2024-05-21

77 Festival de Cannes - Competencia Oficial

Crítica de "Oh, Canada": Paul Schrader y el testamento final de un héroe reimaginado

Leonard Fife (Richard Gere), un célebre cineasta documentalista al borde de la muerte, decide ofrecer a su queridísima esposa (Uma Thurman) un tipo de testamento filmado sobre lo que fue su vida. Para ello, acepta responder a las preguntas de un documentalista que llega con todo su equipo de rodaje y sonido a la casa del cineasta. Este grupo intenta no ser muy intrusivo en el cerrado universo del enfermo, que cuenta con una enfermera privada, asistente y una esposa angustiada. Sin embargo, son intrusivos al buscar detalles sórdidos de la lucha del enfermo con su enfermedad.

El asunto de la película es que Leonard Fife decide, realidad o fantasía, reinterpretar lo que fue su vida o lo que él piensa que fueron mentiras, para aclarar la mirada de todos sus seres queridos y del mundo del cine. Seguimos su vida desde su juventud (Jacob Elordi), ya casado con dos hijos y a punto de acabar la universidad, cuando tiene la posibilidad de ser dueño y director general de una empresa de la familia de su esposa. Pero de repente decide no ir a la guerra en Vietnam: ¿por razones políticas o por temor a la guerra? Y huye a Canadá, donde se convierte en un ejemplo para los jóvenes a fines de los sesenta.

Paul Schrader nos lleva entre dos retratos, en modo paralelo: el de Jacob Elordi (Fife joven) y el de Richard Gere (Fife anciano y a punto de morir). Historias de amor, decisiones imposibles de tomar (entre dos mujeres amadas, entre dos vidas, entre varias formas de afirmar su identidad, entre valentía y miedo). Paul Schrader maneja la vida de Leonard Fife como lo haría con un guion, con certitud y angustias. ¿Cómo mostrar la enfermedad de un anciano, qué mostrar o no? ¿Cómo expresar la decrepitud del cuerpo?

La constante ida y venida entre los universos de la juventud y la vejez da una intensidad dramática al guion y muchas veces suena como música nostálgica (de tipo folk o piezas de guitarra como se tocaban en los sesenta). Cuando un hombre no tiene futuro, solo le quedan huellas del pasado para vivir o visitar.

Al mismo tiempo, esta ida y venida en la vida de un hombre nos habla de la necesidad de separar lo que es la personalidad del creador de lo que sobresale en su obra. Cuando la realidad expresa claramente que el director está mintiendo, se nos hace claro que entramos en el mundo de la ficción.

Esperamos que, a pesar de sus enfermedades (bien reales), el autor de guiones como Yakuza de Sydney Pollack (1975), Taxi Driver de Martin Scorsese (1976) y Obsession de Brian De Palma (1976), siga filmando.

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