2024-08-23

Reestreno en salas

“Relatos salvajes”: Alan Daicz y Diego Velázquez recuerdan “La propuesta”

Una tragedia cometida por una persona puede repercutir, de manera directa o indirecta, en las vidas de sus seres queridos. Esto se observa en la historia “La propuesta”, perteneciente a Relatos salvajes (2014), el filme escrito y dirigido por Damián Szifrón. En la ficción, Santiago (Alan Daicz), tras atropellar a una mujer embarazada, involucra a sus padres en una oscura negociación con el abogado de la familia, el casero de la residencia y el fiscal de la causa (Diego Velázquez). A diez años del debut de la película en la pantalla grande, y en el marco de su reestreno en salas, Daicz y Velázquez recuerdan en EscribiendoCine sus experiencias en el rodaje y reflexionan sobre la conversión del largometraje en un fenómeno cinematográfico y social.  

El caos se desencadena cuando el joven Santiago, desesperado, arriba a la lujosa residencia familiar y despierta a sus padres, Mauricio (Oscar Martínez) y Helena (María Onetto) para notificarles lo sucedido: cometió un accidente vial trágico y huyó, por lo que en breve sería buscado por la policía. En este contexto, se hacen presentes en escena: el abogado de confianza de la familia (Osmar Núñez), que intentará evitar que el muchacho vaya a la cárcel; el empleado de la casa (Germán de Silva), a quien se tratará de convencer para que se declare autor del hecho a cambio de una importante recompensa económica, y el fiscal del caso, que buscará descubrir la verdad detrás del delito.

Cabe destacar que Relatos Salvajes es la película argentina más taquillera en la historia del cine nacional, ya que fue vista en salas por 3.940.000 espectadores. Asimismo, fue ovacionada en el Festival de Cannes y estuvo nominada al Premio Oscar. Obtuvo importantes reconocimientos nacionales, como 8 Premios Platino y 10 Premios Sur, y decenas de internacionales, como el Premio Bafta y el Premio Goya.

Si viajamos hacia sus primeros contactos con el film, ¿cómo fueron sus llegadas?

Alan Daicz: ¡Lo recuerdo perfecto! Era verano del 2013, yo estaba en Mar del Plata con mi novia. Nos habíamos despertado y había un diario en el departamento que alquilábamos, no sabía si era del dueño o de dónde había salido, porque no lo habíamos comprado nosotros. Rápidamente fui a la sección de espectáculos y aparecía que Szifrón iba a hacer una nueva película, producida por Almodóvar si no me equivoco, con una cifra de dinero muy grande en la producción. Yo dije '¡Wow, qué ganas de estar en este proyecto!'. Era, soy y seguiré siendo fanático de Damián, vi muchas veces todos los capítulos de Los simuladores y, para mí, la mejor película del mundo es Tiempo de valientes, me sé todos los diálogos.

Entonces, pensé en llamar a mi representante y pedirle que me consiguiera un casting para ese proyecto. En ese momento, yo tenía 19 años, no me animé, y pasó. Sin embargo, ese mismo día, estaba en la playa y me sonó el teléfono, vi un número desconocido e imaginé algo lindo, algo de laburo, tenía el pálpito. Era una persona, que trabajaba con mi representante en esa oportunidad, y me informaba que iba a estar en “La propuesta”, dentro de Relatos salvajes. A lo que respondo, '¡Uy, buenísimo, me interesa! Justo hoy pensaba cuándo tengo que volver para hacer el casting'. Me comentó que era sin audición porque Javier Braier, un tipo divino, gran persona y muy groso, manejaba el casting, y con él nos habíamos conocido uno o dos años antes por otro proyecto que no había salido. Se ve que me propuso con la suficiente fuerza como para que yo entrara directo sin hacer audición. ¡No lo podía creer!

Después, efectivamente todo fue muy prolijo y profesional. Las pruebas de cámara eran en un estudio y se medían los planos, las camisas, etcétera, eso me impactó. Más adelante, fueron las reuniones con Damián, no podía creer tenerlo al lado, para mí era como tenerlo a Messi, más o menos. Si bien no lo conozco a Leo, por todas las referencias a las que uno puede acceder hoy en día, son perfiles similares, en términos de que son inmensos, muy admirados y, a su vez, muy humildes, cercanos. Actualmente, mantengo una relación con Szifrón, no de hablar todo el tiempo, pero sí charlamos y es un referente para mí, artística, profesional y humanamente.

Diego Velázquez: Yo hice un casting muy concreto por medio de Javi Braier. Después, tuvimos lectura, prueba de vestuario, ¡y a filmar! Cada corto se rodaba en una semana, aproximadamente, y como yo entro en la mitad de la historia no estuve los primeros días.

¿Cómo vivieron el rodaje? ¿Recuerdan alguna anécdota?

A.D: Nosotros grabamos en San Isidro, en una mansión. Más allá de la magnitud del proyecto me parece importante destacar, una vez más, la importancia de Szifrón. Aunque estaba manejando un proyecto multimillonario, con actores de una jerarquía enorme, una locación carísima y todas esas cosas, él estaba tan tranquilo y tan confiado, con una escucha activa que, siendo sincero, nunca me sentí nervioso, ni sentí la presión de decir 'Uy, tengo que cumplir'.  Yo estaba muy entusiasmado y ansioso por grabar, pero, una vez que llegué al set, tras haber ensayado, haber tenido reuniones, y haber conocido al maravilloso equipo, fue todo muy cómodo. Contribuíamos a que esa armonía se mantuviera.

Respecto a los actores con los que compartí el relato, me sentía como una esponja y absorbía y aprendía de todos. A Diego ya lo conocía bastante, ya que antes habíamos grabado la peli Lumpen De Luis Ziembrowski, y eso también me daba seguridad. Yo no compito con mis compañeros, entonces, no siento que 'tengo que ser mejor que' o 'estar a la altura de', al contrario, es un poco 'más fácil' si actúas con gente tan experimentada, ¡fue un placer!

D.V: Al momento de hacerlo no tenía conciencia de que iba a ser lo que lo que terminó siendo. Cuando leí el guion vi que era muy preciso y, luego, en el rodaje me di cuenta que había que hacer eso, o sea, no había nada que buscar más que eso que se planteaba en el libro. Damián ya lo tenía en la cabeza, la directiva que me dio fue 'hacé lo que hiciste en el casting'. Por otro lado, recuerdo una última jornada muy larga, donde hicimos la escena en la que yo tenía más texto, cuando se ponen de acuerdo en el estudio con el personaje de Oscar. Y había que terminarlo sí o sí porque después había actores con otros compromisos, por lo tanto, fue un poco corriendo, pero sin perder ningún detalle, hicimos tomas y retomas, un montón. Y el elenco estaba buenísimo, un lujo, con el único que ya había trabajado era con Alan. Particularmente, “La propuesta” me gustaba mucho por ciertas oscuridades y ambigüedades, me parece que es el relato que más rebalsa de eso, el más incómodo, y podría ser verdad.

¿A qué atribuyen la trascendencia espacial y temporal del largometraje?

A.D: ¡A Damián Szifrón! Es el creador de una joya del cine, de un guion brillante, ejecutado de una manera meticulosa. Y como capitán creó un equipo con unos condimentos maravillosos. Son historias que pasan, o que uno se imagina. A mí la película me encanta. No fue que dije 'qué loco cómo se volvió la película más vista de la historia de Argentina' o 'cómo recorre todo el mundo', en el sentido de que no es que me infla el ego, sí en términos personales me enorgullece haber sido parte, por supuesto, ¡está buenísimo!

La gente me ha dicho: 'Vos sos el que atropelló a la mujer embarazada', 'vos sos el hijo de Oscar Martínez', o 'vos sos el de Relatos salvajes'. Tampoco sentí una ola de reconocimiento de no poder salir a la calle, ni me volví súper famoso con la película. Artística y personalmente, lo que más me dio el proyecto, fue haber compartido el tiempo con Damián, principalmente, y un vínculo.

D.V: Creo que Damián leyó algo muy claro, que ahora está más estallado que nunca, y tiene que ver con esa violencia contenida y esas ganas de explotar, que va derivando en distintas formas. Me parece que hay algo catártico que ahí funcionaba. Después, es una película de una gran productora, o sea, salió con un lanzamiento con grandes actores que la gente reconoce. Era una gran combinación y algo nuevo en cuanto a la estructura del relato para el gran público, no nuevo para el cine. Y en el exterior también funcionó muy bien, y ahí ya no son tan conocidos los actores que acá son conocidos, entonces, quizás hay algo de catarsis, de ir a reírse y a disfrutar de cómo otros estallan de la manera en la que uno no puede hacerlo.

Encima, pegado a Relatos salvajes, hice a otro fiscal en casi la única tira diaria de la que participé en la tele, que fue Farsantes, así que era 'el abogado' o 'el fiscal'. Igual no es que me reconocía todo el mundo, era un personaje secundario dentro de una película que es una sucesión de cortos, pero sí se vio mucho. Y me ha pasado que alguien, alguna vez, me preguntara '¿Quién va a cobrar el millón de dólares?'. Y tardo en caer, ¡es por “La propuesta”!

No es solo cine, es cine argentino. Como actores -y espectadores- de la industria audiovisual, en la actualidad, ¿qué valor le otorgan a la cinematografía nacional?

A.D: Considero muy interesante lo que dijo Axel Kuschevatzky respecto del cine en términos de cultura y de industria, y del apoyo del Estado. Entiendo que es muy particular la situación del país, tenemos mucha deuda, por cuestiones burocráticas, económicas y políticas, que no soy experto. Pero lo que sí puedo decir es que la cultura tiene que tener un dinero, un fondo, un sustento, porque no es una máquina de hacer carne y generar plata industrialmente, es arte, y el arte aporta desde otros lugares que no son directamente económicos, sí indirectamente. Quizás sí se puede ser más selectivo si hay que achicar un poco el canal de flujo de dinero para invertir, obviamente no hay un fondo ilimitado de guita para producir, pero no cortar el canal por completo.

Después, se debería respetar un poco más, desde los dirigentes políticos, a la cultura, ya que esta aporta, y ha aportado, muchísimo. Y llevarlo a una cuestión tan mercenaria de 'no da guita', de subestimar porque no da plata, es algo muy parecido a la postura que tuvieron en su momento con el CONICET. Ya la cultura y el CONICET sufren golpes económicos y laborales, encima le agregás un golpe social. Me da la sensación de que la presidencia de este momento intenta poner a la sociedad en contra de la cultura, o del CONICET, como si hubiésemos hecho algo malo, como si la gente pagara por películas que no son buenas. Es súper errático.

D.V: Es un momento muy complicado y muy doloroso también. En lo personal, lo vivo así. Hay algo que lograron instalar que tiene que ver con que 'todos los artistas somos unos vagos subsidiados'. Lo que me duele particularmente de este momento, más allá del golpe terrible que está dando el Gobierno formalmente, es el acompañamiento ciudadano.

Todo es cine argentino, aunque hay películas que van a encontrar la manera de subsistir, porque se trata de un negocio, y si el negocio rinde, va a seguir estando, es así. Hay productoras que van a encontrar las maneras de seguir haciendo sus films, asociándose a plataformas o produciendo ellas mismas. Pero hay otras películas que son las que están en riesgo. Ese cine está muerto, no se está filmando nada. Y se había avanzado un montón. Yo tuve la posibilidad de filmar en muchos lugares del país donde no se había hecho nunca. Hay que entender que la voz del cine no es la voz porteña, sino que es la de todo el país. Eso se estaba haciendo, pero con la excusa de uno o dos errores que haya cometido alguien están destruyendo una industria, dejando a un montón de gente sin trabajo, y eso lo está apoyando gran parte de la sociedad.

Considero que no todas las películas tienen que rendir económicamente, no todo tiene que ser masivo. Además, hay un montón de proyectos que no lo son, y eso no quiere decir que no los vea nadie. No a todos nos tiene que interesar lo mismo. Sin embargo, con este concepto de que lo que no produce ganancias no merece existir, con esa excusa, se están derribando un montón de cosas necesarias.

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