio personal, ya que ella toca una peculiar máscara suya, y otra era un momento más distendido, cuando él le enseña sobre un videojuego.
“Era un desafío volver a filmar después de La sociedad de la nieve. Por otro lado, era muy loco que me tocaba hacer a alguien que tenía algunos conflictos medio parecidos a otras personas que ya había hecho. Por ejemplo, en una escena, que no quedó en el corte final de Linda, cuando al personaje que interpreto lo mandan a hablar con una psicóloga sin que él quiera, porque no comprende lo que le pasa. Así que era volver a hacerlo, pero distinto, en otro código, actual. Yo venía haciendo varias historias de época”, comparó Felipe.
En esta ocasión, el relato sigue a Linda, una muchacha cautivante de gran belleza, que empieza a trabajar como empleada doméstica en una casa de clase alta en zona norte. Si bien ese no es su trabajo cotidiano, le está haciendo el favor a su prima Lorena. Al llegar a la residencia, genera un magnetismo un tanto fuera de lo normal en cada uno de los miembros de la familia (Rafael Spregelburd, Julieta Cardinali, Minerva Casero, Otaño). Consciente de su encanto, maneja discretamente ese poder de seducción con cada uno por separado, sin embargo, se va enredando en la atracción y la pena que siente por ellos. Así, va notando que detrás de esas aparentes vidas felices, se esconde algo más complejo.
EL STALKER DE LA FAMILIA
Ceferino es un joven que se encuentra un poco perdido en relación a su presente y futuro profesional. Pasa gran parte de su día encerrado en su cuarto, durmiendo o frente a la computadora. Tanto el guion como el personaje fueron mutando a lo largo del tiempo. En un comienzo, Otaño pensaba encararlo por un determinado camino, no obstante, cuando tuvo reuniones con sus compañeros y Wainstein, terminó de comprender qué se quería contar, y cómo, por lo que lo transitó con un nuevo enfoque.
“Me inspiré en amigos míos, o compañeros del colegio. Cuando me juntaba con ellos, los miraba y sentía que tenían puntos en común. Tomé desde el recuerdo, ya que soy un poco más grande que Ceferino, pero siento que es una edad que me quedó marcada. También consideré la falta de tacto que, tal vez, a veces hay en los hombres para relacionarse. Y siempre me atrajo el feo momento en el que quizás no tenés claro que querés hacer de tu vida y tu familia te exige qué estudiar, tengo conocidos a los que les pasó. Me gustaba mucho toda la historia, y cómo sutilmente va demostrando los problemas que están unas capas abajo”, describió el artista.
A continuación, sobre la labor junto a la directora, recordó: “Hubo mucho trabajo del mundo interno del personaje. Y Mariana le marcó dos cosas. Le gustaba el poder que tomaban mis cejas cuando buscaba un poco y bajaba la cabeza, ella veía esa oscuridad detrás, en un rol medio observador. Después, la voz medio retraída. Creo que, en la vida, Ceferino debe ser bastante callado, con las dificultades de estar pasando desde la niñez hacia la adultez, con choques en la forma de relacionarse y del crecimiento”.
LAZOS PELIGROSOS
Gran parte del largometraje dramático transcurre en una misma locación, que es una lujosa y moderna residencia. Allí, los distintos habitantes no solo accionan de manera individual sino, también, interactúan entre ellos. En el caso de Ceferino se relaciona de una manera con su padre, madre, hermana y cuñado, y de otra forma con la empleada doméstica Linda, que proviene del exterior de la vivienda. Para armar los vínculos, los actores siguieron las indicaciones de la cineasta y, a su vez, entablaron charlas y algunos ensayos.
En cuanto a su conexión con la cámara, como testigo de las situaciones de la historia, Felipe contó: “Estudio Diseño de Imagen y Sonido en la UBA, la misma carrera que estudió Mariana. El mundo de los planos, cómo pensar la corporalidad en cada uno, cómo contar, son cosas que me copan mucho. Y, por suerte, por los trabajos que tuve antes, sumé muchas horas de cámara; arranqué haciendo más televisión. Y recuerdo que mi maestro Martín Blanco, que tuve en la escuela Odiseia, me hablaba de observarse uno desde afuera, pensando que siempre hay un espectador, pero a la vez no condicionándose, ¡es un entrenamiento que se va dando!”.
EN BUSCA DE LA FELICIDAD
Uno de los ejes centrales del filme es el magnetismo que genera Linda en cada uno de los miembros de la familia. Tomando el concepto de la atracción, aunque trasladándolo al mundo artístico, Otaño reflexionó sobre los motivos de su fascinación por la actuación. “En el colegio teníamos un taller de teatro, que disfrutaba, y no era consciente de eso. Mi vieja me vio, me preguntó '¿Esto te gusta?', y me anotó en una escuela de teatro. Al principio la pasé mal, sin embargo, seguí yendo y, después, empecé a disfrutar, me salía, me decían cosas lindas y me sentía bien. ¡Aprendí un montón! Me gusta estudiar, pero soy medio vago por motor propio, entonces, disfruto que la actuación me obligue a eso. Uno es contratado para un proyecto, no propio, por lo que hay que indagar o pensar mucho sobre un tema, activar desde otros lugares, eso me atrae. Y me encantaría hacer cosas muy distintas para ir expandiendo la cabeza”.
Así como Linda pone en jaque los sentimientos y pensamientos del hombre más joven de la residencia, Felipe pensó en qué o en quién pudo haber resultado fundamental en su camino y le implicó cierta transformación. Por lo tanto, eligió su participación en la película La sociedad de la nieve como un proyecto que lo marcó mucho en lo profesional.
“Si bien ya había trabajado antes, nunca había estado en un elenco principal, ni en un proyecto desde el arranque, siempre me sumaba a partir del capítulo tanto, o era un personaje que entraba en el décimo día de rodaje, cuando ya hay algo consolidado. En la película de Bayona fue la primera vez que tuve la oportunidad de estar en el núcleo de la historia e ir a fondo, ¡y me encantó! Por otro lado, sí, es una profesión que te lleva a cuestionarte todo el tiempo, porque es muy inestable. Así como salen cosas también me ha pasado de estar un año entero sin filmar ni algún proyecto cercano. Ahí pensás 'Che, ¿de qué voy a vivir?'”, planteó.
Acto seguido, se refirió a cómo se ha resignificado la actuación en su vida con el paso de los años. “Hay que pensarla todo el tiempo, y habitarla más que nada. También me pasa en la carrera (Diseño de Imagen y Sonido), que me da una mirada desde otro lado. Siento que me han dado buenos consejos y herramientas. Y está bueno entender el cine desde todas las áreas, por más de que por ahora soy actor y me gusta eso”.
Ante la percepción de un estímulo exterior a uno, como es la aparición de Linda y todo lo que su presencia conlleva, la respuesta propia será en base ¿a lo emocional o a lo racional? Considerando el impacto del corazón y de la mente al tomar decisiones en su profesión, el actor confesó: “Creo que ese es mi conflicto. Me percibo como alguien bastante racional, fui criado de una manera y tengo un entorno familiar en el que nadie es artista, sino de origen más empresarial o de trabajos más constantes. Siento que un poco heredé de eso, y lo tengo bastante consolidado en mi cabeza, pero esta profesión me rompe todo el tiempo, cada tanto me hace enojar y angustiar. A la vez lo agradezco, ya que no me deja quedarme cómodo, todo el tiempo te estás reinventando, y es bastante intuitivo”.
En la misma sintonía, añadió: “Cuando inicié como actor no es que dije 'Voy a arrancar teatro porque dentro de 10 años quiero hacer esta película, o que me pidan una foto', para nada. Empecé porque me copaba, las clases me divertían y, de casualidad, un día una compañera me avisó de un casting. Así, intuitivamente, se fue dando. Por ahora, se mantiene así. Más allá de que obviamente voy trabajando, moviendo y buscando más. Sin embargo, hay algo de esa intuición que siento que lo hace más sano en profesiones como estas, tan poco constantes y tan dependientes. Toda esta explosión con La sociedad de la nieve nos pasa tal vez en el peor momento del cine argentino, no lo podemos aprovechar tanto. Hay algo de las casualidades, causalidades, y de cómo se ven las cosas en estas carreras que percibo que, por más que es muy difícil, está bueno manejarlo desde la intuición”.
UNA HISTORIA DE SUPERVIVENCIA
La sociedad de la nieve es un filme español basado en hechos reales, que ocurrieron en el año 1972. El relato comienza cuando el avión 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, que transportaba a un equipo de rugby en un vuelo chárter hacia Chile, se estrella contra un glaciar en el corazón de los Andes. Solo 29 de los 45 pasajeros sobreviven al impacto (Felipe interpreta a Carlos Páez) y, en uno de los entornos más hostiles del mundo, se ven forzados a recurrir a medidas extremas para mantenerse con vida.
Para el viaje temporal, al actor le fue útil recordar su participación en la serie argentina Cuéntame cómo pasó (2017), basada en la serie española homónima. El período histórico abarcado por dicha ficción fue entre los años 1974 y 1983. Por lo tanto, había algo de la ambientación y del habla -sin determinados modismos actuales- por parte de los personajes que resultaba provechoso para el nuevo proyecto cinematográfico, aparte de sus singularidades.
“El casting fue un proceso eterno, se empezó a crear un imaginario de una búsqueda, y al final nos dijeron los roles. Tuvimos ensayos buenísimos. Fue hermoso estar construyendo durante dos meses un personaje basado en alguien real, teniendo la posibilidad de acceder al mínimo detalle, desde cómo agarra un cigarrillo, cómo se acomoda el pelo, cómo funciona dentro del grupo. Me sentía muy diferente a Carlos, aunque, luego, fui encontrando puntos en común. ¡Estoy en contacto con él todo el tiempo!”, señaló.
Antes de trasladarse a España, el equipo actoral tuvo actividades en Buenos Aires, muchas por Zoom a raíz de la pandemia. Entre las propuestas, Otaño recordó sesiones con una profesional de la voz que cuidaba las formas de expresión y las tonadas. Un ejercicio consistía en escuchar durante cinco minutos una entrevista de la persona verídica a interpretar, y repetir eso. “Hay algo de la voz de Carlitos que es particular. Los sobrevivientes de la Cordillera te dicen que tiene algo en su sonoridad. Él contaba chistes y narraba anécdotas”, rememoró el artista. A su vez, agradeció la confianza y la escucha de Bayona al considerar sus propuestas extras para el papel.
ESPÍRITU COLECTIVO
“Masterclass de cine, de actuación, de vida, ¡de todo!”. Con esta premisa sintetizó Felipe la experiencia transitada en el largometraje disponible en Netflix. El proyecto cinematográfico apareció mientras estaba cursando el segundo año de la carrera universitaria y pensaba en sus próximos pasos profesionales. Asimismo, por la profundidad de la historia, no solo obtuvo aprendizajes en términos técnicos, sino que, también, se sintió interpelado desde lo emocional.
Respecto a lo actoral, a cómo se llega, salvando las distancias, a recrear en la pantalla grande el instinto de supervivencia de los protagonistas reales de la Tragedia de los Andes, respondió: “Quiero que quede claro que nos guiaron en todo el proceso. Hubo un director muy presente y claro en todo lo que quería, al igual que los coaches, que nos potenciaron a otra escala. Hicimos mil cosas para entender que, si buscás racionalmente cómo es estar encerrado en un avión en el medio de la Cordillera, tapado con nieve, con los cuerpos de tus mejores amigos muertos, teniendo nada en la panza desde hace semanas, es imposible. ¡No lo podés imaginar! Así que pasamos hambre, frío, construyendo el imaginario de estos personajes. Había algo de habitar, de estar presente, de escuchar lo que nos decían, de entrar a través de la respiración, para no ingresar tanto desde una búsqueda del pensamiento, sino desde el cuerpo, mirando lo que tenías al lado, respirándole a eso. A partir de ahí surgían las emociones. Nos llevaron de una forma increíble, dándonos mucho espacio”.
UNA EXPERIENCIA TRASCENDENTAL
De película a fenómeno social. Así fue la transformación de La sociedad de la nieve a medida que pasaban los días tras su estreno, en salas de cine y en la plataforma de streaming. Su recorrido internacional incluyó reconocimientos en Festivales como San Sebastián y Premios como los Goya y Óscar, ya sea con nominaciones o consagraciones. Además, las redes sociales de los miembros del elenco estallaron en cantidad de seguidores y de mensajes con elogios.
Acerca de la trascendencia del filme, Felipe agradeció: “Pasó algo inesperado, que mismo Netflix no se lo imaginaba, y es que los chicos, principalmente entre 12 y 18 años, se lo apropiaron, y lo veían cinco veces, algunos diez, o más. Se empezaron a familiarizar de una forma que no suele pasar con las películas. Vieron en nosotros un grupo, medio Teen Angels. Somos amigos que nos bancamos, por ejemplo, cuando uno saca un tema lo compartimos; nos seguimos viendo. Y los chicos nos hacen regalos, dibujos, videos de nosotros. A mí me armaron un cuaderno con fotos mías, o me han escrito cartas increíbles. Hay una generación que se está empapando de una historia que deja un mensaje, y está buenísimo. La sociedad de la nieve tuvo un proceso larguísimo en el que imaginamos un millón de cosas que podían pasar con la película, pero nunca nos imaginamos este público. Así que lo abrazamos y tratamos de transmitirle lo mejor”.